Los niños: nuestro Talón de Aquiles

Por: Róbinson Nájera Galvis


Opinión. Unos meses atrás, vimos en los noticieros cómo un juez se fue en llanto al escuchar el relato del asesinato de un niño de 22 meses en manos de su padrastro de 19 años, quien abusó sexualmente de él y después lo mató propinándole golpes durante una semana. Las lágrimas del juez cayeron al suelo y se anidaron en el corazón de muchos colombianos que sienten que en este país no todo anda bien.

En La Ilíada cuentan que la divina Tatis, madre de Aquiles, con el fin de hacerlo invulnerable lo bañó recién nacido en la laguna de Estigia, pero como ella lo agarró por el talón el agua no alcanzó a humedecer esta parte. Aquiles se hizo un gran guerrero y se fue a Troya a convertirse en el más distinguido de los héroes griegos, sin embargo, el dios Apolo dirigió la flecha disparada por París hacía el talón, parte vulnerable, muriendo Aquiles al instante.

Todos tenemos un “Talón de Aquiles”. De los muchos que tiene Colombia creo que uno de los más sensibles, por ser la base del edificio, es la forma como un sinnúmero de niños hace su tránsito del nacimiento a la adolescencia debido a la violación de sus derechos, que incluye violencia física y verbal, abuso sexual, explotación infantil, drogadicción y la negación de sus derechos civiles y políticos, sobre todo los que viven en zonas rurales, indígenas y afros.

Observando por encima algunos cuadros, las cifras no son alentadoras. Según Medicina Legal, de enero a septiembre de 2019 se reportaron 1.584 menores desaparecidos y una reciente encuesta muestra que 560.000 niños menores de 5 años sufren de desnutrición crónica en el país y 15.600 padecen desnutrición aguda severa, mientras diariamente unos 28 son objetos de violencia sexual, según datos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.

Aquiles, guerrero valiente y osado, encontró la muerte por no saber cuidar su parte más frágil. Y Colombia seguirá siempre cerca del precipicio si la sociedad no aprende a proteger sus niños. Todos tenemos responsabilidad en esto, pero también necesitamos mandatarios y funcionarios que no anden en la luna, sino conectados a nuestra realidad definiendo políticas eficaces para formar niños “libres de todo mal”. Si así lo hicieren que Dios y la patria los premien, si no que el voto los castigue.



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