Gustavo Petro, presidente de Colombia, reprochó este lunes que ninguna autoridad civil italiana se presentara cuando aterrizó en la terminal aérea Leonardo da Vinci. El jefe de Estado interpretó ese vacío protocolario como un gesto hostil derivado de desencuentros ideológicos.
Mediante una larga publicación en su perfil de X, el dignatario precisó que únicamente lo aguardaban los jefes castrenses de las fuerzas aéreas de ambas naciones. Respecto a la falta de delegados gubernamentales, consignó: “Ningún funcionario del Gobierno italiano llegó a recibirme”.
El gobernante señaló que la administración de ese país “se plegó a la extrema derecha”, si bien remarcó que tal panorama no tuerce sus convicciones. “Pero yo soy Garibaldino y no me importa el poder”, escribió en el mismo texto.
Petro además se quejó de quedar marginado de una visita guiada al monte Palatino. Atribuyó ese veto a sus señalamientos ante la comunidad internacional por la ofensiva en Medio Oriente: “Me excluyen del Palatino porque fui el primer presidente del planeta en denunciar el genocidio en Gaza y me imponen su castigo, que creen eterno”.
Para defender su mirada sobre los derechos fundamentales, el colombiano apeló a su pasado. “Yo estuve preso y torturado”, rememoró, y aludió a la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, como un himno a la libertad, lejos de cualquier respaldo a bombardeos contra los habitantes de Gaza.
Ya en suelo capitalino, el presidente ratificó un diálogo con el papa León XIV. “Veré al Papá para dialogar del peligro de ocultar la verdad”, adelantó, y planteó que los estandartes del Vaticano encarnan ahora “las banderas de la humanidad”.
El líder colombiano remató su escrito lamentando no hallar emblemas garibaldinos en su trayecto, aunque insistió en que su foco será el encuentro con el sumo pontífice para tratar la paz, la verdad y las tensiones globales.





