Turismo rural, una oportunidad de desarrollo territorial

Por: Juan Flórez Hernández


El turismo rural surge como una alternativa turística que se caracteriza por desarrollarse en espacios con producción agrícola y basarse en principios de tipo ambiental, social, cultural y económico, donde el objetivo es el disfrute de experiencias productivas cotidianas de los campesinos, involucrando la identidad cultural y los espacios naturales.

El campo es uno de los principales proveedores de actividades económicas alternativas para el sector turismo, ya que tiene la cualidad de ofrecer prácticas sociales colectivas en espacios rurales, que incluso involucra los sectores marginados del mercado laboral como jóvenes, mujeres y adultos mayores, convirtiéndose así en una alternativa de diversificación de ingresos para las comunidades campesinas y un eje estratégico para el desarrollo territorial rural.

El turismo es uno de los pocos subsectores de la economía que posee la versatilidad y flexibilidad necesaria para adaptare a las condiciones propias de cada territorio y de cada población.

Ahora bien, en Colombia se ha evidenciado la forma en que desde la ruralidad se puede transformar nuevos modelos de negocios de turismo a través del sector agropecuario, por ejemplo: el Eje Cafetero; donde su producto principal (el café) es la excusa perfecta para visitar una serie de municipios y departamentos que tradicionalmente viven o vivían del sector agropecuario.

El desarrollo de este proceso se dio en gran medida por caídas del precio internacional del café en los años 90 trayendo de la mano una crisis social importante, al punto de derrumbarse sus mercados, numerosos productores comenzaron a volcarse hacia el turismo utilizando la capacidad instalada ociosa de sus establecimientos, al mismo tiempo la ayuda estatal en buscar modelos de desarrollo adaptables a nuevas dinámicas económicas como el turismo enfocadas a emprendimientos rurales. Hoy en día esta región es el segundo destino más visitado por turistas en el país.

Así podríamos mencionar también lo que sucede en la Sierra Nevada de Santa Marta, donde la naturaleza en su máximo esplendor es su carta de presentación, ahí comunidades tanto campesinas como indígenas ven una oportunidad en el turismo en generar riqueza, cuidar y fortalecer sus entornos y saberes, esto a través de actividades como el trekking, procesos tradicionales agropecuarios, interacción con comunidades indígenas, entre otras que generan motivación de viaje y que se ve evidenciado diferentes tipologías de turismo enmarcado en la ruralidad.

Córdoba, un departamento con gran vocación turística rural no se queda atrás, iniciativas comunitarias rurales han fortalecido la oferta turística de esta región con proyectos como los de conservación de tortugas de rio en Cotocá Arriba en Lorica, del caimán de aguja en la Bahía de Cispatá en San Antero, de protección de manglares y aves nativas en Caño Grande en San Bernardo del Viento, en Tuchín con comunidades indígenas que ofrecen actividades culturales en sus zonas rurales o Montería con actividades en fincas ganaderas y navegación del rio Sinú. Estas iniciativas que en su gran mayoría se han fortalecido desde sus capacidades propias y con poco apoyo institucional se han destacado a lo largo de los años.

Para finalizar, debemos tener en cuenta que una de las formas de confirmar que un territorio posee verdaderamente un potencial de desarrollo turístico, que justifique unas determinadas inversiones, es a través de una evaluación rigurosa que tenga en cuenta la oferta, la demanda, la competencia, las tendencias del mercado y los impactos. Además, esto conlleva que la presencia del gobierno local o departamental brinde herramientas de capacitación, asociativismo, fortalecimiento comunitario y promoción, mediante alguna estrategia o programa de turismo rural, donde se puede ayudar a que los residentes rurales o familias de los productores desarrollen el negocio.



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