Pueblito agrícola de cantautores

Por: Rodrigo Acevedo Marsiglia


Opinión. Considero pertinente compartir algunos aspectos de suma importancia relacionados con la influencia que tiene la agricultura y el pueblo, en la música, en el músico que interpreta cualquier instrumento y el cantautor.

Así las cosas y mas allá de sentirnos ofendidos por justa causa, tras el comentario aquel que señala a Montería como el pueblito agrícola y artesanal, donde además el cantautor no existe. Es mejor soltar una carcajada de risa burlona, haciendo honor a nuestra música, a nuestros músicos y a esos cantautores que traspasan fronteras contando historias.

Hablar de música en el departamento de Córdoba es hablar del campesino con raíces mestizas; influenciados por la agricultura; de allí los cantos de vaquería, los guapirreos, las vivencias y los mensajes cantados de trochas a trochas de camino, por cosecheros, jornaleros y juglares, de esta forma y casi que de manera empírica surge el cantautor, que se ha perfeccionado con el paso del tiempo , incluyendo nuevas formas de contar las vivencias cantadas en cualquier género. El músico por su parte se gesta en medio de la relación armoniosa y el contacto permanente con los animales y el monte, imitando sus sonidos por medio de instrumentos creados con elementos del medio, algunos de ellos por ejemplo:

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La gaita, la tambora, entre muchos otros, que se asocian a manera de diálogo para darle vida a inspiraciones campesinas como el mochuelo en los Montes de María, la matica de mafafa de Josefa, el polvorete del gallo, la vaca prieta y esos sabores del porro que tanto disfrutamos.

Todo esto reafirma el referente histórico marcado por predominancia de la agricultura y su gran influencia en el cantautor que recrea y canta vivencias y en el músico que las acompaña interpretando los sonidos de instrumentos, ambos construyen el fascinante mundo de la música que nos identifica y dota de alegría nuestra cotidianidad. Esa cotidianidad que inspira y se mantiene viva en el pueblo (el pueblito) cualquiera que sea; quizá pueblo del que se fue el viejo Miguel buscando paz y tranquilidad o tal vez el pueblo Ciénaga de Oro, en donde la aventurera que se fue a recorrer el mundo, tiene quien la quiera, el pueblo querido al que el Negro Alejo hizo honor con su acordeón, ese mismo pueblo que a orillas del río Sinú puso a navegar un amor aquella tarde de ensueño. El pueblo que inspira y que llevamos dentro.

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Estas son razones más que suficientes, para ensordecer los oídos a palabras necias, es preferible sonreír de dicha y cantar una canción bonita, para seguir rindiendo honor a nuestros cantautores y músicos, profesionales y emergentes, que contribuyen a la construcción de uno de los muchos rasgos identitario de nuestra cultura.



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