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Un ejercicio de placer, por cruda que llegue a ser la verdad

Por Marcos Velásquez.


A propósito del periodismo como oficio

Las paradojas de la actualidad en relación al periodismo plantean que su actividad no es la que está en crisis, sino su forma de empleabilidad.

A lo sumo, fue la columna de Mabel Lara: “El periodismo como oficio” (El País, Marzo 17, 2019), quien encendió las alertas de por lo menos los estudiantes de Comunicación Social o de algunos de sus padres que, viendo la realidad económica del país y preocupados por el futuro de sus hijos, ha hecho que algunos estudiantes de este pregrado se cuestionen por lo que Mabel Lara dice, más no por lo que realmente es ser periodista.

Por lo pronto, yo me enteré de la columna no porque mis estudiantes de Introducción a los Medios me dijeran que se la habían leído, sino porque me preguntaron sobre qué pensaba yo sobre el meme que estaba circulando por las redes sociales, donde Lara decía que “no estudies periodismo”.

Lo primero que pensé cuando me hablaron del asunto fue que Mabel Lara era una irresponsable al decir algo de manera abierta sin pensar en los sueños o los ideales de las personas que están en formación. 

Lo segundo que se me vino a la mente fue que, definitivamente ella tuvo un tropiezo laboral en la empresa en la que se encontraba trabajando y con rabia y sin meditación, lanzó la expresión que impactó a mis estudiantes de Comunicación Social.

Como mis estudiantes de Introducción a los Medios y otros de Periodismo Digital me siguieron preguntando al respecto, busqué más allá del meme que me pasaron y supe que se trataba de una columna que había escrito Mabel Lara indignada por una realidad laboral que excede la formación académica, en el sentido de las plazas laborales que se abren para ejercer como periodista a otras profesiones y la irresponsabilidad de un estado que procura sostener el negocio de la educación en todas las formaciones de pregrado y posgrado, más no está haciendo lo propio por generar la seguridad laboral que le corresponde, a los profesionales que invierten su tiempo y su dinero en una construcción de la sociedad a partir de la educación.

Así las cosas, el problema que expone Lara no es solo un problema de los periodistas, sino, como aquí sostengo, de todas las profesiones en Colombia, un país que no quiere reconocer la recesión económica y la falta de plazas laborales en todo nivel.

Ahora, en cuanto al periodismo como oficio, estimo que el problema va más allá de la realidad laboral, dado que hay principios para el periodismo que no se pueden pasar por alto, a pesar de la crisis de empleabilidad que existe, gracias al cambio de la estructura de producción de los medios tradicionales de comunicación, como efecto de la era digital.

Si bien las empresas tradicionales encargadas de dar a conocer la noticia están entendiendo que el negocio está tomando una vertiente, en la que, la generación de contenidos es la clave para estar en el mercado de la información, y ello les ha permitido replantear su planta laboral, lo que no se puede olvidar bajo ninguna circunstancia es ¿qué es ser periodista?

Lo planteo porque muchos de los estudiantes con los que comparto ingresan a la universidad a estudiar Comunicación Social, más no periodismo.  Incluso, en las cátedras que les corresponde ver el tema como formación, es más la desidia que el interés que los habita, dado que muchos no quieren exponerse a la reportería, aduciendo que la calle, que es el lugar donde se inicia un reportero empírico, no es atractiva para aprender nada.

Muchos de los estudiantes desean adquirir habilidades para trabajar como comunicadores organizacionales, productores de eventos o trabajar en publicidad o marketing, pero lo que tiene que ver con el periodismo en sí, no es lo que realmente los llama a la academia.

Lo propio de esta generación de estudiantes es que confunden ser técnicos con ser profesionales, a lo que yo les planteo: siendo un técnico una persona valiosa por el dominio de su ejercicio laboral a través de las herramientas que maneja, un profesional es quien plantea conceptos que permiten transformar la realidad de una sociedad ávida de cambios que pongan límite al afán moralista de los estilos de pensar.

Ello produce un desencuentro para los estudiantes, quienes están más del lado de las labores de oficina, que del lado de la investigación social, punto de quiebre para la comunicación para el desarrollo, la cual demanda pensar estrategias que se apalanquen en conceptos epistemológicos que permitan, a través de los diferentes medios de comunicación, construir nuevos imaginarios a una sociedad que está gobernada por el sometimiento y la culpabilización, negando los principios liberales.

En consecuencia, muchos de los estudiantes de Comunicación Social vienen de formaciones académicas o familiares funcionalistas, donde viven posiciones moralistas, cuando el moralismo es el pilar de las dictaduras y el funcionalismo la negación de la creatividad en favor de la repetición de lo establemente conocido.

El principio de todo periodista es la libertad, la verdad y el deseo desenfrenado de narrar, de contar lo que otro padece para que esa historia sea el testimonio que inspire a otros a que eso no vuelva a suceder, o por el contrario, sea el ejemplo a seguir.

El principio de todo periodista es transformar una sociedad o dar a conocer lo que el poder no quiere que se sepa por temor a perder la hegemonía ideológica que impone solo para el beneficio de quienes disfrutan de él.

El principio de todo periodista es reinventarse cada vez que la institucionalidad entra en crisis, o los totalitarismos o las dictaduras quieran amordazar la verdad.

Por ello, no en vano García Márquez visionó en la cima de sus logros el futuro del periodismo cuando en 1994 puso en marcha, con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y el de sus amigos, la Escuela para el Nuevo Periodismo Latinoamericano, la escuela trashumante que él visionó como baluarte de la formación de un periodista, dado que él como periodista empírico supo que ser periodista no es un asusto de titulación sino de sentido de libertad, de deseo de narrar y de compromiso con la verdad.

En este orden de ideas, entonces le respondo a mis estudiantes de Comunicación Social que no tengan miedo de fracasar como periodistas, dado que la formación que ellos están adquiriendo, si se lo proponen, desestima por parte de ellos mismos a sus profesores periodistas en sus programas, quienes no son funcionalistas sino personas que han encontrado un espacio para continuar divulgando sus sueños de libertad.

En cuanto a los que piensan que el periodismo es solo una función exclusiva de quien estudió en una facultad de Comunicación Social periodismo, pues estimo que poco han leído a Gabo y que no tienen presente, en el sentido de la lectura, que esta es el origen de querer indagar sobre la verdad, dado que quien lee deviene escritor, que para los efectos de la no-ficción, se puede decir, narrador.

Por ello, el mensaje de Mabel Lara habla más, a mi modo de leer el asunto, de un problema para todas las profesiones en Colombia, antes que para una formación académica en particular.  El país no desea ver lo que está sucediendo, pero sí se escandaliza cada vez que hay un despido masivo y se ruboriza cada vez que hay un desempleado más.

Por mi parte, el periodista del Siglo 21 es quien más oportunidades de trabajo tiene hoy día dentro de la crisis, solo que se tiene que reinventar y le corresponde saberse adaptar a las demandas de la era digital, para que a través de su marca personal adquiera audiencias que hagan de su trabajo un ejercicio de placer, por cruda que llegue a ser la verdad.

 



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