Sorpresa y compromiso

Por: Boris F. Zapata Romero


En estos días en que las malas noticias pululan, por la escalada de violencia en especial contra niños y jóvenes, por los constantes sepelios que se viven en las calles a raíz del COVID-19, por los casos de raponeo y robos menores cada vez más frecuentes, por el aumento de agresiones en el ámbito intrafamiliar, por la presión entre bandas delincuenciales por territorio para traficar, he estado leyendo y escuchando a mucha gente que esta sorprendida con tan triste coyuntura del país.

Admiro esa sorpresa. Admiro que aún haya gente que se incomode frente a esta realidad y sean capaces de separar las preferencias electorales para asumir posturas que rechazan esta violencia indignante que vivimos.

Teniendo en cuenta la velocidad como se producen malas noticias versus como se resuelven estas situaciones, podemos suponer que será muy poco lo que se avance en la búsqueda de la verdad, y que lo que se avance, no será tomado con la seriedad y gravedad que corresponde. Al fin y al cabo, a todos, opinemos o no, lo que nos importan son los resultados.

Pero ¿cuáles resultados? Cuántos años más de violencia harán falta para darnos cuenta de que andamos en círculos; que llegamos de nuevo a la pregunta, ¿ahora qué sigue?; pasan años y décadas, y cambian los actores, y cambian los métodos y las alianzas, pero sigue la misma infame y perversa violencia.

Y antes de echarnos culpas adrede, repitamos lo que la mayoría corea en distintos tonos de voz, para no pasar por desentonado: la culpa es del Estado, indolente, ausente e ineficaz. La culpa es de los empresarios, permisivos, lejanos y sin compromiso. La culpa es de las disidencias de la guerrilla, del ELN y de los grupos armados organizados, atroces, inhumanos y codiciosos.

Sin embargo, si observamos como en medio de esta crisis de salud la mayoría ha respondido tan negligente e indolentemente a tres sencillos llamados de entender: lavarse las manos frecuentemente, usar tapabocas y al salir lo estrictamente necesario guardar distancia con otras personas, hemos como sociedad ¨pelado el cobre¨.

Si en medio de semejante situación, en la que cualquiera puede ser victima en su persona o en un ser querido, actuamos con tamaña holgura y falta de disciplina, que queda cuando es al otro al que agreden, roban, persiguen o asesinan, con tanta frecuencia que ya es parte del panorama de cada día.

La culpa es de todos, y por eso de nadie; y por ser ajena la culpa, es ajena la responsabilidad y así mismo la solución. Al esperar lo mismo, recibimos lo mismo.

Sorprenderse es sin duda factor de cambio. Si se pierde la sorpresa, se pierde la posibilidad de enfrentar la realidad y de proponer cosas nuevas, mejores por lo general.

Psicólogos como Bárbara Mellers, quien tiene un artículo científico titulado Choice and the relative pleasure of consequences, han desarrollado una teoría que conecta la sorpresa con el placer o el dolor de un resultado, de manera que un evento positivo sorprendente es más placentero que un evento positivo esperado, y un evento negativo sorprendente es más doloroso que un evento negativo esperado. Y eso, en conclusión, lo que nos dice es que la capacidad de sorprendernos nos permite comprometernos con los resultados. ¡Compromiso con lo que pasa en este país, que maravilla sería!

No podemos, los que estamos sorprendidos, dejar de hacerlo. Queremos que se combata por igual a todo actor armado, sea organizado o delincuencia común, sea el pedófilo o el homofóbico o el esposo que desgracia su familia a golpes, y, además, a la corrupción, a la impunidad, y como madre de tanta impudicia, a la pobreza.

Hay una nación que no se debe dejar esconder por quienes no se sorprenden, que quiere enfrentar la realidad para proponer mejoras, que quiere asumir su papel, su compromiso, en los cambios que nos permitan vivir en una Colombia distinta.

#sociedad #comunidad #factordecambio #violencia #boriszapata #larazón



¿Qué opinas de esto?