Nostalgia de la chancleta

Por Robinson Nájera Galvis


La chancleta es un tipo de sandalia sencilla, hecha de una suela de caucho o cuero que se sostiene al pie por medio de 3 o 4 tiras, pero en los tiempos del trompo y la cometa, las famosas chanclas también servían como objeto corrector de niños y jóvenes que realizaban alguna pilatuna o acción considerada incorrecta, pues hace poco hice una encuesta a varios amigos pasaditos de los 30 años y todos confesaron haber probado la chancleta en sus nalgas y piernas.

Y cuando el gran Diomedes canta que “sólo lo aquietaban los pencazos del viejo Rafael”, fue chancleta lo que llevó también.

A propósito de chancleta, cierta vez que me dirigía a practicar fútbol en un barrio de Sahagún, observé como una señora molía a chancletazos a su hija de 8 años porque regó sin darse cuenta la bolsa de azúcar que fue a comprar. Mi sensibilidad por los niños me hizo detener y a riesgo de ser golpeado, me interpuse entre la chica y la mujer.

Afortunadamente ella bajó la guardia y un poco más sosegada, como si me diera una clase, explicó que esta generación de ahora anda como anda porque nadie se atreve a corregirlos y remató diciendo: “A estos pelaos, chancleta es lo que les hace falta”.

Las palabras de la señora quedaron guardadas en mi cabeza, y enseguida las asocié con mi preocupación de como en cada generación se va cambiando más y más el respeto, la decencia y el buen hablar por el irrespeto, la vulgaridad y la grosería.

Actualmente en los hogares prácticamente mandan los menores, y en los colegios, ya no se les puede decir nada porque dizque se les está violando el derecho al libre desarrollo de la personalidad. En esta espantosa crisis, no entendemos si hay una mala interpretación de la ley o es que en verdad tendremos que retornar al accionar de la chancleta.

En Proverbio 13-24 se lee: “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; más el que lo ama, desde temprano lo corrige”, mientras tanto, en 2006 se creó la Ley 1098 con el objeto de “garantizar a los niños, a las niñas y a los adolescentes su pleno y armonioso desarrollo para que crezcan en el seno de la familia y de la comunidad, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión”, pero tal vez se sobrepasaron porque obligaron a borrar de los manuales de los colegios el capítulo de las sanciones, entonces los chicos hacen y deshacen sin Proverbio 13-24 ni nada, es decir, sin Dios ni Ley.

Estoy de acuerdo con que la relación entre padres e hijos o entre docentes y estudiantes debe estar desprovista de amenazas, insultos, y por supuesto de golpes.

Las mejores herramientas tienen que ser la ternura, el afecto, el amor y el diálogo, pero ante la cantidad de puertas abiertas que encuentran los niños y jóvenes hoy en día para irse por el despeñadero, es necesario que los mayores no sólo ejerzamos un mayor control, sino también “reglas” un poco más fuertes e inflexibles, por tal motivo, considero también que un castigo o un chancletazo al año, tampoco es que haga mucho daño.



Join the Conversation

Join the Conversation