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Nuestro lugar en las minorías

Opinión / Por: Marcos Velásquez.


Opinión / Por: Marcos Velásquez.

COTIDIANIDADES

Las minorías en el mundo han tomado fuerza.  Eso no está mal.  Dentro de ellas, en las nuevas generaciones, una minoría ha crecido de modo considerable: los animalistas.

En la Real Academia Española (RAE), su primera acepción es la del dicho del arte o de sus manifestaciones: que tienen como motivo principal la representación de animales. La segunda es, que cultiva el arte animalista. Escultor animalista.  Y hoy por hoy, de manera mundana, es más identificada por la de defensor de los animales.

Estimo que para nadie está en duda que a los animales hay que defenderlos.  Pero, adentrándome a un terreno espinoso, también estimo que si un animal nos ataca, antes que pensar en defendernos, lo primero que pensamos es en matarlo.

Justificamos el acto de matar a un animal porque nos ataca.  O porque somos carnívoros y, en nuestra dieta, se plantea que la porción de carne aduce el sacrificio del animal.  Valoro que en ambas posiciones pensamos primero en nosotros, antes que en el animal.  A lo sumo, los animalistas ortodoxos, recalcitrantes, optan por ser vegetarianos, con tal de ser fieles a su defensa del animal, sin embargo, no sé qué harían si el animal los ataca.

Para las nuevas generaciones, digo, los que han crecido con la era del internet, las redes sociales y el streaming, los animales se han tornado en una representación de su alter ego, lo que los lleva a una defensa apasionada de estos.  Sin entrar en detalles, sería oportuno ver en su intimidad, el comportamiento de ellos con sus pares, seres queridos o sus parejas, en pro de exaltar también esa afiebrada forma de exigir y tratar bien a los seres que aman.

Dentro de sus defensas, los animalistas se han planteado que las corridas de toros bravos son un acto de barbarie y de tortura.  La exposición de la crueldad del hombre que se dice civilizado, contra un animal desvalido.

Hubo un tiempo en que el existencialismo, como corriente filosófica, se encargaba de la defensa de los derechos del hombre, pero hoy no sé cuál es la corriente filosófica que se preocupa por la defensa de los animales.

Más allá de los estilos de pensar, lo que si se es que un toro bravo muere en la arena como un sacrificio, como la representación de lo ineludible de la muerte, como una forma en que la catarsis colectiva de los que ven y la pulsión del matador, pueden decir que a pesar de la belleza, las cornadas y la innegable suerte, todo allí es una oda a la vida, la que es cruda y nunca nos deja de sorprender.

Para que un toro bravo esté en la plaza, se requiere un hato de ciento veinte vientres de vacas bravas y dos toros de su misma raza.  Quiero subrayar con esto que, para que un toro bravo muera, se requiere que sus madres lo estén pariendo en mayor cantidad.  Por ende, si se quita al toro de la corrida, también desaparecen sus madres con los sementales que las sirven.  Por razones de sentido común, el negocio es quien permite la sostenibilidad de la cría de ganado bravo.

Quizá los animalistas en su defensa, no alcancen a comprender que sacar las corridas de la historia de la humanidad, es hacer que la raza brava desaparezca de la faz de la tierra.  Contribuyen como animalistas a la extinción de los toros bravos.  Gran paradoja.

Ahora, no sé qué tan enterados estén los animalistas de que sus actos de defensa, son utilizados por la falta de argumentos de algunos políticos, para hacer política.  En Colombia los diestros se han tornado en una amenaza para los siniestros, y estos, con ideologías anacrónicas se amparan en la candidez de quienes quieren reivindicar el buen trato que piden para sí, a través de los animales.

Soy consciente de que la discusión está en el tapete.  En esta oportunidad solo prologo un largo debate, que ojalá se centre en el toro y no en ideologías.  Por ello, tengo presente que la incapacidad de escuchar prima ante la capacidad de razonar.  Sin embargo, los amantes de los toros bravos y de las corridas de toros, tenemos el derecho a decir con argumentos, por qué defendemos nuestro lugar en las minorías.

Twitter: @MARCOS_V_M

 



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