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Se nos olvidó el respeto

Por: Marta Sáenz Correa La semana que culminó fue escenario de denuncias de los medios de comunicación sobre presuntos escándalos sexuales cometidos por servidores públicos que ponen en entredicho su gestión y el buen nombre de la institución que representan.  El argumento anterior es el expuesto...


Por: Marta Sáenz Correa
Por: Marta Sáenz Correa

La semana que culminó fue escenario de denuncias de los medios de comunicación sobre presuntos escándalos sexuales cometidos por servidores públicos que ponen en entredicho su gestión y el buen nombre de la institución que representan.

 El argumento anterior es el expuesto en muchas ocasiones por periodistas que en su afán por dar las primicias, terminan revelando información que atenta a todas luces contra el derecho a la intimidad. En esta ocasión ejerceré el papel de abogada del diablo, en defensa del ex viceministro, a quien sin duda alguna le han atropellado sus derechos.

 Nuestra Constitución en el artículo 15, establece el Derecho a la Intimidad, en el cual reza: “Todas las personas tienen derecho a su intimidad personal y familiar y a su buen nombre, y el Estado debe respetarlos y hacerlos respetar”. Por su parte, la Corte Constitucional desde 1992 reconoció el derecho a la intimidad como un derecho fundamental que permite a las personas manejar su propia existencia como a bien lo tengan con el mínimo de injerencias exteriores. Se dijo en ese entonces que se trataba de un derecho general, absoluto, extra patrimonial, inalienable e imprescriptible y que se puede hacer valer erga omnes, vale decir, tanto frente al Estado como a los particulares.

 Cuando en las redes sociales y en los medios de comunicación se escuchan videos, o grabaciones de conversaciones privadas que solo son de interés de los involucrados y que su divulgación viola el derecho a su intimidad, surge la pregunta del millón: ¿dónde está esa línea divisoria de los derechos de las personas afectadas y el derecho de los periodistas a informar? ¿Acaso este grupo de profesionales tienen el privilegio de poder ventilar asuntos que vulneren los derechos de otras personas, olvidando la ética, la palabra respeto por los demás, sin importar la honra y el buen nombre de estos servidores públicos que en gracia de discusión su presunto pecado es tener preferencias sexuales diferentes?

 No podemos asumir conductas excluyentes e irresponsables, olvidando el daño moral que se les ocasiona a las familias de estos. Con lo sucedido con el ex viceministro, a los periodistas se les olvidó las consecuencias de la publicación, sobre su persona, su familia, su trabajo; también olvidaron que el fin del periodismo en teoría es el interés público… ¿cuál es el aporte relevante para la comunidad el contenido del famoso video?

Para finalizar, quiero expresar de corazón solidaridad al exsenador Ferro y a su familia en estos momentos difíciles e invitar a los padres a que enseñemos a nuestros niños el significado y el ejercicio de la palabra respeto y especialmente por las diferencias.

Nota Adicional

Cuando en las redes sociales y en los medios de comunicación se escuchan videos, o grabaciones de conversaciones privadas que solo son de interés de los involucrados y que su divulgación viola el derecho a su intimidad, surge la pregunta del millón: ¿dónde está esa línea divisoria de los derechos de las personas afectadas y el derecho de los periodistas a informar?

 



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