Oops! It appears that you have disabled your Javascript. In order for you to see this page as it is meant to appear, we ask that you please re-enable your Javascript!

Más que un día sin carro, lo que se requiere es marketing urbano

Por: Marcos Velásquez


El marketing urbano apunta a satisfacer las necesidades de los habitantes de una ciudad, como la de sus visitantes y sus viajeros de paso. Como es sabido, las necesidades son muchas, pero la necesidad invisible y a lo sumo, la más apremiante en cualquier momento de las 24 horas del día, es la movilidad.

La movilidad urbana implica la oferta de servicios de transporte público que, integrado a un sistema que brinde diferentes opciones de transporte, permita que el transeúnte en todo momento tenga resuelto su dilema de: ¿cómo me desplazo de un lugar a otro?

Ello implica que cada ciudad realice estudios de movilidad, los cuales permitirán tomar las decisiones oportunas que lleven a resolver las necesidades de quienes se encuentran en la calle y necesitan desplazarse de un lugar a otro en la cotidianidad de sus días.

Dichos estudios han de arrojar los requerimientos de infraestructura de cada ciudad, dado que según sus particularidades, su clima y sus condiciones ambientales, cada sistema de movilidad se torna en la huella urbana de su ciudad.

Por ende, la gestión del transito urbano ha de estar a la altura de las circunstancias, en el sentido que, más allá del tradicional modo de hacerse notar una gerencia de transito y transporte a través de multas, restricciones y normas que limitan las dinámicas de la movilidad, debe dar alternativas u orientaciones a la fluidez, ya que se demanda una visión del servicio que permita la integración del ciudadano con las políticas que cobijan el flujo de la circulación en la ciudad, a partir del respeto y la comprensión de los flujos planteados por los constantes estudios que monitorean las dinámicas formuladas para que los ciudadanos, visitantes y viajeros de paso, se encuentren sin apremios en sus desplazamientos.

En este orden de ideas, la seguridad vial, la cual debe dar cuenta de la siniestralidad causada por la falta de fluidez en el tráfico urbano, o por la indisciplina e irresponsabilidad de los conductores o transeúntes ante las normas de movilidad urbana que generan víctimas y múltiples casos de discapacidad, gracias a los diversos tipos de colisiones, tiene que encargarse de monitorear y evaluar sistemáticamente el comportamiento de dichas cifras, para alertar a los responsables, quienes se ocuparán del planteamiento de estrategias, la más de las veces, educativas, que logren la reducción de este vector de la medición.

La sincronía de este sistema de trabajo verá sus frutos en las inversiones que hace la política pública en los sistemas urbanos de transporte, cuyos resultados evaluativos de la movilidad urbana se ven reflejados en la productividad de la ciudad y la calidad de vida de sus habitantes.

Es decir que, más que un día sin carro, donde no todos los taxistas abusan de las tarifas estipuladas gracias a la crisis que se genera por la oferta de transporte público frente a la demanda del mismo, y que se pone en evidencia que las rutas de buses y sus respectivos alimentadores se demoran no porque “hay mucho tráfico”, lo que se requiere para Montería, es pensar seriamente qué está pasando con la necesidad de la movilidad urbana, la cual se decanta en una solución que hace que el sistema vial colapse, debido a su cada vez más ceñida malla vial, la cual se pone en evidencia gracias al incremento del transporte particular, centrado en vehículos y una infinidad de motocicletas.

El síntoma de la ciudad se aprecia pero, o no se sabe leer o no se quiere ver. Montería tiene dificultades de infraestructura vial, del manejo abierto del parque automotor particular y de la baja formación ciudadana en movilidad vial.

Esto quiere decir que somos responsables de no hacer entender a nuestros gobernantes la dificultad latente y paradójicamente evidente que crece en la ciudad, al continuar resolviendo nuestros problemas de movilidad de modo privado y no demandando un servicio de movilidad urbana público que resuelva los inconvenientes que existen.

El gremio de taxistas se queja de Uber, pero lo que logra un día sin carro es que el ciudadano se afiance más a este servicio, dado el trato y el mal trato al bolsillo que recibe por parte de algunos taxistas que pretenden recuperar a través de abusos de tarifa, los ingresos que no perciben a causa de su otra competencia: los mototaxistas y los carros particulares que, sin ser Uber, también hacen parte de la baraja de oferta de servicio de una necesidad que se utiliza más, por necesidad, que por su calidad.

A los ojos de mi disertación, un día sin carro en Montería lo que pone a cielo abierto es la realidad de una falta de servicio de movilidad urbana que se incrementa en la medida que el caos se auto regula a partir de soluciones particulares y no públicas. Al igual que una baja considerable en las ventas y otros servicios comerciales que, como está la economía en este momento, no habla bien de ciertos programas de la gestión pública.

Yo espero que estas palabras sean leídas dentro de su contexto, dado que lo único que todos necesitamos en Montería es la productividad de la ciudad y la calidad de vida como habitantes y ciudadanos.

Así las cosas, más que un día sin carro, lo que se requiere es marketing urbano.

Twitter:
@MARCOS_V_M

HTML5 logo


¿Qué opinas de esto?