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Minería ilegal, salud Ciénaga de Ayapel

Por: William Mercado Echenique


Opinión. En septiembre del año pasado, las actividades de minería ilegal que se desarrollaban en yacimientos ubicados en el municipio de Ayapel, departamento de Córdoba, sufrieron un duro golpe por parte de Fuerzas Armadas y la Fiscalía General de la Nación.

Durante el operativo, muchos recordarán que hubo capturas y destrucción de la maquinaria utilizada para la explotación ilícita, que más allá de ser una fuente de ingresos para las familias que habitan en la zona, termina siendo el segundo medio de financiación más importante de organizaciones que operan al margen de la Ley.

Devuelta la visibilidad que había perdido la importancia de la preservación y cuidado del medio ambiente, no se puede olvidar que las nombradas actividades ilegales se dan en la Ciénaga de Ayapel, que es uno de los más extensos humedales del departamento de Córdoba, y que por su importancia fue declarado sitio protegido, amparándose en un tratado internacional que vela por la conservación de humedales, la Convención de Ramsar de 1975. En está ciénaga habitan cientos de especies y el uso indiscriminado de mercurio, entre otras sustancias y elementos, han generado un daño ecológico incalculable, tanto al medio ambiente, como a la comunidad local.

La concentración de mercurio en el agua que es consumida por los pobladores del municipio en la zona, según los hallazgos contenidos en un informe publicado por la Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y San Jorge, es diez veces más de lo avalado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), convirtiéndose en el principal causante de enfermedades, debido a la acumulación de este elemento en el organismo de los habitantes de la región.

Claro que la problemática no es nueva, pero parece que como muchas otras cosas decidimos ignorar, la incidencia de este fenómeno en la salud tanto de humanos, como de la fauna y flora de este sector.

Así como los daños al medio ambiente demoran mucho tiempo para que puedan resarcirse, cuando se trata de personas, nos encontramos ante una realidad devastadora. Grupos importantes de niños con malformaciones congénitas, “trastornos neurológicos y de comportamiento, con síntomas que incluyen temblores, insomnio, pérdida de la atención y la memoria, efectos neuromusculares, dolores de cabeza, deficiencia de crecimiento durante el desarrollo fetal y disfunción motora”, son algunas de las consecuencias de las altas concentraciones de mercurio en el aire, según la OMS.

Son muchas las soluciones que se han planteado para acelerar el proceso de descontaminación de las tierras afectadas, sin embargo se requiere mayor compromiso, por parte de las administraciones local y departamental, así como de la nación, para dejar de ser reactivos y empezar a promover programas serios a los que se les garantice la continuidad, en los que se aborde esta problemática de acuerdo con la complejidad que representa.

Urge salir del casco urbano, para conocer y tratar realidades tan desastrosas como esta que se vive en la Ciénaga de Ayapel, a causa de la proliferación y permanencia de un fenómeno que nos es secreto para nadie, y que se ha acrecentado a la luz de los ojos de todos.

Son muchos quienes se sienten desprotegidos, y han optado por el camino de la subsistencia, que ha puesto en riesgo su salud, muchas veces conociendo las consecuencias, más no habiendo creado consciencia de estas.



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