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¿Te perderás de vivir tu inédita vida?

Opinión/ Por Marcos Velásquez


Opinión/ Por Marcos Velásquez.

FOCUS

Si continúas haciendo lo que siempre has hecho, obtendrás los mismos resultados.  Algunos llaman a este patrón de comportamiento, hábitos, los cuales son reconocidos la más de las veces como malos o negativos.  De modo coloquial, esto también es nombrado como costumbre, la cual no se evalúa, dado que ella entra en el adormecimiento de lo cotidiano, pasando inadvertida y tornándose en lo normal de los sucesos del día de quien actúa de un modo particular.

Mirarse a sí mismo, evaluarse o reflexionar sobre la propia persona, sobre el papel que uno desempeña en la escena de la vida en el que uno se ubica, no es frecuente.

El ser hablante aprende por imitación.  Se identifica con lo que vive en sus escenas primarias.  De otro modo, según cómo vive su infancia el hombre, adquiere patrones de comportamiento que imita de quiénes representan para él la garantía de su seguridad.

En su minusvalía o dependencia propia de su frágil capacidad de valerse por sí mismo, el niño asume de modo inconsciente al adulto que le brinda protección como el patrón o ejemplo a seguir.  De ahí la imitación como consecuencia de identificación.  Por ello, muchos niños no son el reflejo de sus padres, sino la consecuencia de quienes los cuidaron durante muchas horas.

Si la persona que está a cargo de un niño es una persona con poco nivel de lectura o nunca ha leído, el imaginario de dicho ser hablante estará circunscrito a sus vivencias, a la forma como él ha conocido el mundo, que no es todo el mundo pero sí todo su universo.

Quien no lee no puede nutrir el vocabulario que lo habita.  Quien no lee llega a pensar que las palabras con las que cuenta es la realidad de su mundo.  Su imaginario es el cúmulo de palabras con las que cuenta para poder hacerse entender, así como el número de palabras que tiene en su  vademécum, son las herramientas que utilizará para maniobrar el bricolaje de su vida.

A poca lectura, poca capacidad de pensar otras formas de ver la vida, ya que la conocida es la regla que brinda seguridad, lo que pone en funcionamiento el mecanismo de la resistencia a romper con eso que se conoce y que plantea la zona de confort.

Esto es más comprensible para quien ve cómo alguien se hace daño haciendo lo mismo y no hace nada para dejar de hacerlo.  Y es mortificador para quien descubre que se está repitiendo y no encuentra un truco, una palabra, para poder romper con la cadena de significaciones que le permita quebrar el circulo nocivo en el que se encuentra.

Hacer lo que se conoce, porque es lo que más seguridad brinda, lo que permite correr menos riesgo, es asumir que el vocabulario con el que se cuenta, el que facilita el imaginario en el que se habita, o no necesita transformarse porque los procesos de identificación funcionan en su repetición sin causar malestar, o es una incapacidad propia del sujeto quien, en su fijación a dicha identificación, no tiene la capacidad de reflexionar, de sofocar su realidad para imaginarse de otro modo distinto.

Los niños hoy están a merced del cuidado de las pantallas.  Ellas no enseñan a reflexionar, a pensar de otro modo.  Se limitan a ser el ejemplo a seguir, a ser el ideal.

Si quien cuida a los niños es alguien con poca lectura y se apalanca en una pantalla, el fruto de ese coctel será un sujeto que representa un papel en el que imita y repite el ideal del otro, pero no estará a la altura de las circunstancias que le permitan vivir su vida.

Si continúas haciendo lo que siempre has hecho, obtendrás los mismos resultados, por ende, te perderás de vivir tu inédita vida. 

Twitter: @MARCOS_V_M



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