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Por qué pensar en Marca Personal

El fin del pleno empleo. Por Marcos Velásquez. A finales de 2008 me impresionó ver en la cobertura de noticias internacionales, a altos ejecutivos del mundo de las finanzas en las calles de New York, quedándose sin empleo. Había surgido la crisis financiera de principios...


El fin del pleno empleo.

Por Marcos Velásquez.
Por Marcos Velásquez.

A finales de 2008 me impresionó ver en la cobertura de noticias internacionales, a altos ejecutivos del mundo de las finanzas en las calles de New York, quedándose sin empleo. Había surgido la crisis financiera de principios de siglo.

Ello, gracias al estallido de las llamadas hipotecas subprime o hipotecas basura, las que daban cuenta de la desmedida burbuja especulativa de las inversiones inmobiliarias.

El impago de la deuda de dichas hipotecas, llevó a la recesión de las economías industrializadas, como el caso de España y el mismo EE.UU.

El discurso económico de occidente: consumir, producir y vivir del crédito, entró en crisis, promoviendo los despidos masivos en las grandes organizaciones, para no caer en banca rota, al igual que el desesperado esfuerzo de los bancos que buscaron apalancamiento en sus homólogos, para cubrir el faltante que les dejaba el impago de las hipotecas.

A su vez, un joven que había dedicado dieciséis años de su vida a la empresa en que trabajaba, y que desde su cargo como gerente desde que salió de la universidad, se encargó a lo largo de esos años de posicionarla en el medio y consolidarla como una empresa fuerte no sólo en su sector, sino en el mercado, consiguiendo sostenerla en el top del ranking regional, fue presa de lo que hoy se denomina burnout: “síndrome de quemarse en el trabajo”.

 Éste hombre, después de haber dado todo por la empresa que lo recibió en el mercado laboral, con la que creció y se fortaleció, por un cambio de gerencia en el nivel central, lo despidieron sin darle mayores argumentos.  Sólo le dijeron que al haber cumplido con las metas trazadas, para la empresa, era el momento de dar un giro a la visión de esa gerencia regional.

Su rabia, indignación y desconsuelo, lo llevaron a escucharse a sí mismo, lo cual decantó en el siguiente real: a lo largo de los años que le dedicó a esa empresa, había aprendido a gerenciar ese negocio, pero no se había preocupado por aprender a gerenciar su propia vida.

Estas dos realidades me llevaron a pensar en el problema del mundo laboral del siglo que nos toca vivir a nosotros: el fin del pleno empleo.

La lógica del mercado laboral.

Sumado a ello, tuve que tratar de entender las dinámicas sociales de hoy, las cuales son más aceleradas y menos condescendientes con el prójimo.

Lo que es útil se aprovecha, lo que no, se desecha.  Sin discriminar si se trata de un ser humano, o de una cosa, dado que la producción sostiene la dinámica del mercado, con el objetivo de que ésta decante en consumo efectivo o a crédito.

Las generaciones de nuestros abuelos y de nuestros padres vivieron un mundo en que el tiempo se sustentaba a la par de su producción.  Podría arriesgarme a decir que fue un tiempo donde hubo un leve equilibrio entre producción, mano de obra y consumo, hasta que llegó la industrialización.

Pero, después de 1990, con la Red Informática Mundial (WWW, por sus siglas en inglés: World Wide Web, creada por Tim Berners-Lee), hoy conocida como la Web, el tiempo de producción y de consumo cambió, al crearse con ésta forma de comunicación virtual un mercado que demanda información, agilidad y conectividad, cuando en la época de nuestros ancestros, sólo se requería calidez, claridad y cumplimiento.

Esta forma de comunicarnos ha producido un nuevo mercado, con una dinámica donde el tiempo es real: 24 horas donde quiera que uno esté.  Con una particularidad, que para nuestra generación actual y las futuras, es imposible no estar en él.

Por tanto, hoy no basta con tener un pregrado y querer un empleo.  La dinámica global impone que cada quien es su propia empresa.

Aunque se trabaje dentro de una organización, cada sujeto tiene que responder con su producción, no sólo a la organización o a la empresa, si no al mercado global en sí mismo.

El trabajador de hoy no puede fiarse de la posibilidad de la jubilación, porque con la recesión económica con que inició el siglo veintiuno, pensar en ello es apostar por un ideal improbable.

Tanto organizaciones como empresas cierran más rápido las puertas del mundo laboral, reduciendo sus nóminas de empleados para no entrar en quiebra, aunque el costo de ello sea el incremento en las funciones del trabajador.

Como tampoco llegar a pensar que se es imprescindible en una organización u empresa.  Por costos de producción, no basta con hacer bien el trabajo, hay que “innovar”.

Por tanto, la lógica del mercado laboral hoy impone una estrategia en la que el tiempo invertido en una empresa u organización, más que garantizar el salario y las prestaciones, le permitan al trabajador consolidar lo que hoy se conoce como: marca personal.



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