¿Qué hunde a Montería en materia de competitividad?

Por: Boris Zapata Romero


Opinión. Hoy día se habla mucho de competitividad; se usa el término como vaso de coctel que se sujeta moviendo la mano con elegancia, a la espera que el solo movimiento refleje de quien lo porta algún halo de distinción, sin importar que contiene.

La competitividad, el termino y su definición, pertenece al mundo de la economía política, y hace parte de todo un mundo de discusiones que ha creado tendencias de pensamiento, entre las que se destacan la del Institute of Management and Development de Suiza, que a través del profesor Stéphane Garelli, la define como un campo del conocimiento económico, que analiza los hechos y políticas que forman la capacidad, o incapacidad, de una nación para crear, facilitar y permitir la competitividad de las empresas, y estas a su vez son las que asumen la función de creación de bienestar (Dejo acá un link para quien quiera escuchar al profesor Garelli: https://www.youtube.com/watch?v=Nb-BQ5X7eXY).

La otra escuela es la de la Universidad de Harvard, que vincula su desarrollo conceptual a un artículo publicado en 1990, de un estudio de cuatro años realizado por Michael Porter, que analizó diez naciones ejemplo de modelos de éxito empresarial. Esta corriente (Harvard), cuya definición se encuentra en este texto más adelante, es la misma adoptada por el Foro Económico Mundial (o World Economic Forum – WEF, en inglés) y la acogida en Colombia por el Sistema Nacional de Competitividad e Innovación, que desde el 2018 con el índice de Competitividad de Ciudades – ICC, a través del Consejo Privado de Competitividad, publica un ranking de las ciudades del país en esta materia.

Sé que no es grato verse mal parado ante cualquier situación, sin embargo, permitir que un estudio serio como el del ICC sea una guía a pesar de lo que indique, es lo correcto. ¿Han visto como un cachorro cuando va a tomar agua por primera vez en un cuerpo de agua que está quieto, se asusta al verse reflejado? Pues la cuestión es que, si quiere pasar la sed, le toca perder el miedo y meterse de cabeza al agua.

Lo primero sobre el índice, es que Montería ocupa el puesto 18 entre las 32 ciudades capitales, con una nota general en rojo de 4,78.

Lo siguiente que quiero traer a colación es un aparte del mismo estudio, que me parece tan poderoso en su mensaje, que debe ser apropiado antes de conocer más de los resultados, y que dice que:

“Los puntajes obtenidos a través de esta medición, a nivel general y en cada uno de los pilares que la conforman, deben ser utilizados para identificar brechas existentes frente a ciudades que, al presentar un mejor desempeño, se consideran como buenas prácticas. Lo anterior es un punto de partida para que el sector público, el sector privado y la academia trabajen de manera articulada para lograr una mejora continua en todos los indicadores. Esto cobra una mayor importancia al tener en cuenta la visión del WEF que considera a la competitividad como un asunto integral, por lo que, no es recomendable abandonar ciertos aspectos del desarrollo competitivo por apostarle a otros. En su lugar, se invita a las ciudades a trabajar en todas las áreas de la competitividad de la mano de todos los actores involucrados”.

Es claro, la competitividad es una suma de factores y actores, que va muchísimo más allá de los conceptos de suma y resta, y que el mismo Foro Económico Mundial define como: una economía competitiva, creemos, es una economía productiva. Y la productividad conduce al crecimiento, que permite niveles de ingresos más altos, y es de esperar, a riesgo de sonar simplista, a un mayor bienestar.

En ese sentido, se debe dejar claro que el ICC del 2020 se conformó por cuatro factores (condiciones habilitantes, capital humano, eficiencia de los mercados y ecosistema innovador) evaluando más de 100 indicadores divididos en 13 pilares.

Teniendo todo esto apropiado, quiero señalar algunas de las “notas” más bajas, todas por debajo de 3.5 sobre 10, que merecen atención porque son las que halan la calificación general. La primera es la de la autonomía fiscal, que siendo de 1.9 deja en evidencia un punto flaco a cubrir. Se que algunos dirán que sin descentralización es muy complicado tener posibilidades de generar ingresos propios, a lo que respondo que lo entiendo plenamente, sin embargo, mientras logramos más espacios para las entidades territoriales, hay que preguntarle a Tunja: ¿qué hacemos para tener una nota como la que obtuvo en esta materia de 8.4?

Otra de las malas notas está en los temas de gestión ambiental y del riesgo, que nos dice que nos rajamos con 0, en “Empresas certificadas ISO14001”, que no es nada más y nada menos que la norma de “protección del medio ambiente”. Este tema es clave para encontrar desarrollo y progreso, y en él hay que aunar esfuerzos con seriedad entre la CVS, las cámaras de comercio, los gremios y las alcaldías del área metropolitana.

También rajados en oferta cultural con 0,9 y ocupando el puesto 31 de 32; esta es la suma de pésimas notas en ejemplares de biblioteca por ciudad, museos, escenarios culturales, recaudo por eventos culturales, y el 0 en bienes de interés cultural.

De los indicadores que deben invitar a reflexionar entre los liderazgos políticos, académicos y empresariales, son los de “cobertura bruta en formación técnica y tecnológica” con una nota de 1.1, “número de egresados del SENA vinculados al mercado laboral” con 1.6, el de “formalidad laboral” con un preocupante 1.9, “complejidad del aparato productivo” 2.9 y la muy diciente nota general en el pilar 13: “innovación y dinámica empresarial” de 2.9.

Quiero decir sobre lo anterior, que tras que hay una oferta técnica y tecnológica que falla en la orientación de los programas (mucho de apoyo al sector de servicios y poco de tecnología, industria y agroindustria), las dificultades posteriores para la ocupación laboral de los que sí toman estas opciones, gracias a la poca demanda de empresas que generan gran valor agregado, subrayan de nuevo la necesidad del enfocar estratégicamente a Montería la ciudad-región; ¿Hacia dónde?, pues hacia la competitividad.



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