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Reconciliarnos y perdonar es la tarea

Por: Marta Sáenz Correa Ante los últimos acontecimientos, como el proceso de paz, los resultados del plebiscito, los acercamientos entre el gobierno y la oposición, las marchas de las juventudes en todo el país, el llamado de los empresarios, académicos, y las victimas a que...


Por: Marta Sáenz Correa
Por: Marta Sáenz Correa

Ante los últimos acontecimientos, como el proceso de paz, los resultados del plebiscito, los acercamientos entre el gobierno y la oposición, las marchas de las juventudes en todo el país, el llamado de los empresarios, académicos, y las victimas a que no se pierdan los avances logrados en el proceso de paz, al igual que la disposición de las partes para revisar y hacer los ajustes pertinentes al acuerdo, podríamos afirmar que lo que viene es la reconciliación.

La reconciliación es una palabra que deriva del latín: “Reconciliatio, que puede traducirse como la acción y el efecto de volver a unirse” y que se encuentra formada por las siguientes partes: el prefijo Re, que se utiliza para indicar hacia atrás, el sustantivo Concilium, que es sinónimo de asamblea, y el sufijo Cion, que viene a emplearse para establecer Acción y Efecto”.

La reconciliación es el restablecimiento de la concordia y la amistad entre dos o más partes enemistadas. Es la reunión amistosa pos conflictual entre previos oponente que restaura una relación social alterada por el conflicto. En este sentido la reconciliación es un mecanismo de resolución de conflictos, que recupera las capacidades derivadas del perdón y la comprensión de los hechos y restaura las capacidades afectivas. En resumen, es aprender a vivir juntos otra vez.

Existe una estrecha relación entre perdón y reconciliación, pero tienen distinto significado. La reconciliación exige que dos personas que se respetan mutuamente se reúnan de nuevo. El perdón es la respuesta moral de una persona a la injusticia que otra ha cometido contra ella, que permite liberarse de todo lo soportado para seguir adelante. Uno puede perdonar y sin embargo no reconciliarse.

Según el psicólogo norteamericano. Robert Enright, las personas que han sido profunda e injustamente heridas pueden sanar emocionalmente perdonando a su ofensor. Para poder perdonar a su agresor, la victima debe comprender que lo sucedido fue una ofensa. Debe reconocer que ella es tan valiosa como todas las demás personas, y que sus necesidades y sentimientos son importantes. Si intenta perdonar antes de valorarse, su perdón no será apropiado. Debemos liberarnos del dominio que la persona que nos ha herido ejerce todavía sobre nosotros.

Hoy debemos ponerle fin al ciclo del dolor por nuestro propio bien y el bien de las futuras generaciones. Cuando perdonamos reconocemos el valor intrínseco de la otra persona. El perdonar no borra el mal hecho, no quita la responsabilidad al ofensor por el daño hecho, ni niega el derecho a hacer justicia a la persona que ha sido herida. Perdonar es un proceso complejo, que solo nosotros mismos podemos hacer, al ofrecer nuestra voluntad al ofensor y encontrar el poder de sanarnos.

PARA DESTACAR:

Perdonar nos ayuda a vivir en paz. Quien haya experimentado el perdón de alguien al que se le ofendió, comprenderá la paz y la tranquilidad que se siente al quedar liberado de los sentimientos de culpa y arrepentimiento.



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