Morir en tiempos de pandemia

Por: Rodrigo Acevedo Marsiglia.


Resultaría muy difícil pensar en alguien que se pudiera mantener ajeno a la pandemia: a su amenaza, a su acoso omnipresente, a su impresionante silencio. Las miles y miles de muertes que ha causado este misterioso virus COVID-19 en el mundo;  son muertes silenciosas y, por lo mismo, de una tristeza infinita.

No es en sí el hecho de morir, decir que la muerte es nuestro destino inapelable es la más verdadera de las trivialidades; pero en esta ocasión evoco  la imagen que se nos enrostra   y es esa imagen de la soledad de la muerte, se nace y se muere solo, eso todos lo sabemos, pero no estábamos preparados para esta constatación definitiva. Morir conlleva una ilusión, esa ilusión con la que hemos vivido ,  la de morir y tener otra vida después de la muerte , dejar el cuerpo humano y seguir viviendo en el espíritu ,  pues, lo que la pandemia nos ha  mostrado  es una muerte sin ilusión; es una muerte inesperada ,  es una muerte en completa soledad , un descenso de suspiros inconclusos que se cortan lentamente sin avisar, envueltos en esas escafandras de plástico nos vemos desfilar quizá a seguir viviendo en el espíritu  y  partimos a esa segunda vida sin un discurso de despedida ,  sin una palabra final de voluntad ,  Sin un último abrazo y  sin un último beso .

Lo he tolerado bien, es lo que decimos todos;  pero la realidad que le afecta a tantos; el hacinamiento, el hambre, el desvalimiento, hace que una afirmación simple como esa: “lo he tolerado bien”, inevitablemente conlleve un sentimiento de culpa. La distancia entre el horror de un mundo injusto y la indiferencia, además de las náuseas preventivas con las bocas tapadas, por temor a contagiarnos, con un profundo pesar en la conciencia, preferimos dar la espalda para no seguir en la fila de los que se han ido ,   Cerramos las puertas y el infierno está afuera, representado en  una iniquidad monstruosa, que nos acecha  para quitarnos la oportunidad  de seguir viviendo ;  Morir en estos tiempos de pandemia, nos fortalece la sensación de reconocer que somos  una humanidad expuesta a cambios repentinos  y, simultáneamente con  la pavorosa impotencia de aceptarlos , pero es necesario ante todo ,  estar en paz con Dios , dar abrazos sinceros , besar con el alma sin fingir la pasión  , ni los afectos y estar siempre listos para enfrentarnos a la muerte en cualquier tiempo .



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