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Los 267 rehenes de la Honorable Corte Suprema de Justicia

Por: Toño Sánchez Jr.Que desde la primera línea quede claro. La clase política de este país, en especial la que nos representa en el Congreso de la República, tiene una deuda social impagable con toda Colombia; que es aún mayor en regiones lejanas al poder...


Por: Toño Sánchez Jr.
Por: Toño Sánchez Jr.
Que desde la primera línea quede claro. La clase política de este país, en especial la que nos representa en el Congreso de la República, tiene una deuda social impagable con toda Colombia; que es aún mayor en regiones lejanas al poder central como lo es la Costa Pacífica y la Región Caribe, por no mencionar todo el sur del territorio nacional. Pero, para mí, lo más tenebroso que pasa con esta gente es que no es libre para expresar sus ideas y para hacer verdaderos debates de control político, porque los 101 senadores y los 166 representantes son ‘rehenes’ de la Honorable Corte Suprema de Justicia.

No hay duda que en Colombia existe una palaciega dictadura de la justicia. Quien se atreva a meterse con esa gente lo ‘empapelan’. No es sino que un congresista hable de modificar y reestructurar al poder judicial y le aparecen, como por arte de magia, varias preliminares en la Corte Suprema.

Hubo un prestante senador que tuvo el atrevimiento, para los honorables togados, de proponer un ‘Tribunal para Aforados’ y al día siguiente lo notificaron de varias preliminares que tenía. Y quiero precisar que la Honorable Corte Suprema de Justicia, en un país que se ufana de ser un Estado Social y Democrático de Derecho, te abre procesos por un pasquín o por un anónimo. Y se han dado casos más aberrantes, como la de filtrarle a medios abyectos algunas grabaciones, ilegalmente obtenidas, para que las publiquen. Y el lunes tempranito salen a esos medios a decir que iniciarán de oficio una exhaustiva indagación (algunos agregan una frase que les gusta: “hasta las últimas consecuencias”) por el artículo que ‘investigó’ y publicó el medio que fue favorecido con el soplo.

Yo me pregunto. Este es el actuar digno y honesto de un Alto Magistrado?, de un jurista?, de un académico?, de una persona que está investida con la más grande responsabilidad que puede tener un ser humano: la de impartir justica? Este actuar es justicia?

Por supuesto que la respuesta, la que está enmarcada en lo que se llama ‘el deber ser’, es no, a todos esos interrogantes. Pero sucede que la vergonzosa realidad es que aquí hay un doble discurso para todo. Vivimos en la eterna hoguera de la doble moral, en donde la palabra honestidad y principios fueron cambiadas por la de: sucios intereses. Les endilgamos a todos los políticos los males de este país, pero el actuar de los demás poderes públicos, incluido el que se autodenomina cuarto, tienen comportamientos iguales al de los políticos, y hasta peores. Pero se amparan en sus investiduras para posar de hombres intachables. Esto me hace recordar a esos tipos que en todo coctel, reunión o sitio público fustiga a los políticos y condena la corrupción, pero por la noche está en la casa del congresista o de un cercano del político llevándole una propuesta de negocio o una hoja de vida de un familiar. Hay otros que condenan en público al narcotráfico, pero se mueren y hasta se hacen invitar a la parranda del mafioso, donde este va a inaugurar su nueva hacienda después del último corone.

La politiquería y la corrupción han corroído a todos los poderes públicos de Colombia. Tenemos que aceptar que somos una sociedad enferma y que necesitamos parar esta epidemia. Y corrupción no es solo robarse el billete de un puente, es utilizar tu investidura o poder para avasallar a los demás y lograr tus fines. Hoy en Colombia se le tiene más miedo a la Corte Suprema de Justicia, y a todo el poder judicial, que a la muerte. Claro está, que hace muchos años esto no era así. Los miembros de las altas cortes eran unos verdaderos prohombres, dignos de todo respeto y admiración. Pero desde que en este país todo lo politizó se hace difícil encontrar esos prohombres que tanto nos enorgullecieron.

Aquí cada poder público, otra vez incluido el llamado cuarto, blanden un enorme garrote para imponerse y volverse intocables, pero para sus personales conveniencias. Más no para construir una nación llena de justicia y de respeto.

Cómo es posible, por ejemplo, que en Colombia no se haga un serio debate cobre la Ley de Justicia y Paz porque los congresistas le tienen pavor a la Corte Suprema de Justicia. Y que hoy se le estén violando todo tipo de derechos a los postulados que han cumplido. Cómo es posible que vayan a extraditar a todos los postulados que colaboraron y cumplieron con Justicia y Paz, después de haberles suspendido la extradición. Cómo es posible que a los postulados de justicia y paz los usaran las altas cortes para cazar una guerra contra otro poder público y creer a conveniencia en sus testimonios. Si esas versiones les ayudaban para perseguir a sus contradictores les daban toda veracidad, pero si no les servía, amenazaban a los postulados con sacarlos de Justicia y Paz. Había un magistrado auxiliar que terminaba sus diálogos con postulados con la siguiente frase: “Recuerde siempre que su organismo de cierre es la Corte Suprema de Justicia, piense bien en eso”. Esto en cualquier país justo es una perversa advertencia, un constreñimiento. Pero aquí no pasa nada.

Cómo es posible, que en el templo de la democracia no se pueda discutir libremente, léase bien libremente, un proyecto de equilibrio de poderes y de reforma a la justicia, porque los congresistas le tienen pánico al poder judicial. ¿Esto es democracia? Es insólito, que los congresistas que se atrevan a mencionar en una comisión o plenaria la palabra Salupcoop son enseguida bombardeados en la Fiscalía y en la Corte con pasquines y anónimos. Los cuales son considerados, inicialmente, como una verdad revelada que no admite prueba en contrario. Pero si el congresista ‘afina’, se archiva todo de inmediato.

Siempre han dicho que la democracia se soporta en un honesto y responsable sistema electoral, yo personalmente no lo creo así. Yo estoy convencido que la verdadera democracia está cimentada en un poder judicial comprometido con lo justo, con la verdadera definición de la palabra justicia. No hay nada que resquebraje más la confianza de una sociedad que ver a un poder judicial entregado a prácticas politiqueras, clientelistas y corruptas.

Creo que el día que la justicia haga su trabajo, el de condenar en juicios, que respeten todas las garantías de los procesados, y lleven a la cárcel o destituyan a los timadores de este país, veremos un repentino renacer de una nueva Colombia. Porque hoy más que nunca necesitamos que las nuevas generaciones aprendan, a las buenas o en la cárcel, que la corrupción y la trampa no pagan en este país.

No quiero dejar de decir que al leer esta columna me recorre un escalofrío por todo el cuerpo, pero creo que uno está todavía en un país donde se puede opinar y decir lo que se piensa, en busca de que se construya una mejor Colombia para todos. Espero que la Corte no le vaya a cobrar a los congresistas de Córdoba, que tiene deambulando en el ‘valle de la reserva de chivos expiatorios’, por esta columna escrita por un cordobés. No me une nada con ningún congresista de Córdoba, es más, muchos me tienen bronca. Escribo esto para que no piensen nada raro ni les vayan a cobrar por algo que no tienen nada que ver.

Solo aspiro con este escrito, decir una vez más, que todos nuestros males han sido por culpa de todos esos poderes públicos, y creo yo, que en mayor medida el que le gusta denominarse el cuarto. Y ya es hora que hagamos ese juicio de responsabilidades para poderle pedir perdón a los colombianos, por no haber estado a la altura de nuestras responsabilidades, hacer un acto de constricción y empezar de nuevo a construir una mejor Colombia.

Para que Conste. Con todo respeto le pido celeridad al Tribunal Superior de Córdoba, para que resuelva la tutela que tiene frenado el proceso del asesinato del ingeniero Jairo Zapa. No den motivos para que empiecen a pensar lo que no es. Además que este es un caso emblemático que debe servir de ejemplo de lo que es una justicia rápida y justa. www.antoniosanchezjr.org // @tonsanjr