¿Sabes por qué estás pagando cara la comida?

Por: Boris Zapata Romero


¿Inflación, crisis de los contenedores, guerra en Ucrania, cambio climático, … y eso que tiene que ver con mi comida? Estamos en un mundo interdependiente, que se mete hasta en la sopa -literalmente.

Las cifras sobre el sector de los alimentos y las bebidas son claras, el Departamento Nacional Administrativo de Estadística – DANE, informó que ha sido el más sacudido por la mayor inflación registrada en el país en los últimos 5 años. Así mismo la FAO, a través de su servicio de información sobre precio de los alimentos, señaló que abril de 2022 registró un 29,8% arriba de los precios registrados en abril del año pasado.

Eso de que el mundo está interconectado, no son palabras vacías. Hoy tenemos un ejemplo en vivo y directo: la invasión rusa a Ucrania, las afectaciones climáticas y fitosanitarias en el cinturón de trigo (norte de África, Oriente Medio y Asia meridional y occidental, representan el 30% de la producción mundial), las afectaciones climáticas en China y la India, la diversidad de ritmos en la recuperación económica de los países por la pandemia de COVID-19, y la famosa crisis de contenedores.

Voy a tratar de explicar algunos de estos eventos, qué para efectos de este artículo deben ser entendidos como un conjunto.

La crisis de contenedores, en resumen ocurrió porque los barcos de transporte comercial marítimo se estancaron en los puertos donde los sorprendían las restricciones de movilidad por la pandemia, demorándose en volver a cargar nuevamente; eso, más una temporada de tifones que cerró puertos de China -que tiene nada más y nada menos que 8 de los 10 puertos más activos del mundo-, terminó duplicando el precio de los fletes marítimos.

De otro lado, tenemos el tema de la inflación. Esta es la pérdida de poder adquisitivo a lo largo del tiempo del dinero, sobre los bienes y servicios: o compras menos con la misma cantidad de dinero, o adquieres igual pagando más. El dinero es muy susceptible a los cambios de condiciones del mercado, como los de la larga lista que mencioné atrás -y que seguramente me quedé corto, pues no mencioné por ejemplo que hubo bajas en los niveles de producción en todo el mundo, lo que incluye China.

Esa disminución mundial de la producción, es la razón por la que la Organización Internacional del Trabajo – OIT registró un déficit de 112 millones de trabajos a tiempo completo en el primer trimestre de 2022, en relación a octubre – diciembre de 2019, los últimos tres meses antes de la pandemia, y que la llevó a resaltar la pronunciada desigualdad existente entre países, pues las economías ricas muestran recuperación de las plazas de trabajo, mientras las de menores rentas muestran descensos promedios de un 4%.

Colombia no es excepción. Aterrizando a la comida, todo lo ya anotado causó un alza en los agro insumos, y causó que hoy tengamos una menor área agrícola sembrada y una disminución en la actividad ganadera -la siembra agrícola se redujo un 3%, el cultivo de café un 19% y la ganadería 3%; lo que al decir del DANE, muestra un sector agropecuario en este 2022 con caída en su PIB de 2,5%.

Por eso es importante que se aborde una discusión sobre la producción nacional, el panorama general es de más alzas en los costos, de la mano de los suministros y materia prima, y no es algo de corto plazo, como lo anotó Manish Sharma, director ejecutivo de servicios de operaciones de la firma consultora Accenture, “Nuestros hallazgos indican que la interrupción podría durar hasta tres años”.

Con semejante panorama, se debe decir que la salida es de construcción conjunta al mismo tiempo que innovadora. Son nuevos tiempos, y se necesitan nuevas visiones y liderazgos.

En este punto, para ir cerrando, creo importante resaltar la necesaria incorporación en países como el nuestro de I+D+I, para que se patrocinen y adopten soluciones tecnológicas en solventar, en calidad y cantidad, la producción agroalimentaria, así como la inscripción de todos los actores del sector a las soluciones climáticamente inteligentes.

Entre los retos para la seguridad alimentaria que se pueden superar introduciendo soluciones tecnológicas en la ecuación, está el desperdicio de alimentos. A nivel mundial alrededor del 33% de los alimentos se pierden o desperdician; eso en cifras, sólo en Estados Unidos, son 48.000 millones de dólares a la basura, qué sin duda servirían a los casi 250 millones de personas que en el mundo están “al borde de la hambruna”, como lo denunció The Economits. Los mecanismos de trazabilidad segura que brinda el blockchain, son el medio.

Esfuerzos como el del Banco Mundial, ante la actual crisis de seguridad alimentaria, colocando una partida de USD 30.000 millones en proyectos existentes y nuevos en áreas como agricultura, nutrición, protección social, agua y riego, deben ser aprovechados por los gobiernos locales para fomentar la producción agroalimentaria -decir aprovechar y políticos en una misma frase causa algo de escalofrío. Pero el Banco Mundial no puede estar solo, ni los esfuerzos de las Naciones Unides a través de la FAO, ya que como lo dice ella misma, cada vez son más los factores que sumándose contribuyen a generar “múltiples riesgos e incertidumbres en los sistemas agroalimentarios”.

Así que para ayudar como ciudadanos, el primer deber de todos es informarnos, y luego hacer presión social sobre los liderazgos políticos, para que se adopte con urgencia la recomendación de la Organización Internacional del Trabajo y se desplieguen “políticas sectoriales bien diseñadas y de largo plazo que promuevan la creación de empleos decentes y verdes, apoyen la sostenibilidad y la inclusión, y ayuden a las empresas, particularmente a las micro, pequeñas y mediana”. Esperemos que esas presiones ayuden a que se interesen.

Razón que aleja a la gente de los liderazgos políticos, es su habilidad para «no estar» cuando se les requiere. En las coyunturas están -amos de la cultura de la inmediatez-, pero para los retos… Este tema es coyuntural e importante, ni el hambre de hoy ni el de mañana dan espera.

BORIS F. ZAPATA ROMERO

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