www.radio.larazon.co

Realidades del mundo laboral

Opinión/ Por: Marcos Velásquez.


Opinión/ Por: Marcos Velásquez.

FOCUS

De las preocupaciones más cercanas que tiene nuestra sociedad en la actualidad, es notar que a pesar de que los niveles de educación se han elevado en el país y la región, en el sentido de que existen más centros educativos de básica, media, técnica, profesional y de postgrados, tanto presencial como virtual, las plazas laborales no están a la altura de la demanda de los graduados.

Esto no quiere decir que en Córdoba y en Colombia “todos” tengan acceso a la educación, no.  Hay más oferta educativa, sin embargo, no todos pueden acceder a ella por falta de recursos económicos, dado que en nuestro país la educación, tanto pública como privada, para que sea buena es costosa, gracias a su sostenibilidad.

En este orden de ideas, quien opta por un proyecto de vida enfocado en el mundo profesional, es una persona que renuncia a las bondades de la sociedad de mercado, para especializarse en un área que le permita acceder a una plaza laboral que le garantice su seguridad económica.

En el imaginario de nuestro país está inscrito como imperativo categórico que, quien estudia, tendrá un boleto a un empleo.

Pensar de esta manera a lo largo de todo el proceso de formación, el cual está contemplado en aproximadamente 27 años, limita las capacidades creativas y de toma de decisión de quien se entrena para obedecer ordenes y dar continuidad a procesos establecidos.

Una persona que sea entrenada de este modo, aunque sea quien gerencie la organización, se permitirá replicar procesos establecidos ya que han funcionado de esa manera a lo largo de los años que la empresa se ha sostenido en el mercado, por tanto, no correr riesgos le permite, según su pensamiento, sostener su cargo y la economía que le fue entregada para salvaguardar.

La consecuencia de dicho estilo de pensar está en que así, la economía permanece inamovible, lo que repercute en que pensar mirando por el espejo retrovisor, hace que las organizaciones, si han de crecer, lo hagan de modo lento, contando además, con el mercado que ya tienen asegurado.

Ahora, si quien gerencia es despedido de su cargo, él experimentará en carne propia cómo su cargo está ocupado en otras organizaciones a las que él acudirá a buscar una vacante que homologue sus funciones, por personas que piensan como él.  Lo que hará angustioso y desagradable su experiencia, dado que comprenderá con pesar que difícilmente podrá recuperar su empleo, porque las circunstancias le mostrarán como un espejo, las debilidades de un estilo de pensar aferrado a las garantías tradicionales.

Si esta persona plantea incursionar en el mercado laboral del sector público, advertirá que el anquilosamiento de las dinámicas de producción es más elevado que en el sector privado, dado que contrario a lo que ha de ser el ideal de lo público, en lo referente a velar por los intereses y el mejoramiento continuo de la calidad de vida de los ciudadanos, este sector porta un cúmulo de vicios que hace que un profesional, si llega a conseguir empleo allí, inicie un proceso de depreciación profesional debido a el clima organizacional que cobija a dicho sector.

Para ese momento, el profesional que ha entregado toda su vida a una formación académica seria, a la que le ha apostado su seguridad económica, su proyecto de vida y su realización personal, caerá en el síndrome del quemado en el trabajo.

A lo sumo, ser despedido de su empleo como gerente, obedece a que la organización quizá no sabía que los síntomas del estrés crónico que padecía la persona, el agotamiento físico y mental que presentaba visiblemente, la falta de motivación en las tareas del trabajo y su retraimiento en las relaciones interlaborales, su negación a los otros y sus defensivas respuestas cortantes o de modales que no hacen parte del lenguaje de lo políticamente correcto al interior de una organización, denunciaban el grado de patología en el que estaba sumida esta persona.

Al parecer la generación de los graduados en las décadas de los ochenta y los noventa, se están viendo enfrentadas a este tipo de momentos de verdad, en que el mundo ha virado en función de la tecnología y los estilos de pensar frente a las demandas laborales que existen hoy, distan de la capacitación que se recibió para hacer parte del mercado laboral.

Seguir graduando personas para insertarlas en un mundo que no tiene plazas laborales que respondan a todas las demandas de los egresados, es a corto plazo un problema de salud laboral que no se ha contemplado en el plano del trabajo en Colombia.  Así como aun no se le ha prestado importancia al síndrome del quemado en el trabajo.

Se torna imperativo, a partir de las circunstancias, disertar sobre las realidades del mundo laboral que no se perciben en los sistemas de producción, pero sí se evidencian en las particularidades de una economía nacional que exige ser pensada de otra manera, dado el quiebre en los sistemas de producción migrados a la tecnociencia, la cual consuma al empleado, borra al sujeto y no permite la construcción de marcas personales.

Twitter: @MARCOS_V_M



¿Qué opinas de esto?