Ni antes ni después del coronavirus; es ahora.

Por: Ana Paola Martínez


El aislamiento social es la medida más efectiva para hacer frente a la amenaza de salud pública actual, lo cual no deja de representar una incertidumbre, toda vez que el mundo desconoce la vacuna del virus y la solución a esta repentina y descontrolada recesión económica a la que nos enfrentamos y a la que se le suma el dilema constante de la información y la desinformación.

No podemos negar que estas circunstancias han acelerado obligatoriamente la digitalización de trámites (Ya sean burocráticos, salud, servicios públicos, educación, trabajo y otros). La verdad, bien sea dicha, es que nos tocó dar el salto digital –a quemarropa- a nivel de procesos, de infraestructura, distribución y organización del tiempo, lo cual no significa que esos esfuerzos deban superponerse al bienestar emocional y al tiempo en familia.

Y es que son precisamente las marcas y empresas que han concentrado sus esfuerzos en propiciar bienestar y tiempo en familia las que quedarán grabadas en la mente y en el corazón de la gente. Jamás olvidaremos las acciones que se han volcado a fortalecer la empatía y la cocreación de las instituciones con sus clientes y colaboradores. (Maravilloso lo que han hecho marcas como Arturo Calle, Bavaria, Pepsi o Rappi, por mencionar algunas).

Ese comportamiento empático podemos replicarlo cada uno de nosotros desde donde estamos. Si la agenda de los medios de comunicación, las conversaciones familiares, los hábitos cotidianos y los planes a futuro están condicionados por la pandemia, pues entonces el consumo sostenible, la solidaridad con el otro, el uso responsable del Internet y las redes sociales debería ser una regla en nuestras relaciones personales y laborales.

Ahora más que nunca necesitamos higiene psicológica: aprender a informarnos, no a comprar información; consumir noticias de fuentes confiables, no masificar cadenas de WhatsApp que nos llegan y que deberíamos cortar de raíz; distribuir el tiempo entre las tareas diarias y los proyectos personales que tanto habíamos aplazado.

Es necesario que entendamos que puede que nos acostumbremos a seguir en casa, que puede que nos adaptemos a esta situación que se prolongará de manera incierta, pero no necesitamos saber lo que va a pasar para vivir bien el ahora. No esperemos más, el momento indicado es ya.



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