Los árboles también lloran

Por: Robinsón Nájera


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Opinión. El joven me esperaba en la puerta del colegio y al verme me lanzó una mirada picaresca y la expresión: “Profe, usted si es mentiroso”. Me sentí aturdido, pero sólo vine a entender la acusación cuando él mismo me explicó que había leído uno de mis cuentos donde los árboles de un pueblo de la Costa caribe lloran y lloran y al final todos deciden morirse de tristeza porque las personas se orinaban en sus troncos, les cortaban las ramas o los maltrataban para alcanzarles los frutos.

Mi cuento no tenía la intención de moralizar ni de adoctrinar sino de mostrar, a través de la ficción, una realidad que puede conducir, si no se toman medidas serias, a que la mano inconsciente del hombre convierta a estos pueblos, ciudades, naciones o al planeta en un verdadero desierto, como es el caso de Colombia, por ejemplo, donde en un año en promedio se cortan unos 43 millones de árboles.

Decir que los árboles lloran no es una mentira. Lo que pasa es que solo quienes han desarrollado su sensibilidad por la naturaleza sienten sus lágrimas cuando la inmisericorde sierra los asesina, de allí que la familia y la escuela tomen la responsabilidad, así sea con cuentecitos aparentemente tontos, de crear una cultura ambiental para que cuando los niños crezcan y si llegaran a ser gobernantes, no trancen su convicción por comisiones, serruchazos o lo que sea para cumplir con el fin de seguir remplazando árboles por moles de cemento.

La utilidad de los árboles es indiscutible: atraen la lluvia, ayudan a conservar la humedad, su sombra evita que la fauna y otro tipo de flora reciban directamente los rayos solares y los grandes bosques son un factor para combatir el cambio climático. Esto los convierte en un bien para la comunidad, sin embargo, constantemente vemos demandas en diferentes ciudades del país por la tala de árboles, algunas veces para construir obras que obedecen más a intereses particulares o a simples caprichos.

La polémica más reciente al respecto se está dando en Sahagún, ciudad cultural de Córdoba, donde, según información del líder Indígena Marco Galeano, a las 2 de la mañana en la avenida al hospital cortaron un hermoso palo de mango para construir el ahora llamado “Parque de los periodistas”, el cual contará con una fuente de agua. Ojalá la Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y del San Jorge C.V.S. investigue como es este asunto y ojalá para cuando terminen la obra haya de sobra el precioso líquido en Sahagún, porque hace unos meses la empresa AQUALIA nos tiene ‘jarreando’ agua y bañándonos en pozos artesanales.



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