#WeLoveMontería

Por: Boris Zapata Romero


Opinión. Cada infancia es un embrollo; y en ese sentido, todos tienen en ella tanto de lo bueno, como de lo malo para contar, pero debo decir que, en mi caso, lo que fueron mis primeros años, fueron muy gratos.

Montería siempre ha sido especial para mí. Por temas laborales mi padre nos llevó a vivir en otras ciudades, tanto del interior como del caribe, lo que me permitió comparar desde muy temprano los modos de vida de cada una de ellas, y aunque reconocía en cada una sus propios sortilegios, siempre Montería se llevaba mis preferencias.

Tal vez el palo de mango del que no me bajaba; tal vez el canal que pasaba frente a mis abuelos – padres, debo decir- en el que podía pasar horas cogiendo ¨guzarapos”, renacuajos para el que no entienda, para jugar; tal vez la paredilla que se dejaba saltar en las tardes para ir a saquear los mangos de la finca de Nicanor Madrid; tal vez la cometa que se regodeaba al viento en las playas que deja por épocas el Sinú; o tal vez la cantidad de delicias culinarias, que entre fogones y pailas, son aquí el disfrute de propios y extraños. Por todas esas y más cosas, Montería siempre ha tenido para mi encanto y gracia.

Por su puesto no puedo dejar de anotar que las condiciones de bienestar para la gran mayoría son preocupantes. Es una ciudad que, por fuera de sus naturales encantos, tiene una deuda social enorme que ir saldando, pero también hay que reconocer que hemos podido ir consolidando una visión de hacia donde apuntar, para crecer en inclusión y sostenibilidad.

Creo que esa es la tarea en la que estamos empleados todos los que siendo monterianos pensamos la ciudad; desde el espacio que ocupemos, en la academia, la empresa privada, el liderazgo político o la dirigencia social y ciudadana, el empeño es que su crecimiento sea concomitante a la inclusión social, cuya mejor definición es la del profesor de la Universidad de Piura, José Ricardo Stok, que anota que esta “significa integrar a la vida comunitaria a todos los miembros de la sociedad, independientemente de su origen, condición social o actividad. En definitiva, acercarlo a una vida más digna, donde pueda tener los servicios básicos para un desarrollo personal y familiar adecuado y sostenible”.

Digo que es la mejor definición, pues la separa del asistencialismo, que es otra cosa. O mejor, es esa que costando esta vida y la otra, vemos por décadas que no funciona, y que seguimos intentando hacer que funcione.

La otra meta, es que el crecimiento de Montería sea a la vez parejo en materia de sostenibilidad. Y en eso, vamos bien, y me alegra mucho ver que la administración actual esta con esa claridad, enrutada.

Sin embargo, como lo bueno es enemigo de lo perfecto, no sobra traer la casi reverencial anotación que aportó alguna vez la revista económica Forbes, con el consultor Rick Miller:“that is repeatable, ethical and responsible to, and for, current and future communities”.

Crecimiento sostenible es aquel que “sea repetible, ético y responsable ante y para las comunidades actuales y futuras”. Esa es la tarea.



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