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Mielofibrosis: cuando las células sanguíneas dejan de ser las suficientes

Entre 0.4 y 1.5 personas por cada 100.000 al año son afectadas por esta enfermedad, y al ser poco común, su diagnóstico es un reto para los especialistas.


Quizás muchas personas nunca han escuchado hablar de la Mielofibrosis, una forma poco común de cáncer en la sangre, caracterizada por la sustitución progresiva de la médula ósea por tejido conjuntivo colagénico (fibrosis), agrandamiento del bazo (esplenomegalia) y una disminución en la producción de células sanguíneas que afectan las funciones corporales normales.

Esta hace parte del grupo de Enfermedades Raras, pues su incidencia se estima entre 0,4 y 1,5 personas por cada 100.000 en todo el mundo, situación directamente relacionada con un diagnóstico que no es sencillo y que hace que la enfermedad, por lo general, sea detectada en etapas avanzadas. Puede presentarse en personas de cualquier edad, pero es más común en adultos mayores, especialmente entre los 60 y 70 años.

“La mielofibrosis suele confundirse con otras patologías debido al carácter inespecífico de sus síntomas, lo que hace suponer que la combinación de uno o más de estos, es un motivo para empezar a sospechar de su presencia. A pesar de tratarse de una enfermedad compleja, hoy existen opciones terapéuticas que mitigan algunos de sus síntomas, reducen el riesgo de complicaciones y les permiten a los pacientes tener una buena calidad de vida” aseguró la Dra. Diana Otero de la Hoz, Diana Otero de la Hoz, Medica Internista de la Universidad Libre, con especialidad en Hematología de la FUCS.

Algunas de los síntomas asociados a la mielofibrosis son dolor de cabeza, sensación de llenura antes de terminar de comer, como consecuencia de la inflamación del bazo, también se suele experimentar dolor en los huesos, sangrado fácil o hematomas espontáneos, fatiga, defensas bajas y gripes o alergias frecuentes, piel pálida, Fiebre, transpiración nocturna excesiva.

A través de un examen físico, el historial médico, un cuadro hemático completo, una biopsia de la médula ósea y una prueba molecular, el hematólogo puede determinar con certeza si un paciente presenta la enfermedad o no. Posteriormente, le indicará cual es el manejo adecuado que se debe hacer de esta patología con el fin de reducir al máximo las complicaciones y los riesgos asociados a los síntomas de la enfermedad.



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