Una marca personal es una construcción inédita de sí mismo

FOCUS El Yo es la suma de mis palabras. Por Marcos Velásquez. La realidad psíquica, o del alma, es en última instancia la realidad del Yo: de mí mismo.  Lo más íntimo de cada sujeto.  Por ello, el Yo como producto, en tanto marca personal, tiene la responsabilidad de trabajar por la claridad de su estilo de pensar y responder por su capacidad de ser libre. Quien tiene claridad y es libre, opera como marca personal sin dificultad.  Es decir,...


FOCUS

El Yo es la suma de mis palabras.

Por Marcos Velásquez.
Por Marcos Velásquez.

La realidad psíquica, o del alma, es en última instancia la realidad del Yo: de mí mismo.  Lo más íntimo de cada sujeto.  Por ello, el Yo como producto, en tanto marca personal, tiene la responsabilidad de trabajar por la claridad de su estilo de pensar y responder por su capacidad de ser libre.

Quien tiene claridad y es libre, opera como marca personal sin dificultad.  Es decir, ofrece lo que de él nace para dar solución a las necesidades del otro (su mercado), sin entrar en confusiones que lo arrastren a sentimientos de culpabilidad.

Ante esto puedo decir que, el mejor examen de conciencia es el que se vislumbra cuando Yo hago algo que me gusta, lo disfruto y no me siento mal por disfrutar lo que hago.

En términos afectivos, tener claridad y ser libre sin sentirse culpable, se puede evidenciar por ejemplo, cuando en el plano laboral, Yo develo que el lugar donde trabajo no me está dando “dividendos”, y por más que insisto, sólo constato que le resta a mi capacidad de obrar, crecer o construir.

Cuando le digo a esa empresa: no va más, porque mi responsabilidad es crecer y no sostener una sociedad que empuja al desgaste o a la depreciación de mi producción y, antes que sentirme culpable por ir en contra de la lógica de los otros, que se encuentran hipnotizados por sus inseguridades o el cansancio que no permite pensar por sí mismo, siento que me he quitado un peso de encima, Yo estoy actuando con claridad y libertad, en el sentido que mi corazonada me dice que no me estoy mintiendo.

Corolario: Yo soy Yo y no lo que el Otro quiere de mí.  Freud lo decía de un modo muy concreto: <<cuando dos piensan igual, es porque uno de los dos piensa por el otro>>.

Frente al mercado, si Yo tengo algo que ofrecer y tengo claridad, la competencia no le va a restar a mi libertad, dado que Yo entrego un producto que es fruto de mis cavilaciones constantes, las cuales aportan soluciones concretas a la necesidad de éste, lo que permite que, en mi examen de conciencia, Yo disfrute más de lo que hago, que esperar lisonjas de lo que recibo.

De éste modo, en el terreno del concepto de marca personal, mi responsabilidad es esclarecer el Yo, con tal de constatar que mi Yo es la suma de mis palabras, mi propio estilo de pensar, y no el “holograma” del Otro.

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La claridad de mis palabras.

¿Cómo saber que Yo tengo palabras propias y no soy el “holograma del Otro”?  Ésta es una pregunta obligada a resolver, con el objetivo de tener  claridad de que Yo, en tanto marca personal, tengo algo que ofrecer al mercado, y no soy un comodín más de las ofertas que se cuelgan como solución en cualquier sitio.

El Yo se construye a partir de palabras.  Palabras que están cargadas de afecto.  Un afecto que por lo demás, es inconsciente, y que gracias a la enseñanza de Lacan se pudo esclarecer que, cada sujeto, en su relación al Otro (en tanto mundo simbólico), va a trazar cadenas significantes que lo anudarán a él para su libertad o su condena.

De éste modo, mi marca personal (Yo), ha de tener claridad sobre lo que Yo recibo en mi lazo afectivo de: mi familia, mis amigos, la sociedad y las figuras de autoridad.

Si no esclarezco cuáles son las palabras que de ellos operan en mí, las que tienen peso significante sobre mí por el desconocimiento afectivo que tengo de ellas, puedo estar obrando como ellos quieren que yo obre, y no ejerciendo el peso de mis actos, conforme mi estilo de pensar.

Cada uno de ellos busca, de modo inconsciente en mí, la prolongación de su deseo.  Un deseo que, a lo sumo, sólo tiene peso significante para él, y al Yo no tener claridad de qué es lo que Yo necesito del Otro, y qué quiere el Otro de mí, termino, por las identificaciones afectivas (mi incapacidad de pensar por mí mismo), dándole gusto al sentido de lo que para el Otro es bueno, sin contemplar que quizá eso para mí no tenga el mismo sentido.

En otras palabras, suele pasar que obro dándole gusto a lo que el Otro quiere, sacrificando mi propio deseo.

Una marca personal, para poder responder a su mercado, tiene que estar libre de ataduras significantes para ofrecer el sentido de lo que él es: una construcción inédita de sí mismo.

Por ello, Yo he de tener claridad de cuál es la realidad del alma de mi familia, de mis amigos, de la sociedad y de mis figuras de autoridad, para que, a lo sumo, pueda tomar de cada uno lo bueno, más no lo malo, dado que en ese intercambio afectivo-significante que se da entre ellos y Yo, siempre hay un costo que asumir.

Lo ideal de dicho costo, es el peso de la libertad, con tal de que al actuar, la claridad de mis palabras irradie la oscuridad de su confusión.

marcosvelasquezoficial@gmail.com

 

 



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