Una mirada distinta al mar, playa y arena

Por: Boris F Zapata Romero


Hay una relación mental directa que hacemos entre tener playas, mar y sol, con el turismo. En otras latitudes, y para los habitantes ancestrales de estas zonas en Colombia, la relación mental que se hace es con la pesca.

En un informe de antecedentes preparado por la OCDE en su revisión de la entrada de Colombia a ese organismo, que data del 2016, se puede encontrar este párrafo que es tan cierto como triste, refiriéndose al tema en nuestro país: “La producción pesquera y acuícola son a menudo actividades de último recurso o amortiguación para las poblaciones marginadas por la pobreza, el desempleo, la lejanía o el conflicto”.

Es cierto, no hemos podido responder a los talentos que se nos fueron entregados, recordando esa bella parábola del catolicismo, y seguimos con las posibilidades escondidas bajo tierra, esperando milagros, con tal indiferencia que raya en lo inhumano, a pesar de tener en las zonas pesqueras, negras y rurales para más señas, una pobreza que se ahonda de generación en generación.

Con escasamente 0,2% del PIB nacional, el sector de la pesca en Colombia se desarrolla en condicional marginales, artesanales y de sobrexplotación de algunas especies.

Los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico son que la pesca marina representa cerca de 90% del volumen total de capturas, algo que ronda por las 70 u 80 mil toneladas, la mayoría en el pacífico, pues aproximadamente solo el 5% se produce en el caribe.

En esto hay cifras interesantes para conocer, como que el atún se valoró en 120 millones de dólares en lo pescado en el 2012, o que la comercialización de peces ornamentales para interiores en el 2013 se calculó en 12,5 millones de dólares. En otras palabras, si hay mercado, más cuando es un sector con balanza negativa para el país, pues el valor de lo importado es de 187 a 222 millones de dólares, con fecha a 2018.

Se debe celebrar que dentro del establecimiento de la Política Agropecuaria y de Desarrollo Rural 2018 – 2022, “Un campo para la equidad”, se haya establecido con seriedad en un documento los lineamientos para este sector, de cuyas líneas resalto una para este artículo, debido a que la considero debe ser la guía de las acciones que deben emprenderse, fuera de diagnósticos y sin desconocer la dificultad que siempre hay para que le llegue al pobre la solución, y es aquel que dice que es necesario “Crear un entorno económico, financiero y de infraestructura que facilite el acceso a factores productivos para el fomento de la actividad pesquera y de la acuicultura”.

En ese espectro del sector agro, el departamento de Córdoba, con 124 Km de costa y una pobreza multidimensional por arriba del 40%, debe empezar a plantear un camino para tanto apoyar al pescador artesanal, como para madurar en un negocio que representa posibilidades en materia de desarrollo económico.



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