Muertes por COVID-19 y titulares que asustan

Por: José J vergara D


Opinión. El dolor por la muerte de un ser querido no tiene comparación conocida, peor si es el dolor de una madre o un padre por su hijo fallecido, situación para la que prácticamente no hay palabra en castellano para describirla. Los procesos de duelo y nuestra cultura alrededor de la muerte tienen un componente social muy marcado y que por causa de la pandemia por COVID-19 ha sufrido cambios y mutilaciones al punto que no se permiten velaciones, ni sepelios con personal distinto a los familiares más cercanos. En estos momentos a la tragedia de la pérdida se suma la de no poder despedir como antes a padres, esposos, hijos, amigos y demás familia. Mi abrazo de condolencias a todos los que han perdido seres queridos por causa directa o indirecta del coronavirus.

Al final de la pandemia, a los territorios les calificarán su gestión por el número de muertos, no importa si fueron todos al tiempo, esporádicos, con altas o bajas tasas transitorias. Según muchas proyecciones, al día 300 del inicio de casos de cada lugar se hará un corte y una evaluación retrospectiva que dará luces sobre el manejo dado.

En Colombia, la estrategia principal se basó en un diagnóstico a través de pruebas moleculares de PCR (reacción en cadena de la polimerasa), pero la poca cantidad de laboratorios que pudieran procesar las muestras y la gran cantidad de las mismas llevaron al colapso en los tiempos de entrega. Una prueba de estas características es una foto del momento en que se toma la prueba, nos dice si en la muestra hay o no fragmentos de ARN viral: o lo tienes o no lo tienes, no hay más interpretaciones. Una entrega mayor a 48 horas de un resultado de estos no sirve para nada, una persona que sea negativa se puede contagiar en los días posteriores de tal manera que a la llegada de la prueba ya es inútil conocerla, y por otro lado si es positiva, se habrán perdido días clave de tratamiento, recomendaciones y aislamiento si fue practicada de manera ambulatoria. Sin embargo, es preciso indicar que ante un cuadro sospecho y con síntomas moderados, la ausencia pruebas no impide iniciar aislamientos y manejo clínico, eso debe quedar claro, es clave que se comprenda la importancia de consultar ante los síntomas asociados a COVID-19, esto no es una gripa común.

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Dicho esto, y conociendo que la demora promedio para la entrega de los resultados de las pruebas está alrededor de 15 días, nos encontramos con el escenario de las tasas que miden la positividad y las muertes en las poblaciones; en Colombia ninguna tasa de incidencia, recuperados o letalidad informada corresponde con la realidad, ¡ninguna! La información incompleta, acumulada y con retrasos solo ha servido para generar temor en la ciudadanía, para ganar clicks en los medios con titulares amarillistas y para desviar la atención de lo importante: preguntarse ¿por qué está muriendo tanta gente ahora?

Hay múltiples respuestas, una es que la enfermedad tiene un porcentaje de mortalidad entre el 2% y 3% per se, y entre más acumulemos casos eso se traducirá en un número cada vez más grande de fallecidos; otra, es que no hay cura ni vacuna, hasta el momento solo podemos tratar los síntomas y brindar soporte vital a los casos moderados y severos; además, hay una muy alta ocupación de los equipos técnicos y humanos que proveen el soporte especializado, léase unidades de cuidado intensivo y su personal calificado, incluso este personal también está enfermando y falleciendo; dichas unidades y talento humano son un recurso escaso ante la pandemia; y otra respuesta es que no hubo una articulación correcta entre la enseñanza sobre la prevención y las políticas públicas durante confinamiento, contención y mitigación; la prevención depende en gran medida del comportamiento de la sociedad, pueden poner las medidas más extraordinarias, pero si no se cumplen, los resultados no serán buenos.

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Quiero hacer énfasis en un fenómeno que me preocupa mucho y es la negación de la enfermedad por parte de la comunidad. En nuestro medio la gente no cree que sus síntomas, cuando son sugestivos de coronavirus, sean realmente correspondientes con COVID-19. A eso le llamo “error egregio”: menospreciar la posibilidad que algo me ocurra a mí, sólo porque yo soy yo. Aquí mucha gente no cree que por sus síntomas pueda ser un caso sospechoso sino que tiene “la virosis esa” y esto sumado a la autorreceta, a la creencia que consultar una urgencia es lo que los va a infectar, y a tomar como verdaderas las teorías conspirativas como la de que a los médicos nos pagan 30 millones de pesos cada vez que nos da la gana de decir que alguien tiene coronavirus, está retrasando los tiempos de búsqueda de ayuda efectiva. Si bien es cierto que el papel de las EPS en la gestión y ejecución de citas médicas ha sido nefasto, las IPS y sus salas de urgencia han sacado la cara y han estado prestas ahí, a pesar de impagos y malos contratos, desde el día uno, con médicos generales, especialistas, enfermeras y auxiliares en la primera línea, recibiendo en muchas ocasiones pacientes muy graves que pudieron haber sido mejor manejados si hubiesen consultado a tiempo.

Es innegable que nuestro país tiene comunidades que viven en pobreza y pobreza extrema, que hay regiones dispersas que ni caminos tienen, y la ausencia proverbial del Estado hace que esta emergencia sanitaria tenga más impacto en esas comunidades, por ende, la mortalidad también se notará más; los gobiernos nacional, departamental y municipal están en la obligación de mejorarles las condiciones no solo para enfrentar la emergencia sino para que haya justicia social. También es innegable que hay personas con buen nivel de vida, educadas, y con muchas garantías de atención que se niega a aceptar que tienen un cuadro que necesita atención médica y rehúsan la ayuda de familiares y personal sanitario. He conocido un número ridículo y grave de casos así. También existen casos en los que una persona está recibiendo atención y tratamiento hospitalario, que por su condición médica no puede decidir por sí misma y son sus familiares los que, basados en estupideces, piden retiros voluntarios o no autorizan medidas salvadoras, triste panorama.

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Por favor, usted que puede leer esto, no se crea inmune al virus ni a sus complicaciones, si a pesar de sus intentos por conseguir una cita o teleconsulta con su EPS aún no lo logra, recuerde que puede buscar ayuda segura en las urgencias si sus síntomas empeoran, ya sea que esté medicado, automedicado o no esté tomando medicamentos; recuerde que si tiene comorbilidades como hipertensión, diabetes, asma, cáncer, enfermedades autoinmunes u obesidad, las complicaciones pueden ser súbitas y dar poco tiempo de maniobra; si usted tiene medios económicos por encima del promedio, no vacile en conseguir una consulta particular. No olvidemos ser vigilantes de la salud de los demás, especialmente de nuestros adultos mayores, cuyo número de víctimas mortales son las que más se destacan en los reportes, esto no sólo se logra llevándolos a consulta sino evitando que jóvenes y adultos se conviertan en un medio de transporte para que el virus los infecte. Entre todos y con la mayor solidaridad posible saldremos adelante.



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