Eran ya las 5:30 p.m. en la “Puerta de Oro de la Amazonía Colombiana”, cuando la familiar de Alba María y sus dos hijas, María Ángel y María José, no aguantó más. Ante la nula respuesta a sus insistentes llamados a la puerta, decidió alertar a las autoridades.
Este 28 de diciembre, al ver la escena y escuchar el relato oficial tras abrir las puertas de aquel hogar, los familiares de las “tres Marías” habrían deseado, con todas sus fuerzas, que se tratara de una inocentada de mal gusto.
Las autoridades hallaron a la madre, de tan solo 30 años, y a sus hijas de 8 y 12 años, sin signos vitales. Pero, ¿qué ocurrió? ¿Qué pasó con estas tres vidas llenas de juventud? La respuesta es la más dolorosa de todas: aparentemente, Alba María tomó la decisión de apagar la vida de sus hijas y la suya propia, a pesar de los muchos años que aún tenían por delante.
Antes de que nuestros pensamientos justicieros se activen y comencemos a lapidar a esta madre por tan cruenta decisión, intentemos detenernos. Démonos un tiempo para meditar, desde nuestra propia condición humana, sobre aquello que lleva a las personas a cometer actos que para muchos resultan inexplicables.
Le pregunto: ¿Cuáles son los límites que le llevarían a usted a tener conductas que jamás pensó realizar? ¿Cuáles fueron los límites mentales que sobrepasaron a esta madre? ¿Cuáles son los suyos?
A lo largo de mi carrera, he conocido casos y situaciones que llevaron a personas a hacer todo aquello que, como sociedad, juzgamos y castigamos: desde la traición familiar más profunda hasta actos de violencia inimaginables. ¿Qué barreras debemos cruzar para que brote lo peor de nuestra naturaleza humana contra los demás y contra nosotros mismos?
Creo que esa pregunta es la moraleja más importante que nos deja este caso catastrófico y triste. Más allá de alistar las piedras para lanzarlas sobre alguien que ya no tiene aliento para defenderse, debemos abandonar la falsa moralidad de creer que no compartimos la misma naturaleza humana que llevó a esta mujer a tal decisión.
Es posible que usted nunca atente contra la vida de sus hijos, pero ¿qué otras cosas sí podría llegar a hacer que terminen destruyendo o “matando en vida” a las personas que ama?
Si somos humildes, nos haremos esta pregunta seriamente. La humildad nace del reconocimiento de nuestra propia naturaleza; negar que dentro de nosotros existe el potencial para causar daño —incluso a quienes más queremos— es un orgullo engañoso con el que nos mentimos a nosotros mismos.
Esta triste noticia nos enseña que, desde esa humildad, este 2026 debemos tomar una decisión: cuidar nuestra salud mental. TODOS. Aquel que diga que no necesita formarse o buscar ayuda es alguien que no reconoce que su naturaleza tiene límites. Y si esos límites no se atienden a tiempo, terminan causando daño.
Sé que tiene una lista de propósitos para este nuevo año. Si en ella ya se encuentra su salud mental, lo felicito por priorizarse; si no, aún está a tiempo. Si ya conoce a un profesional, envíele un mensaje para comenzar; si no, en mi página de Instagram @es_psicotero estaré presto para acompañarle en este 2026, para que cuidemos juntos nuestros límites y entrenemos nuestra salud mental.
¡Feliz año nuevo!
Si después de leer esta columna te sientes identificada con la historia de Alba María, porque consideras que la salida está en la muerte, te invito a que busques ayuda. Todavía hay tiempo para ti y para tu familia; este año puede ser mejor. No te quedes a solas con ese peso: busca a un profesional que te acompañe. A continuación, te comparto algunos números de contacto donde puedes llamar y ser escuchado:
Sistema de emergencias de Montería 314 595 9623 – 314 595 49 62
Línea del CRUE – Córdoba 3215763189 – 3182826134





