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Para no ser empleado, hay que pensar

Por Marcos Velásquez. Pensarse como una marca intangible. Una marca ha de contar con un mercado, una estrategia, claridad del producto y equilibrio. Cuando pensamos en productos tangibles, fácilmente podemos apreciar estos elementos que nos ayudan a identificar la marca, e incluso, si la recordamos,...


Por Marcos Velásquez.
Por Marcos Velásquez.

Pensarse como una marca intangible.
Una marca ha de contar con un mercado, una estrategia, claridad del producto y equilibrio.

Cuando pensamos en productos tangibles, fácilmente podemos apreciar estos elementos que nos ayudan a identificar la marca, e incluso, si la recordamos, tenemos que decir que está posicionada en nuestra mente (Top of mind).

Sin embargo, cuando vamos a construir una marca personal, por su cualidad de intangible, “nos hacemos un ocho”, dado que no estamos acostumbrados a pensar en la producción de intangibles.

Por nuestra educación y nuestros estilos de consumo, sólo vemos los productos físicos, más no los psíquicos.

El ser humano habla, y al hacerlo, antes que completarse, entra en construcciones simbólicas que le permiten construir su realidad psíquica. Así, si uno tiene sed, bebe agua. Lo usual es que poco importa la marca de agua que uno utiliza para calmar la sed. El producto sacia la necesidad: hay completud, a pesar de que más adelante uno va a volver a tener sed.

Pero cuando uno se pregunta ¿qué quiero?, o ¿qué soy yo?, uno se sorprende porque aflora la necesidad del otro, en términos de la significación. Yo, por mí mismo, sólo soy si el otro me nombra: si usted no me lee, yo no puedo decir que escribo, porque aunque lo haga, sólo el hecho de que usted lea da cuenta de que yo tengo un sentido como escritor. Igual que un profesor, sólo si los alumnos están al frente suyo, él podrá nombrarse como tal.

Esta relación al otro da cuenta de que, por más que quiera auto-determinarme, es el otro quien me permite construir un sentido. Ahora, si yo como producto intangible me nombro a partir de mi título técnico o profesional, y no por lo que soy, el mercado obtendrá de mí un empleado: una persona que ejecuta funciones, cumple con un horario, es subordinado a un superior jerárquico y recibe un salario.

Paradójicamente, algunos formadores caen en la nefasta lógica de preparar a sus estudiantes para que piensen como empleados. Lo hacen cuando los centran más en sacar una buena nota, y no en la adquisición de la experticia requerida para lograr un resultado. A lo sumo, este tipo de formadores sólo proyectan en el otro, su incapacidad de pensarse como una marca intangible.

De este modo, es necesario pensar que para que una marca personal tenga equilibrio, un mercado y una estrategia, es crucial tener claridad sobre el producto, el cual se pierde desde que nace, en sus búsquedas de significación en el otro.

El Yo como producto.
En el mundo de la mercadotecnia, las marcas tienen elementos tangibles e intangibles. Como trato de comprender qué es una marca personal, escribiré sobre la parte intangible de ésta, que a mi modo de leer el asunto, no es más que el Yo como producto.

Quizá el fin último del ser humano es llegar a comprenderse a sí mismo. Píndaro lo decía de éste modo: <>.

Para ello, y para comprenderse uno, que es lo que yo nombro en éste escrito como “claridad del producto”, debemos tener presente que nuestro origen, en tanto sujetos del lenguaje, es el mundo simbólico.

Las palabras nos exceden, antes que colmarnos. Prueba de ello, el incansable niño preguntando: <<¿Y por qué?>>, si no se le pone un límite, puede entrar en el desespero, e incluso, en el sin sentido.

En tanto marca personal, Yo he de trasmitir el producto que soy -lo que ofrezco- al mercado. Sin embargo, por la falta de claridad sobre mí, entro en las demandas del mercado y no en la necesidad que yo puedo resolverle.

Es decir, al no tener la claridad sobre qué soy yo como producto para ofrecer, antes que venderme, le digo al mercado: qué me ofrece y yo cumplo con esas funciones, con las otras que usted me pide y acato el sueldo que usted me pague. Pienso entonces como empleado.

Entenderme como producto, tener claridad sobre mí como marca personal, es saber que yo tengo algo que ofrecerle al mercado, y no esperar que el mercado “me dé la oportunidad” para yo ejecutar las funciones que él me demanda.

De éste modo, lo primero que debo trabajar para tener claridad como marca personal, es mi acervo simbólico. Me corresponde desentrañar las palabras con las que me identifiqué, las que me han marcado de modo positivo o negativo, ya que ellas son el soporte del mundo en el que vivo.

No es una tarea fácil, pero tampoco imposible. Se trata de hacer algo que hoy no hacemos: reflexionar. Sacar un poco de tiempo para ver cómo me han marcado mi familia, mis amigos, la sociedad y mis figuras de autoridad, en mi vocabulario, el cual da cuenta de mis actos, y por ende, de mis elecciones.



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