Leer y aprender a leer

Por: Rodrigo Acevedo Marsiglia


Opinión. Aprender a leer podría considerarse un aprendizaje puntual y acabado; que no existe como tal, nunca terminamos de aprender a leer; porque no se trata de incorporarnos un mágico traductor del texto escrito, sino de convertirnos en lectores.

Para lo cual se deben seguir lineamientos dentro de un proceso de aprendizaje complejo, que requiere la adquisición de hábitos y disciplina, un ejercicio permanente de interacciones entre saberes previos y saberes nuevos, orientados a la comprensión en la actividad lectora; así la cosa, el hecho de leer, difiere de la realidad que implica “aprender a leer”.

Leer consiste en interpretar y descifrar mediante la vista, el valor de signos escritos y por lo general suele hacerse de manera rápida, por requerimiento a una tarea asignada y en la mayoría de los casos se hace para resolver situaciones de la cotidianidad, leemos, pero leemos mal, aunque en realidad lo que hacemos es decodificar e interpretar, cualquier clase de texto en nuestro entorno. Mientras que aprender a leer, propone la práctica permanente de la lectura teniendo en cuenta dos cualidades: su complejidad (no es acto, es proceso) y su continuidad (no es limitado, es continuo).

Lea también  “Dar la vuelta al modelo de desarrollo”: papa Francisco I

El mundo actual y la tecnología, han facilitado en cierta manera el acceso a la información, hoy las consultas relacionadas con cualquier tipo de conocimiento, marcan un referente en la formación académica de la humanidad, si bien para algunos; este hecho es considerado como un avance; de alguna forma también, puede considerarse como un factor deficiente que limita la capacidad de interpretar y saborear el contenido de una lectura. El lector, accede a la información de manera casi que efímera, para obtener lo necesario, dejando de lado, el aprendizaje profundo, la reflexión y la conclusión, sobre cualquier tema.

Esta realidad agrega números a la suma de fracasos escolares, universitarios y egresados de niveles académicos profesionales, que se muestran imposibilitados para abordar un texto escrito. La lectura como herramienta del aprendizaje, exige la consolidación de los hábitos lectores, y para que esto se logre, es necesario desarrollar antes el placer por la lectura, lo reglamentario sería cultivarlo desde la infancia, desde la educación inicial, desde la escolaridad, solo así; evitaríamos los fracasos académicos, la mediocridad y la inmediatez por cumplir con las tareas asignadas. Aun pasadas las etapas iniciales de la vida, consideremos que la lectura vive con nosotros y hace parte de nuestros días, sin leer no podríamos entender el mundo. Entonces aprendamos a leer. Hagamos de la lectura un proceso continuo de aprendizaje continuo y no un acto limitado.

Lea también  El mapalé, su origen y su festival 2020


¿Qué opinas de esto?