Que al vallenato no le caiga la gota fría

Por Róbinson Nájera Galvis


La muerte de los cantantes Rafael Orozco, Diomedes Díaz y Jorge Oñate, representa un duro golpe al vallenato, sobre todo a ese aire musical que en 2015 fue declarado por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, por “desempeñar un papel esencial en la creación de una identidad regional común”. Pero el testarazo se debe no sólo a la pérdida de las consideradas 3 mejores voces del género, sino también porque eran unos de los más empecinados en defender la pureza del vallenato sin que se mezclase con otros aires.

Rafael Orozco en su última entrevista, argumentó que se podía internacionalizar el vallenato mejorando la forma sin afectar su esencia. Así lo hizo llevándolo exitosamente por primera vez al Madison Square Garden. Por su parte, Jorge Oñate decía que a quien lo invitara a grabar reguetón o champeta le pegaba una trompada, porque según ÉL el vallenato para recorrer el mundo no necesitaba de fusiones, y Diomedes Díaz, no dijo ni hizo nada porque sus hermosos versos y su prodigiosa voz fue un huracán inatajable que no necesitó de ningún artificio.

En efecto, el vallenato para universalizarse no necesita de fusiones ni mucho menos de tantos recovecos, requiere de originalidad, calidad y hermosura, y con eso es lo que cuenta a montones la gama de acordeoneros, compositores y cantantes que en Colombia cada día se reproducen como la verdolaga. No entendemos de donde salió la peligrosa idea de que el vallenato para que pueda ser escuchado en el mundo requiere pegarse de otros aires. Qué pena, pero eso no fue lo pretendió la Unesco en su importante declaratoria.

Un ejemplo de lo expresado es que el vallenato más escuchado en el mundo y en todos los tiempos, es LA GOTA FRÍA. Durante unos 82 años de vigencia, con más de 80 versiones ha sido grabada por artistas de la talla de Carlos Vives, Julio Iglesia y Paloma San Basilio, y lea bien, es obra del talento y la espontaneidad de un campesino llamado EMILIANO ZULETA BAQUERO, quien jamás se enfrentó a sus adversarios con un puñal o un fusil sino con su acordeón, para doblegarlos y ganarse el privilegio de saborear el primer trago en la parranda.

El vallenato es un aire provinciano que para posicionarse internacionalmente ha tenido que luchar con serios obstáculos, incluso con la élite valduparense, pues en sus inicios, según los estatutos del Club Valledupar, quedaba terminantemente prohibido llevar a los salones música de acordeón o parrandas parecidas, para que ahora después de haber logrado un avance tan significativo, algunos ladrándole a la luna, quieran cercenarle su belleza narrativa y su poética natural, y en cambio, remplazarlos con versos incoherentes y una mayor rapidez en la nota.

Ojalá los acordeoneros de nota sólida, los poetas inspirados en la naturaleza y la mujer y los cantores de sentimientos sublimes, no se dobleguen para que con toda fortaleza puedan impedir que al vallenato también le caiga la GOTA FRÍA.



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