¿Se pudo evitar la tragedia?

Opinión| Por: Marta Sáenz Correa No podemos ser indiferentes ante la gravedad de los hechos sucedidos en días recientes en la Institución Educativa Marcos Fidel Suarez al sur de Bogotá en los que 20 menores entre los 12 y 16 años resultaron intoxicados, y uno de ellos falleció. El consumo de drogas se ha tomado a los colegios sin que nadie haya asumido el problema. La permisividad de las directivas de las Instituciones Educativas y su silencio cómplice para no...


Opinión| Por: Marta Sáenz Correa

No podemos ser indiferentes ante la gravedad de los hechos sucedidos en días recientes en la Institución Educativa Marcos Fidel Suarez al sur de Bogotá en los que 20 menores entre los 12 y 16 años resultaron intoxicados, y uno de ellos falleció.

El consumo de drogas se ha tomado a los colegios sin que nadie haya asumido el problema. La permisividad de las directivas de las Instituciones Educativas y su silencio cómplice para no afrontar las diferencias que ello genera con los padres de familia cuando hacen las denuncias pertinentes, ha generado que no se tomen las acciones del caso. Por otro lado, ¿Qué paso con los padres del muchacho fallecido? ¿No se dieron cuenta si tuvo algún cambio de conducta? Como aislarse del resto de la familia, desinterés por asistir al colegio, cambios bruscos de su estado de ánimo o de amistades, falta de higiene personal, u otros. Que dolor para esos padres!

Antes los hechos, el padre del adolescente víctima de la intoxicación masiva afirmó con contundencia: “Mi hijo no era drogadicto, fue incitado y prácticamente obligado a consumir la sustancia que le quito la vida”. También aseguró que el colegio nunca le dijo que su hijo tuviera problemas de drogadicción y cuestionó que los profesores no se hubieran dado cuenta que 20 alumnos estuvieran consumiendo drogas dentro del aula de clases. Por otro lado, un docente envió un correo a los medios de comunicación en donde manifiesta: ” lo sucedido el 11 de agosto es solo la consecuencia de algo que se venía venir desde hace mucho tiempo (…) y lo peor es que no es el único caso, hay muchos más estudiantes que venden droga, que la consumen, que han sido reportados por los docentes y las directivas no hacen nada. La cosa nunca pasa de llamar al acudiente que tampoco hace nada”.

En la Institución Educativa, todos sabían lo que estaba sucediendo con el consumo de sustancias alucinógenas por parte de los menores; el rector y el Coordinador de convivencia habían sido informados pero tomaron la más fácil de las decisiones: no hacer nada. Por lo cual, esto es un llamado a los Rectores de las instituciones Educativas a que tomen conciencia que la Educación es un Servicio Público, y como lo ha manifestado la Corte Constitucional tienen el deber de vigilancia y custodia y responden por lo que les suceda a los estudiantes en su integridad mientras estén en la jornada escolar. Seguramente si el rector y las directivas hubieran asumido el caso con decisiones drásticas como correspondía, el final de esta triste historia fuera otro.

Nota adicional

El consumo de drogas se ha tomado a los colegios sin que nadie haya asumido el problema. La permisividad de las directivas de las Instituciones Educativas y su silencio cómplice para no afrontar las diferencias que ello genera con los padres de familia cuando hacen las denuncias pertinentes, ha generado que no se tomen las acciones del caso.



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