Todo lo que logra una morisqueta

Por: Boris Zapata Romero


Opinión. Tenía 12 años de edad cuando me encontró en su biblioteca, Felipe Zapata Herrera, mi abuelo, un abogado laboralista de la Universidad de Cartagena de una integridad profesional como pocos, con un libro en las manos que si no me falla la memoria era “Capitalismo, Socialismo y Democracia” de Joseph Schumpeter.

En mi cara debía haber alguna morisqueta, porque me dijo enseguida: léelo, por lo menos hojéalo, tienes que tomar todo libro que se pase por tus manos y leerlo; algunas cosas no estarán a tu alcance en el momento, no las entenderás, pero otro libro y otra circunstancia más adelante te la aclararan, y sabrás. Y seguro sonreirás. Lo más parecido a una sonrisa, allá en la cabeza, es cuando se ilumina algo en ti con un nuevo conocimiento.

En estos momentos en los que hay tiempo en casa (aclaro que no dije que sobraba tiempo, pues este nunca sobra), en los que podemos influenciar con el ejemplo a nuestros hijos, en los que se nos pide reinventarnos, se presenta un escenario como pocos para adquirir o recuperar el hábito de la lectura.

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Las razones para leer se pueden llevar desde la simple aventura que representa adentrarse en el personaje de una trama de acción, hasta las médicas que relacionan inversamente la lectura con la demencia senil, pasando por la que más me gusta: porque en los libros está todo.

Las cifras sobre lectura en Colombia son muy variadas, van de 3 a 6 libros por año en promedio, pero tienen tres coincidencias: leemos menos de lo debiéramos, leemos con una comprensión media, y, afortunadamente, cada vez se lee más.

Ahora que relaciono esta bendita pandemia con la lectura y mi abuelo, creo importante traer a colación la relación con la salud mental de nuestros mayores. Tema que no es solo para los viejos, pues, con el favor de Dios, allá llegaremos.

Hay un término que es “reserva cognitiva”, que es la cantidad y la calidad de conocimientos e información que hemos estado acumulando en nuestra cabeza. Tratando de explicarlo con la facilidad con que lo hace la prestigiosa institución de investigación científica para la prevención del Alzheimer, Fundación Pasqual Maragall, resulta que como todo lo demás en nuestro cuerpo, también hay un desgaste que se da con el tiempo sobre las neuronas, y es allí cuando la reserva cognitiva aparece, como un banco que nos presta capital para seguir usando, a plenas, nuestras capacidades mentales.

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Regresando al comentario del abuelo, específicamente a la parte de “(…) pero otro libro y otra circunstancia más adelante te la aclararan”, debo decir que no hay nada más cierto habiendo pasado una treintena de años.

Esa capacidad que se acrecienta al leer de acumular más información y de hallar puertas a nuevos caminos, esta relacionada con la maravillosa razón que nuestro cerebro va haciendo más espacio a más información. Contrario a lo que creeríamos sobre que nos saturamos, este, el cerebro, se encarga de abrir nuevos compartimentos, de manera que allí se entiende bien esa frase de Alberto De las Casas sobre que “en materia de lectura siempre se está al debe”.

No alimento el mito con eso sobre que los humanos solo usamos un porcentaje del cerebro. Todos usamos, todas nuestras neuronas. Estas si no se “usan”, están diseñadas para morir. A lo que me refiero es que está probado que entre más se usan, más se conglomeran los bloques de información, de manera que las conexiones son más rápidas, lo que causa ese efecto de más espacio para más información. Y eso lo estimula el aprender: la conexión entre conocimientos. ¡Otro punto para el abuelo!

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Lo cierto es que, tómenlo como ejercicio mental, como disfrute terrenal o como obligación, lean. De seguro un libro les sacará una sonrisa en el alma, cuando iluminen algo en sí, con cada nuevo conocimiento.

(Homenaje a mi abuelo hoy en su día de nacimiento, que ateo pero buen samaritano, amante de la lectura, el jazz y la música clásica, tuvo todo menos una vida aburrida, porque tiro buena trompa, fue un buen padre y esposo, enamorado y andariego… y se fue con 94 años, tan autentico y lleno de conocimiento como un buen libro).



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