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Tres apuestas para combatir la informalidad en Sincelejo

Por: Mario Ruiz Soto


María es administradora de empresas. Busca trabajo en Sincelejo y aún no lo encuentra. Infortunadamente, ingresó a las filas del desempleo. Según el DANE, la tasa de desempleo de Sincelejo del año pasado fue de 9,9% -octubre-diciembre de 2018-. Aumentó en comparación con 2017, que fue de 8,7%. Aún así, la tasa de desempleo en la ciudad es una de las más bajas del país. La solución está principalmente en impulsar una política pública nacional que combine los esfuerzos con el municipio. Pero quiero llamar la atención en un aspecto. Las mujeres llevan la peor parte porque el desempleo es casi el doble que el de los hombres. ¿No les parece increíble que aún sea así?

Ya vimos, al menos en las cifras, que la principal problemática de Sincelejo, en el ámbito laboral no es precisamente el desempleo –esto no quiere decir que no tenga que atenderse-. El corazón de la historia está en la informalidad. El rostro de esta historia es el de José, de aproximadamente 40 años que se ubica todos los días a las afueras de la Universidad de Sucre. Él hace parte de los 45 mototaxistas que se estacionan para ganarse la vida. Trabaja para su día a día. No cotiza en el sistema de salud y sabe que no recibirá una pensión.

¿Saben por qué es la mayor problemática? Según el DANE, de las 23 ciudades y áreas metropolitanas, Sincelejo tiene la mayor informalidad después de Cúcuta. De hecho, es un fenómeno que afecta gran parte del Caribe. De las cinco capitales con mayor informalidad, hay cuatro con mayor tasa, en su orden: Sincelejo, Santa Marta, Riohacha y Montería. El Caribe pierde la batalla con la informalidad, pero también Sincelejo: 6 de cada 10 personas se encuentran en la informalidad.

Por ello, necesitamos poner sobre la mesa propuestas para cambiar esta realidad. No hay una receta mágica para detener la informalidad. Pero las alternativas son la pieza clave para el debate. Si reducimos la informalidad, disminuimos la desigualdad. Hay que mencionar que parte de la torta de la solución se enfoca en las políticas nacionales. Aún así, el municipio de Sincelejo puede entregar soluciones. Quiero destacar tres puntos.

Primero: construir una infraestructura agroindustrial. Nuestra vocación es agropecuaria, y en ese orden, Sincelejo debe virar su timón al camino de la agroindustria. La intención es que puede ser el motor de Sucre y algunos municipios de Bolívar. Fortalecer la agroindustria no da espera, y los cambios no serán de la noche a la mañana. Ese avance lo han hecho varios municipios en América Latina y Colombia, pero destaco algunos vecinos: Cereté, Planeta Rica y Montería. ¿No seremos capaces en Sincelejo?

Segundo: poner en marcha estrategias de inclusión productiva. Con la infraestructura, nos viene un desafío paralelo: formar personas para que estén preparadas en el mercado de la agroindustria. En otras palabras, unir la oferta de nuevas plazas de empleo/emprendimiento con una fuerza laboral apta para desarrollar estas actividades. Y, sobre todo, que podamos contar el mercado que pueda comprar esos productos elaborados.

Ello implica, por ejemplo, hacer ferias de inclusión productiva y encuentros para compartir experiencias para la superación de la pobreza. La idea es que José pueda dejar las actividades del mototaxismo y dedicarse a las empresas agroindustriales. Algunos le llamarían reconversión laboral. Hay experiencias que infortunadamente Sincelejo no supo aprovechar: como los llamados Cemprende -Centros de Empleo y Emprendimiento-. Lo dejaron al servicio de pagos de cuotas políticas, y con ello, eliminaron la opción de buscar un camino para mejorar.

Tercero: más ciencia, tecnología e innovación para la fuerza productiva. Nuestro sistema educativo, al menos en las universidades, debe enfocarse más en las ingenierías agroindustriales que en las facultades de derecho. Se requiere que Sincelejo se ponga la mano del bolsillo público, invirtiendo en investigación para fortalecer la vocación productiva. Voy a ponerlo en un ejemplo: la yuca –donde Sucre es el primer productor de Colombia-. Una investigación de CORPOICA, arrojó que de la yuca sale: combustible; armazones para computadores; bómperes para carros; hilos de sutura; aditivo o compuesto para fabricar cosméticos; elaboración de cartones; reemplazo de los plásticos, entre otros.

Esta nueva infraestructura se crearía con la intención de luchar contra la informalidad, que daría un golpe importante contra la pobreza y la desigualdad. Mientras vamos por esta carretera podemos darle la opción a José para que tenga un salario digno, y además salud y pensión. Si se sigue avanzando, María podrá tener nuevamente empleo. Dejo un proverbio chino apropiado para Sincelejo: “el fracaso más grande es nunca haberlo intentado.” Pues bien, hay que intentarlo.

Mario Ruíz Soto
Profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales
Universidad Externado de Colombia


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