Orgullo Cordobés en la Defensoría del Pueblo

Por Juan Sebastián Quintero Mendoza


La capital del oro blanco, vio nacer a Carlos Camargo, Defensor del Pueblo de Colombia, el cual inicia su tiempo en el cargo y seguramente dejará huella positiva: Es conocida su sensibilidad social, sé que irá personalmente a sentir cómo vive la gente que no tiene agua potable, energía o carreteras, pero sí el asedio de los criminales.

De igual modo, no le tendrá miedo a la selva, ni se dejará intimidar por los grupos armados, ni por la ruda geografía Andina. El Defensor del pueblo es, en el mejor sentido de la expresión, un hombre de pueblo (valga la redundancia), un colombiano que no le va tener miedo a viajar en mula, en embarcaciones de madera y visitar los rincones más remotos y violentos del país. No le va a importar pernoctar en hamacas, ni bañarse en ríos. No le hará el feo a nada, por eso estoy convencido que dejará a nuestro departamento en alto.

Así es Carlos Camargo, un abogado, muy estudioso y con gran sentido social que asumió la cabeza de la Defensoría del Pueblo, en un momento crítico para los derechos humanos en zonas dominadas por grupos armados dedicados al narcotráfico y la minería ilegal.

Me preocupa que la pandemia no le permita viajar al comienzo de su periodo. Por su talante sé que está convencido de que la tarea más importante de un defensor de derechos humanos, además de ser íntegro, es recorrer el país y experimentar en carne propia, cómo vive la gente en la Colombia profunda, donde no hay agua potable, energía o carreteras y en donde las poblaciones están asediadas por grupos ilegales.

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Estos van a ser algunos de los retos que sé que asumirá de la mejor manera nuestro Defensor del Pueblo:

  1. Hoy los criminales no entierran a los muertos.

En época de pandemia siguen los asesinatos, lo único que viene cambiando, es que los alzados en armas ya no llegan en grupos buscando a los líderes sociales, sino que ahora utilizan la modalidad del sicariato. Cuando les interesa generar pánico, dejan tirado el cuerpo; no lo sepultan, no lo desaparecen, como solían hacerlo durante el conflicto. El Registro Nacional de Desaparecidos (RND) cuenta con un total de 89.736 casos de personas reportadas como desaparecidas. Estos casos se encuentran a la vez clasificados en dos grupos, los casos en los que se presume el delito de desaparición forzada y los catalogados como “sin información”.

La Defensoría del Pueblo ha documentado 627 líderes y defensores de derechos humanos asesinados en el marco del postacuerdo con las FARC. Pero proteger a los líderes sociales que son asesinados por oponerse a los cultivos ilícitos, a la deforestación o la minería ilegal, no es tarea fácil. El mismo entorno rural le facilita al crimen organizado, asesinarlos. La protección tiene que venir de la misma comunidad y de manera colectiva.

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Los asesinatos no se solucionan con un chaleco antibalas o un carro blindado, sino con garantías de producción agrícola, con apoyo incluso privado. Si no se saca al campesino y al afro del abandono, no va a haber paz, pues a las mafias les conviene mantenerlos en la pobreza.

  1. Apoyo a los que se juegan la vida en las regiones.

El Defensor del pueblo va a apoyar las tareas de los defensores regionales y de todos los funcionarios locales que se juegan la vida en las regiones. Y afortunadamente, por ser un ser con un gran don político, logrará llevar representación institucional a lugares que no conocen lo que es un funcionario público. Por su talante aguerrido no le dará miedo visitar zonas plagadas de guerrilla.

El campo colombiano está afectado no sólo por el crimen organizado local, sino que hay presencia de mafias brasileñas y mexicanas atraídas por el negocio de la madera, del oro y el narcotráfico. Este es otro panorama difícil que encontrará nuestro coterráneo.

  1. Llamado a ayudar a Colombia a atender a los refugiados y migrantes venezolanos.
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Sobre la migración venezolana, el defensor del pueblo deberá hacer llamados a la comunidad internacional para que no abandone a Colombia en esta grave crisis migratoria. Los ciudadanos venezolanos serán muy importantes para la economía del país. Pero hay que darles condiciones mínimas, nadie deja su país porque quiere, sino porque le toca.

Frente al hacinamiento en las cárceles que es del 54,9%, el defensor del pueblo debe conminar al gobierno de Duque para que tome acciones urgentes especialmente en el marco de esta pandemia y abogar por la detención domiciliaria para descongestionar los penales en donde a la fecha, hay más de 4.600 contagios.

Conclusión: Retos grandes para un luchador incesante.

Son grandes retos, pero el Defensor del Pueblo tiene todos los pergaminos morales y profesionales para cumplirle, de la mejor manera, al país y a nuestro departamento. Sé que de la mano de la constitución, la Ley y Dios, Camargo va a dejar una huella indeleble, con tinte cordobés, en la historia contemporánea de Colombia.



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