Ya basta del discurso… ¡Es el momento de actuar!

Por: Ricardo Madera Simanca


Opinión. «El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo». Proverbio chino. Este promete no ser un artículo científico, será más simple. Cada día se extraen indiscriminadamente recursos naturales, a tal punto que muchos ya son solo historia o están a un paso de serlo; en el proceso y luego de el… toneladas y toneladas de desechos van a parar sólo Dios sabe a dónde, y es que ya mucho se ha dicho y comprobado al respecto, la basura, nuestros desechos: ¡no desaparecen! Todo esto se da en un mismo y único escenario: El Planeta Tierra.

Hay quienes suelen pensar que estas cosas ocurren a miles de kilómetros de aquí, por tanto, no les afectará en el lugar espacio-temporal en el que se encuentran. Pero, ¿acaso un simple aleteo aquí, no podría desatar un Tsunami o podría, incluso, cambiar el mundo? es decir, somos un puñado de sistemas interconectados o relacionados habitando un mismo ecosistema, este fantástico apartamento azul. Un ejemplo tal vez un poco más claro, un vertimiento inadecuado río arriba causará estragos no sólo en el río y su cauce más abajo, sino a quienes se abastecen de él y a partir de ahí incalculables ramificaciones de sucesos negativos, todo…desde un vertimiento en un único punto.

Tenemos en el calendario innumerables fechas que conmemoran y recuerdan la importancia de nuestros recursos, día de la tierra, del agua, del medio ambiente, en fin… Así mismo, los planes de estudio en escuelas y universidades y ni hablar del número de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, que son “Autoridades Ambientales” que trabajan duro por defender de una u otra manera este agonizante planeta. En la actualidad con todo esto del siglo XXI, de la revolución digital y demás, se puede asegurar que es el punto de la historia de la humanidad en el que más conocimiento y difusión se ha hecho frente al severo daño ambiental que se vive, una consigna clara:

¡Este planeta no es nuestro y si lo es! pero… ¿Cómo así?

– No es nuestro, para tratarlo como queramos, sin pensar en el costo de nuestros actos, no es nuestro, para reclamar la utopía de una reposición.

– Si lo es, para magnificarnos ante su belleza parar hacer a un lado lo que no es importante, banalidades e incluso algunas comodidades en nuestra cotidianidad por preservarlo y asumir nuestra responsabilidad de permitir a las próximas generaciones un mínimo del disfrute que nosotros ya hemos tenido. Si lo es, para heredar un planeta no una catástrofe.

¿Sabes que es irónico? Que entre más desarrollo más contaminación, entre más dinero parece importar menos el costo ambiental. Entonces… ¿Qué hacemos? ¿Es acaso esta una visión fatalista frente algo en lo que no queda nada que hacer? No lo sé, moralmente no soy quién para empezar un lanzamiento de piedras. Lo que no es menos cierto es que aquí todo depende de las relaciones, las relaciones del ser humano con sus semejantes y con el entorno, vaya… ¡tremendos depredadores que resultamos ¡parece que la mayor parte del tiempo ni con nosotros mismos ni con el entorno nos la llevamos bien.

Algunos teóricos hablan de desarrollo sostenible, incluso incorporan la educación para este fin; lo que nos lleva a pensar que la fuerza, el ímpetu y el dinamismo de los jóvenes tiene un enorme potencial para contribuir al cambio que se necesita; debemos involucrarlos y juntos generar cambios… ¡sí, cambios! y es que ya diagnósticos, teorías, políticas y discursos tenemos por sobra, hoy el planeta, nuestro planeta, reclama conductas reales de cambio, todos queremos un mejor futuro y somos conscientes del problema, hoy y ahora ¡Es el momento de actuar!



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