Pequeños grandes héroes

Por: Ricardo Nicolás Madera Simanca


Opinión. La Real Academia Española define el término héroe, como: “persona que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble”. Pocas palabras, pero, de un vasto e inmensurable contenido. El mundo moderno nos aporta ciertos estereotipos, por ejemplo, el Universo Marvel ha hecho de Iron Man, el súper héroe preferido de muchos. Pero, ¿cómo no? El personaje de Tony Stark es un genio, millonario, filántropo y dueño de una armadura tecnológica de hazañas inimaginables. De esta manera, los niños crecen con la fantástica ilusión que un héroe es alguien que posee muchísima fuerza, velocidad, puede volar, en fin, posee un sinnúmero de habilidades que desbordan más allá de la frágil naturaleza humana; y todos quieren ser como ellos.

Sí, todos quieren ser como ellos y está bien. Incluso es mejor querer emular un personaje fantástico, que a “El Capo” o “La Prepago” de la novela o serie que la tendencia parece imponer. Hoy, cuando el mal vive en constante acecho, resulta oportuno repensar acerca de quiénes son los verdaderos héroes.

Recordemos que, respetando tus creencias, Jesús de Nazaret, según la fe cristiana, fue el hijo de Dios vivo que vino a la tierra a dar la vida por todos nosotros. Su historia denota quizás la más grande lección de heroísmos, sin ahondar en los detalles de su prediga, como: “Al que te golpee en una mejilla, ofrécele la otra”; “al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues”. Lucas 6:29. Sin duda, una invitación al dominio de las reacciones primarias y un llamado al autocontrol. A diferenciar con claridad que lo material, no es asunto de primer orden. “Ámense los unos a otros, como yo os he amado”. Juan 13:34. Los evangelios cuentan que Jesús fue cruelmente torturado y dio la vida por nosotros en la cruz y posteriormente, resucitó al tercer día. Pero, bueno, este escrito no busca ilustrarlos sobre escritos bíblicos, retomemos.

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Es hora, más bien, de echarle un poco de memoria a la infancia ¿Quién de niño no quiso ser médico, policía, bombero, maestro, entre otros? la mayoría seguramente; mantengamos ese recuerdo por un momento. Volviendo al mal que nos acecha, el mundo hoy lucha contra una pandemia; quizás una de las más terribles en las últimas décadas, el COVID-19. Más de 3 millones de casos confirmados, cerca 300 mil muertos y tan solo un poco más de 1 millón de recuperados en el Mundo, según la Universidad Johns Hopkins (Baltimore, EE.UU. – mayo de 2020). ¡Oh!… ¡Mal al acecho! ¿Quién podrá salvarnos? Esta vez no será el Chapulín Colorado, aunque en medio de la tragedia la sonrisa puede ser buen tratamiento y no podemos perder la esperanza… ¿Dónde están los héroes? ¿Cambiaron sus súper poderes y se convirtieron en seres humanos? Ahora los vemos representados en nuestros médicos, enfermeras, personal asistencial, técnicos, profesionales, especialistas de la salud y fuerza pública.

Ellos son la primera línea de ataque contra este mal. Ellos, gracias a sus armaduras y capacidades, dan su vida a cambio de salvar las nuestras. Como ellos, hay otros de carne y huesos, que desde el campo, las calles y otros escenarios dan lo mejor de sí para ayudar a salir de esta, ¡para salir adelante!

Están también los héroes que investigan, amantes de la ciencia quienes desde un laboratorio luchan por conseguir una cura, los mismos que concluyeron que, mientras la vacuna llega hay que aislarse, distanciarse físicamente, y a la vez, asumir el enorme reto de fortalecer el vínculo intangible de las almas que aflora en la solidaridad y el amor por el otro.

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¡Quédate en casa! Dijeron. Que no salgan los adultos mayores. Tienen mayor riesgo, dicen los héroes científicos. Cuiden a los niños, la prolongación de la existencia humana. Ellos, desde hace semanas dejaron de ir a la escuela o salir a la calle, al parque y menos a los juegos del centro comercial más cercano; éstas son las medidas para cuidarlos. Medidas que su vez, hacen que intervengan otros héroes.

Como el héroe profe. El mismo, que desde la distancia pone en práctica su vocación, formación y las herramientas que enlaza con la nube; convirtiendo un rincón de su casa en el aula acercando el conocimiento a sus alumnos. También identificamos a los héroes padres, quienes maratónicamente le sacan más horas al día para acompañar a sus hijos en este nuevo escenario de formación. Es cierto que el padre educa con el ejemplo y otras cosas, pero, obviamente no todos estudiaron pedagogía. Sin embargo, a pesar del cansancio, el poco manejo de los recursos educativos, hace equipo con el héroe profe procurando que el niño aprenda lo mejor posible, no es fácil, pero la conjugación de sus poderes lo hace posible. Limitantes hay muchas, si se hace una evaluación consciente de los estándares regulares, seguramente, estamos lejos de las metas, pero, para los optimistas como yo ésta situación constituye la oportunidad de reinventarnos, de identificar en medio de la dificultad, oportunidades para crecer.

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El contexto es complejo, el resultado que busca la educación tradicional no es el que se va a obtener… ¿y si nos adaptamos y transformamos? Quizás esté no es el momento para aprender Ciencias y Sociales como antes, y no es que no sea importante, pero puede ser la ventana, para despertar la solidaridad, resiliencia, para apostar por el ser y recordar las clases de ética y valores.

Todas esas habilidades blandas que parecían haberse perdido, puede ser éste el momento para que los héroes padres doblen las rodillas, se pongan a la altura cognitiva de los niños e imaginen, a través del juego, una parte de ese maravilloso mundo en el que viven los héroes niños. Los pequeños grandes héroes; quienes sumergidos en su mundo de los por qué, escuchan las respuestas sin mayor resistencia y obedecen. Ellos, con sus inocentes miradas, entendieron y se quedaron en casa. Estando ahí, a su altura, es posible ver a través de sus ojos, ese mundo en el que la caja de cartón, la silla, la maleta, tienen más funciones y súper poderes que un juguete de marca.

Mi invitación es a adentrarnos con ellos en ese mundo imaginario donde la casa es un lugar mucho más grande, donde no es posible perder si existe una sonrisa y en el que volver a empezar es siempre posible, donde la alegría parece no tener fin, donde su mirada es una recarga de amor. El mismo mundo en el que esos pequeños grandes héroes nos animan a guardar la esperanza de salir de esta situación con poderes más sensibles, menos egoístas y sobretodo, más humanos.



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