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¿SALTAS?

Opinión/ Por: Marcos Velásquez.


Opinión/ Por: Marcos Velásquez.

FOCUS

Si en algún momento nos enseñaron la lección de la planeación, o no la aprendimos, o no la pusimos en práctica.  A lo sumo, los contundentes momentos de verdad con los que nos enfrentamos de tiempo en tiempo en nuestra vida, son los maestros que nos señalan la importante necesidad de planear nuestros pasos, lo que implica saber dónde estamos y cómo estamos.

La más de las veces andamos como borregos detrás de la manada.  Esta actitud es más conocida en nuestra cultura, por la frase popular que reza: “¿Para dónde va Vicente?  ¡Para donde va la gente!”.

Por eso es normal que las personas se extrañen o aprecien con ingenuidad socarrona, cuando se hacen cosas que no se han solicitado, no hacen parte del formato estipulado, o son tan novedosas, que difícilmente son comprensibles en un medio donde siempre se hace lo mismo de diferentes modos.

Lo usual es que los observadores lleguen a pensar que quien actúa diferente está “tostado”, cuando no dicen para sí que es un imbécil que no comprende las dinámicas del sistema y antes que encajar, se torna en un problema para el mismo.

En la lógica de lo común, es mejor hacer lo mismo, es mejor gritar cuando vas dentro del grupo que protesta, porque si no se es el sospechoso, tal y como lo planteó  Orwell en 1984.

En el estilo de pensar de las organizaciones de tradición, es más oportuno, entre los que gozan de un pensamiento de empleados, hacer las cosas como ya están estipuladas, pensar que nada se puede cambiar, que todo seguirá igual y que si nada sale bien, es porque todo está mal afuera y no al interior.

Estas palabras se tornan en un cliché trasnochado de una generación que se formó con la crítica, la historia y la geografía en la secundaria, algo que las generaciones contemporáneas no conocen.

Ellas, o son pobres a secas y viven en el lugar en el que nacieron sin preocuparse de que existen otros mundos, o trabajan para ir a conocer los lugares que aparecen reseñados por quienes los rodean y les dicen que son bellos, con tal de hablar por ellas mismas en futuras conversaciones con estos, y decirles que sí, que son bellos dichos lugares porque ellas también estuvieron ahí, cuando no alimentaron en sus pasos ni el recorrido histórico, ni una dimensión crítica de lo que allí pasó, está pasando o puede llegar a pasar.

Las dinámicas de formación hoy están homogeneizando más que antes a los seres hablantes, sin darse cuenta que la consecuencia de ello será la falta de creatividad que si bien permite el control, decantará en la degradación de la imaginación, lo que tendrá por resultado un inconformismo que sostendrá a las instituciones en la repetición de lo conocido, haciendo pensar a quienes hacen parte de ellas, que ese es el mundo que les tocó vivir, porque no se puede hacer nada.

El adormecimiento que produce tal condición es el que suma al ser hablante a hacer lo mismo para obtener los mismos resultados.  El truco está en producir miedo, en construir un imaginario que instale la idea conocida por la sabiduría popular como: “es mejor malo conocido, que bueno por conocer”.

En marca personal se trata de otra lógica.  Se puede nombrar como la lógica del salmón.  Ir contra la corriente.  No de manera anárquica, sino de modo creativo y reflexivo.

Piensa por ti mismo.  Estarás solo, pero hallarás un nicho de mercado.  Si saltas y soportas el vacío, en la caída podrás descubrir que eres el nuevo gurú de la tribu.

Para ello se ha de iniciar por algo básico, más no sencillo.  Realizar un estado de costo  versus beneficio.  Preguntarse a qué costo estoy donde estoy para obtener los beneficios que creo recibir, da la pauta para que se inicie el proceso de apertura de consciencia, de mente presente, que concede la reflexión sobre: qué tanto respeto recibo, qué tan acompañado estoy, qué grado de admiración me tienen y qué calidad de afecto me dan en el lugar en que invierto mi tiempo, mi esfuerzo y mi producción.

Este test se resume en una pregunta: ¿me respetan?  Si uno descubre que no hay respeto, no se puede negociar la dignidad, dado que el respeto parte de sí mismo.  Quien no se respeta a sí mismo, no tiene como hacerse respetar por los demás.

Por ello, en marca personal, se ha de realizar un escrutinio del presente, tanto en el ámbito laboral, como en el familiar, en el de la pareja y en lo social.  Aclarar estos aspectos permite identificar si hago parte de la manada o por el contrario soy el gurú de la tribu.

Todo tiene un costo.  Entre más alto, los beneficios han de ser iguales.  La ecuación no miente, quien se miente es uno mismo.  Por tanto, si las cosas no están a la altura de las circunstancias, hay que recordar que sólo existe una vida para ser feliz.  Ella depende de cada uno.  O se elige pensar como todos lo hacen, o se piensa por sí mismo asumiendo el costo de la alegría de ser uno. ¿Te acostumbras a mal vivir en el malestar o saltas?

Twitter: @MARCOS_V_M

 



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