Una alerta temprana: El fantasma de El Niño

Amylkar Acosta Medina.
23 minutos atrás

Amylkar D. Acosta M[1]

Una vez más se asoma amenazante el fenómeno de El Niño, con su consabida temporada de sequía. Este es uno de los dos fenómenos extremos que caracteriza la variabilidad climática, el otro es el de La Niña, la cual se asocia con altas precipitaciones y una ola invernal. Dichos fenómenos extremos no guardan ninguna periodicidad, sus ciclos son imprevisibles, pero sí son recurrentes, cada vez son más frecuentes que enantes, al tiempo que su intensidad y duración son cada vez mayores.

En primer lugar, como pocas veces, en esta ocasión la National oceanic and atmospheric administration (NOAA) de EEUU y el Centro europeo de previsión meteorológicas a plazo medio (ECMWF) de la UE coinciden en su pronóstico de una probabilidad de que se presente el fenómeno de El Niño de un 80% en el segundo semestre de este año. Ello, de acuerdo con sus modelos climáticos, los cuales les permite hacer estas predicciones con cierta antelación a su consolidación. 

Preocupa sobre manera lo que advierte el profesor de Ciencias atmosféricas de la universidad estatal de Nueva York en Albany, citado por The Washington Post, que en esta oportunidad se trataría de un Super Niño, “el evento de El Niño más fuerte en 140 años”. Lo más grave para Colombia es que, de cumplirse este pronóstico, el país no está preparado para enfrentarlo, particularmente el sector energético atraviesa por su peor crisis. Por fortuna en esta oportunidad el actual ministro Edwin Palma, a diferencia del negacionismo de su antecesor Andrés Camacho, quien estuvo a punto de llevar al país a un apagón por su imprevisión en el pasado Niño en abril de 2024, ha asumido una actitud proactiva. Ha dicho con toda claridad que “toca anticipar y prepararnos…tenemos la responsabilidad de garantizar la energía y el gas para los hogares colombianos y la industria. Eso está muy bien!

Sin margen de maniobra

Veamos: actualmente el Sistema interconectado nacional (SIN) tiene un déficit del 2% en 2026 y se proyecta 3.5% para 2027 de oferta de energía en firme (OEF), debido al atraso en la ejecución y entrada de proyectos claves tanto de generación (se necesitan hasta 2.500 MW adicionales) como de transmisión, para evitar el entrampamiento de la generación. 

Además, la demanda de energía viene creciendo a un ritmo de 2.62%, de tal suerte que el SIN no cuenta con margen de maniobra. Con un agravante, con fenómeno de El Niño, en condiciones de hidrología crítica y ante el bajo nivel de los embalses, toca apelar al parque térmico de generación que le sirve de respaldo a las hídricas y para poder operar se requeriría importar más gas al país en momentos en los que la capacidad de importación (a falta de una mayor capacidad regasificadora) es limitada. Su provisión, así como los precios del gas licuado, a nivel internacional se está complicando por el conflicto en el Medio Oriente. 

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Huelga decir que la espiral alcista de los precios del petróleo y sus derivados, del gas natural y del carbón, que se han visto impactado por el conflicto, se traducirá en mayores costos de generación, más altos precios y mayores tarifas de la energía. Sobre todo en una coyuntura en la que Colombia ha visto menguada su seguridad y su soberanía energética desde diciembre de 2024, al quedar a merced de la importación de gas natural, a lo que se suma el cuello de botella que representa la limitada capacidad regasificadora frente a los crecientes volúmenes que se requieren importar.

La vulnerabilidad del SIN

Al déficit de OEF y a las dificultades que se afronta para el abastecimiento de combustibles a las térmicas, se viene a sumar la crisis financiera que afrontan las empresas comercializadoras de energía, por el impago por parte del Gobierno Nacional de la deuda por los subsidios al consumo de energía que ya supera los $3.6 billones, que amenaza con extenderse a las empresas comercializadoras, a las que la intervenida Air e les debe más de $2 billones. 

Así como se hablaba en pandemia de que la probabilidad de una mayor morbi-mortalidad de quienes se contagiaban con el COVID 19 eran aquellos pacientes con pre-existencias, dada su gran vulnerabilidad. De manera análoga, el riesgo de un racionamiento si se presenta el fenómeno de El Niño, máxime si se da con esa intensidad, es muy alto, dada la gran vulnerabilidad a la que está expuesto el SIN. Este ha resistido y superado con éxito más de cuatro episodios de este fenómeno, convirtiendo a Colombia en el único país de Latinoamérica en el que no se ha registrado racionamiento de la prestación del servicio de energía a causa del mismo, pero hoy la situación es diferente, debido a las enormes falencias que acusa el Sistema.

Tanto más dada la baja resiliencia del SIN, habida cuenta que la generación hídrica, que es la que se verá más impactada por El Niño, participa en más del 60% de la capacidad instalada y de contera de los 23 embalses con los que cuenta el país, que sirven a las hidroeléctricas, solo uno de ellos, el del Peñol en Antioquia, que sirve a la hidroeléctrica de Guatapé, tiene una capacidad de regulación mayor a un año, las demás no superan los 4 meses. De manera que una seguía prolongada nos apaga. Así de sencillo. 

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La tiranía del 24/7

Tal situación no era inevitable, no se ha llegado a ella por generación espontánea, obedece a la imprevisión, a la improvisación y al chamboneo en este y en anteriores gobiernos, que han impedido que la expansión de la capacidad instalada de generación y de transmisión de energía se dé al mismo ritmo de crecimiento de la demanda. Sobre todo en tratándose del estancamiento de los proyectos de energía eólica atascados  en La Guajira, que compromete 2.400 MW, los cuales vendrían a robustecer y a diversificar aún más nuestra matriz eléctrica, garantizando una mayor firmeza y confiabilidad del sistema y de contera la tornaría más resiliente frente al fenómeno de El Niño, toda vez que tanto la energía eólica como la solar tienen la propiedad de ser contra cíclicas. Ello, dado que cuanto más intensa es la sequía son más fuertes los vientos, se cuenta con más horas de sol y mayor radiación solar.

De allí la importancia de la complementariedad entre las fuentes no convencionales de energías renovables (FNCER) y la convencionales, sirviéndose de respaldo mutuo entre unas y otras. Pero, nada nos ganamos con expandir y tener una mayor capacidad instalada sino se amplía y fortalece la rezagada red de transmisión de energía, porque de otro modo la mayor capacidad de generación quedaría atrapada y sin salida, como ya está aconteciendo especialmente en la región Caribe y en el Centro del país.

Es urgente superar estos impasses, tanto más en cuanto que, como se prevé, la demanda por energía, va a seguir creciendo exponencialmente por cuenta de la inteligencia artificial y sus centros de datos, que demandan tanta energía, que ya proliferan por todo el mundo y si Colombia no se pone a tono con esta nueva realidad que ya está tocando a sus puertas se quedaría por fuera de su circuito. Estamos en presencia de lo que los expertos denominan la “tiranía del 24/7”, debido a que los algoritmos de la inteligencia artificial no descansan, no tienen horario ni calendario, requiriendo el suministro de energía eléctrica de manera continua, sin interrupciones, firme y lo que es más importante masiva, ya que, según Goldman Sach el consumo de energía hacia el 2030, que ya está a la vuelta de la esquina crecerá el 175% (¡!).

[1] Mimbro de Número de la ACCE

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