¿Seguimos sin necesitar sabios?

Por: Boris Zapata Romero


“¡España no necesita de sabios!”, dijo Pablo Morillo – seguramente con esa sonrisa burlona de los, que arma al cinto, se creen más astutos de lo que realmente son- negándole el indulto, y con ello matando por la espalda a Francisco José de Caldas, en compañía de sus compañeros de prisión Francisco Antonio Ulloa, Miguel Montalvo y Miguel Buch, un 29 de octubre de 1816.

Ese desprecio hacia la investigación y la ciencia, hacia el desarrollo tecnológico y la innovación, no es tan distinto en forma y resultado, como el que hoy día los mandatarios locales esgrimen con la misma “astucia” de Morillo.

En días pasados me respondió un alcalde, cuando le recalcaba la importancia de la adopción de tecnologías para la seguridad alimentaria como medida de adaptación y resiliencia al cambio climático – que claramente derivará en la hambruna a la que me referí en artículo anterior-: “eso para que, aquí no hay quien haga eso. La comida ya está inventada, eso van y compran; además la gente a mí me pide es cemento”. ¡España no necesita de sabios!

Quien pronunció esas palabras, Morillo, era quien ostentaba desde 1814 el poder por mandato del rey de España Fernando VII, y no podían ser de otra persona distinta a la que fue enviada por su padre a Salamanca a realizar estudios, que abandonó para ingresar a las tropas de la Marina Real, y que encontró en la brutalidad y la represión, como darle forma a su “astucia” y vida.

Lea también  Qatar 2022, sin mucho fútbol y con pocas opciones de catar

Del otro lado, el opuesto, Francisco José de Caldas y Tenorio, “mostró desde niño gran interés por las matemáticas, las ciencias físicas y la astronomía. Tras cursar estudios en su tierra natal, se trasladó a Santafé y se graduó como jurista sólo para dar gusto a su familia, pues pronto regresó a Popayán y decidió dedicarse a lo que más le interesaba: la astronomía, las matemáticas y las ciencias físicas” (Tomás Fernández y Elena Tamaro, en su “Biografía de Francisco José de Caldas”).

De lo que no se alcanzó a enterrar Morillo, hace 200 años, ni los mandatarios actuales 200 después, es que hombres como el Sabio Caldas, por su actividad investigativa, científica y de desarrollo tecnológico – no olvidemos que Caldas desarrolló el hipsómetro, que es un instrumento que mide la altitud, observando la temperatura que alcanza el agua a determinada altura- son la base del desarrollo económico de los países, y del grado de bienestar de sus pueblos.

Lea también  Diciembre y sus contrastes

Esa diferencia que existe entre países con más o con menos progreso, es la que hay entre quienes inventan, patentan y desarrollan, y los que sufren contando centavos para comprar lo que sus abundantes materias primas han convertido otros en desarrollos tecnológicos.

En el título “Value-based business strategy” (Estrategia de negocio basada en el valor, o la creación de valor para aclarar en algo el título), publicado por el Journal of Economics and Management Strategy en 1996, se encuentra una discusión sobre cómo en los juegos multiagentes -que para el caso lo asimilaremos a los diversos países, o si se prefiere también puede llevarse al nivel subregional- los jugadores pueden apropiarse de una parte de las ganancias, concluyendo que «para tener un valor añadido positivo se debe ser ‘diferente’ respecto a los competidores».

Esa diferencia, es lo que se entiende como ventaja competitiva, y hoy día no es posible desarrollarla – las ventajas competitivas se crean, no están allí como si las comparativas- sin inversión en I+D+i (investigación, desarrollo e innovación), y sin respeto por la sostenibilidad; así que, la competitividad sostenible, debería ser el nuevo paradigma para quienes aspiran a liderar con atino, y separarse del “astuto” de Morillo.

Lea también  Qatar 2022, sin mucho fútbol y con pocas opciones de catar

Como bien es sabido, los amores en lo público se demuestran con presupuesto; así que para ir separando la paja del trigo, es importante preguntar cuanto invierten los mandatarios en I+D+i, o si por lo menos hacen gestiones de apoyo con financiación a la empresa privada y la academia en ese sentido, o si siguen 500 años después dándole la razón a José Francisco Caldas, como lo narran Fernández y Tamaro: “Caldas llega a la conclusión de que, al cabo de trescientos años, ni los gobernantes ni las minorías intelectuales del Nuevo Reino de Granada se han dado cabal cuenta de las ingentes posibilidades naturales, físicas, económicas, sociales, geográficas, históricas y culturales que esta porción del mundo atesora, y que deben orientarse, con exacto sentido realista, hacia el bienestar espiritual y material de sus habitantes y convertirse en fecundas realidades y en obras de interés, no sólo regional, sino también de trascendencia continental y universal”.

Por sus obras los conoceréis.



Join the Conversation

Join the Conversation