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Libros que sirven para ‘acomodarse’ y mostrar el cinismo de esa gente

Por: Toño Sánchez Jr. Quería escribir sobre el desafortunado incidente acontecido el fin de semana pasado con una niña discapacitada en una discoteca de Montería, que nos debe servir para cambiar nuestra excluyente actitud hacia esas personas, pero lo sucedido con un libro que sacó...


Por: Toño Sánchez Jr.
Por: Toño Sánchez Jr.

Quería escribir sobre el desafortunado incidente acontecido el fin de semana pasado con una niña discapacitada en una discoteca de Montería, que nos debe servir para cambiar nuestra excluyente actitud hacia esas personas, pero lo sucedido con un libro que sacó el hijo de Pablo Escobar Gaviria, quien fuera jefe del extinto cartel de Medellín, me obliga a aplazar ese triste y vergonzoso hecho sucedido hace 8 días.

Me asombra la selectividad de los periodistas del interior para abordar las temáticas de los controvertidos libros que salen al mercado. Permítanme unos dicientes ejemplos. En octubre de 2011 el periodista que por 36 años trabajó para ‘Los Angeles Times’, William C. Rempel, escribió el libro ‘En la boca del lobo’. Allí narró la historia secreta de Jorge Salcedo, exjefe de seguridad del Cartel de Cali; quien también fue el testigo estrella de la DEA para derrotar a esta organización criminal. Es un libro lleno de impactantes revelaciones, que en cualquier país decente se hubiese abierto una investigación o al menos exigir el reproche social. Pero como los implicados eran expresidentes, exministros, exfiscales generales, congresistas y demás ‘vacas sagradas’ del poder capitalino, todo se calló. Pero aquí sí debo decir que la emisora La W le hizo una extensa entrevista a Jorge Salcedo, pero no profundizó ni habló más de las contundentes revelaciones.

Otro libro. Este si salió hace unos pocos meses y el autor es Diego Fernando Murillo Bejarano, tal vez con ese nombre nadie lo conoce y ni infunde miedo, pero cuando decimos que es alias ‘Don Berna’, la cosa cambia. El libro se llama ‘Así matamos a Pablo Escobar’. Aquí el autor quiere reivindicar a su hermano, alias ‘Semilla’ y dice que fue este quien mató a Pablo Escobar. Y este pedazo fue el único que les interesó a los periodistas capitalinos para hacer la reseña. Pero inexplicablemente no hacen mención alguna a las negociaciones de Pablo Escobar con el gobierno de turno en donde negociaron la entrega de secuestrados para frenar la extradición (página 55). O lo que dice en la página 84 cuando escribe de cómo Miguel Rodríguez Orejuela traza la estrategia de medios y afirma que llamará a “nuestros amigos periodistas para que le den bastante despliegue…”. Les aseguro que esos periodistas no eran los directores de los ‘cadapuedarios’ de Córdoba. Pero los reseñadores del libro ‘olvidaron’ este aparte. Aquí recuerdo una anécdota de Carlos Castaño Gil, que narraré en un próximo libro mío, en donde me contó el por qué jamás le dio entrevistas a un reconocido periodista capitalino. “Es que yo me decepcioné de…, desde cuando salí un día de la oficina de Miguel Rodríguez, que estaba en la Avenida 19 con tercera o cuarta en Bogotá, y este tipo estaba allí sentado, haciéndole antesala a los Rodríguez”.

Y siguiendo con el libro de Don Bernardo’ o ‘ Don Berna’, no me explico cómo se les pasó lo que está escrito en la página 100 y 101, que me parece lo más grave de todo. Permítanme transcribirlo para que no quede en manos mías: “El gobierno [el de César Gaviria Trujillo] también estaba muy preocupado y nervioso. El Fiscal General (Gustavo de Greiff) fue más allá y tildó a los integrantes del Bloque de Búsqueda de cobardes e ineptos, un señalamiento muy injusto teniendo en cuenta todos los ingentes esfuerzos que se habían hecho. Fidel Castaño sugirió al mayor Danilo González, representante del presidente César Gaviria en esa reunión y enlace del Cartel de Cali, que se creara una organización que aglutinara no solo a todos los que habían sido afectados por Escobar, sino también a los que no estaban de acuerdo con sus métodos terroristas y a los que querían una Colombia en paz y armonía”.

Y en la página 101 dice: “ El mayor Danilo González nos comentó que hacía poco se había reunido con el Presidente de la República [César Gaviria] y con el ministro de Defensa [Rafael Pardo], quienes lo habían autorizado para utilizar los métodos que fueran necesarios para acabar con Escobar; ellos se encargarían de desviar y de ocultar cualquier investigación”.

Esto es lo que se llama en términos sinuanos una cipote revelación. Pero jamás los medios del interior han hecho referencia a ella. Pero les juro, que si un cordobés o costeño hubiese sido el sindicado ya estaría lapidado o extraditado. Y otra cosa, los hechos posteriores a esa mencionada reunión demostraron que sí se hizo esa alianza. Y hoy no pueden salir a decir que es mentira, ‘Don Berna’ es uno de los más ‘consentidos’ de la justicia de los Estados Unidos, y estoy seguro que no es por decir mentiras.

Ahora sale el libro del hijo de Pablo Escobar y medios del interior salen es solo a reseñar que Pablo quería matar a no sé quién. Qué vaina de rara, Escobar siempre mató al que quiso matar, nadie se le escapó ni candidatos a la presidencia, ni magistrados ni jueces ni coroneles. Pero bueno, hay excepciones y milagros. Lo extraño de todo es que al hijo de Escobar jamás le preguntaron los periodistas por dos hechos por los cuales fue investigado. Y que testigos de excepción han narrado con mucha precisión. Uno, el asesinato de un trabajador de Escobar en una finca por Puerto Triunfo. El otro, el más documentado, el asesinado del capitán Fernando Posada Hoyos. Otra licencia les pido. Voy a tratar de ser breve en lo que pasó. Corría el año de 1989 y Pablo estaba en su finca en el Magdalena Medio, hacía dos horas había mandado a llamar a los vecinos para que vieran un asesinato y escarmentaran. De una rama de un árbol, que se extendía hacia el cauce del río Oro, estaba un hombre colgado y amarrado con alambre de púas de pies y manos. El patrón llegó y le gritó a alias ‘El Tití’: “¡Prendan a ese hijueputa!”. La orden no se repitió. Le rociaron gasolina y lo prendieron frente a todos los testigos, entre los que estaba un sacerdote jesuita, que había ido a la zona para visitar a sus parientes. A los minutos de la cruel tortura, la víctima estaba aún con vida, por lo que ‘El Tití’ le dijo a su jefe: “Vea patrón, ese hijueputa todavía se mueve”. Escobar cogió su pistola, la montó y se la pasó a un joven que estaba con él: “Mate usted a ese hijueputa”. Así me lo aseguró ese sacerdote que fue testigo de excepción del hecho. El joven era el hijo de Pablo Escobar. Y aseguran que ese no fue su único encargo. (Esto está mejor relatado en el libro ‘Crónicas que da miedo contar’, páginas 144 a 147).

El otro hecho fue más pavoroso. Y está en el expediente de alias ‘El Tití’. El 17 de diciembre de 1992 cae en un enfrentamiento con la policía, Carlos Eduardo Posada Valencia, hermano de ‘El Tití’, pero dos días después cobraría venganza. A las 3 de la madrugada del 19 de diciembre de 1992 Pablo Escobar llegó en varios carros al sector llamado El Nogal, en Medellín. De unos de los carros se bajó un joven con una pistola en la mano. A los pocos minutos dinamitaron una casa, allí vivía el capitán Posada. Después de la explosión entraron a lo que quedaba de la residencia. Y en el segundo piso estaba tirado en el suelo, moribundo, el aguerrido oficial de la policía. ‘El Tití’, que estaba al lado del patrón, pensó que le iban a dar la orden de matar al capitán, como retribución por lo de su hermano, pero se sorprendió cuando Escobar se giró hacia su hijo y le dijo: “Remate a ese hijueputa”. Y la orden se cumplió cabalmente. (Páginas 218 a 221 del libro en mención).

Todo esto lo narro para que vean la hipocresía y selectividad del periodismo bogotano cuando aborda determinados temas. ¿Por qué no le preguntaron por el asesinato del capitán Posada al hijo de Pablo Escobar? Además, es un hecho de conocimiento público. ¿Será que este libro fue un ‘mandao’? ¿Será que su publicidad hace parte del mismo ‘mandao’? No son sindicaciones, son meros interrogantes.

Y la familia de este héroe, del capitán Fernando Posada Hoyos, se merece que se haga esa pregunta. Ahora esta es la moda, para absolver a los del poder central, vale todo, venga de quien venga. Pero cuando es para condenar a un cordobés o costeño, tiene que ser verdad lo que se afirme, así no exista una sola prueba. Cínicos e hipócritas. @tonsanjr  www.antoniosanchezjr.org