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Lectura actual: ESTIMADA


Opinión / Por Marcos Velásquez.
FOCUS

Mg. en Comunicación. Psicoanalista. Docente/Investigador. Escritor.

Cuando uno entra a la sala de espera y ve la cantidad de personas que se encuentran en la misma situación que uno, uno no sabe si coger rabia o consolarse porque todos los que estamos ahí estamos pasando por el mismo malestar.

Pero cuando uno cree que se va a calmar porque por fin la niña que le va a entregar el ficho con el número que le corresponde para ser atendido le dice: “¡No Señor! Usted viene hacer una reclamación: ¿trajo la foto?”.

Uno no puede hacer más que descomponerse y respirar profundo. ¿Cuál foto? Se pregunta uno. ¿De qué foto me está hablando usted señorita? Y ella, por muy gentil que sea y con cara de obviedad le plantea a uno que se trata de la foto del medidor de lectura para poder hacer la reclamación del cambio de factura porque sin la foto no se puede hacer nada. Ante eso, uno dice, pero ya sosteniendo la respiración: ¡Aquí fue! Y la gentil mujer le explica a uno, con cara de “haz lo que quieras, pero es así”: – Para qué le entrego el ficho y lo hago esperar ahí, si cuando lo vayan a atender le van a pedir la foto.

Entonces ella asintiendo con su cabeza del modo más calmado posible y con rostro de “tú eres uno más y ni para qué te digo que todos reaccionan igual”, cuando uno está diciéndose a sí mismo en voz alta: entonces tengo que volver a mi casa, buscar el medidor, tomarle la foto y volver acá. ¡Sí Señor!, responde ella haciéndolo, sin saberlo ella, sentir a uno como un imbécil.

Sale uno de esa sala de espera indignado, para no decir otra cosa, cuando otro ciudadano que viene detrás, un poco tranquilo y riéndose, buscando congraciarse con el presente vecino, porque en sus palabras está claro que el malestar de uno alivia el suyo, dado que se da cuenta que a él no es al único a quien le pasa ese tipo de cosas y dice: -¡Vecino! -habla gentilmente el hombre- “Ya a mí me pasó. No es la primera vez que me hacen esa de “estimar” la lectura del medidor de la energía de mi casa. Le recomiendo que compre el periódico de hoy y le ponga la fecha al lado o abajo del número de la lectura a la que le va a tomar la foto, porque si no le dicen cuando lo estén atendiendo que cómo saben ellos si esa es la lectura real del día de hoy. Hágalo, que yo vine hacer el mismo reclamo y también se me olvidó tomar la bendita foto”.

El hombre, hermanado consigo mismo porque no es el único en su desgracia, continúa su camino sosegado viendo cómo la primera vez de cada quien siempre es traumática, por eso en su cara se dibuja un regocijo ante la impotencia del presente y deja leer en ella, sin apremios, un: ¡Eso me pasó a mí! No soy el único. Ya no estoy solo.

Uno no tiene en cuenta los recibos de la energía, salvo cuando el comportamiento de las cifras del “supuesto consumo” que uno hace al mes se dispara. Por eso, cuando vi que mi factura se había doblado, corrí a asesorarme porque me pareció inaudito que si somos los mismos en nuestro hogar y el comportamiento del manejo de la energía es rutinario, lo que se puede leer como, estable, no hay ningún objeto que permita que se doble el valor de la factura. Madrazos para el operador de la red de energía es lo primero que aflora.

Sin embargo, la racionalidad hace que uno después de calmarse, revise con detenimiento la factura, para mirar qué es lo que está pasando. Pero antes de revisar, uno se pregunta: ¿Será que me están robando estos hijueputas? Y uno encuentra en el recibo que donde va la lectura actual, que tiene que ver con el comportamiento del promedio de consumo diario en kWh, el cual está en la parte opuesta de la factura y uno casi no lo revisa porque son las gráficas que aparecen ahí, y como uno solo mete el ojo en el total a pagar mes, seguido de la mirada ligera de fecha pago oportuno, y la respectiva cara de desánimo de: ¡otra vez!, encuentra uno que en vez de una cifra, lo que hay es una palabra en mayúsculas: lectura actual ESTIMADA. Pues ahí está el impase. La lectura estimada es, la más de las veces la responsable de que el cambio en el valor a pagar se dispare en la factura, me explicó la doctora Algarín, experta en estas lides.

Lo inaudito es que uno no se percata de la lectura completa de su factura y tanto el operador de la red, como el contratista encargado de las lecturas de los medidores de energía, o se hacen los de la vista gorda al saber que no existe en nuestro medio una cultura de la revisión minuciosa de las facturas, o simplemente argumentan que no tuvieron acceso al medidor por múltiples razones. Esta inflexión hace que a la hora de hacer el reclamo el operador de la red plantee que no es responsabilidad de él sino del contratista encargado de la lectura.

A su vez, este, aduce que no tuvo acceso a la lectura del contador y como tiene que cumplir con su contrato, la saca por la tangente, estima la lectura, lo cual es un atropello dado que se desconoce el comportamiento de consumo de energía cotidiano de cada vivienda. Si el disparo de energía en el cobro de la factura en una ciudad se presenta, donde no hay mayores argumentos para estimar una lectura, so pretexto de las dificultades del acceso al contador, se ha de tener presente el abuso que hay en las zonas rurales (en las fincas propiamente), donde siempre se pagan las facturas y casi nunca se ve a alguien haciendo la lectura de los medidores de energía.

En nuestro medio se requiere con urgencia sembrar una cultura del respeto y la confianza, empezando por los mismos ciudadanos que trabajan en empresas que le prestan servicios a sus vecinos pero que, al ellos tener un estilo de pensar de “hacerse el listo” y burlarse de los otros porque desconocen las lógicas del juego, creen que hacen mucho cobrando sus honorarios o sus facturas, cuando el deterioro moral es para toda la sociedad.

Este nunca se verá reflejado en cifras, pero sí lo sentimos a diario en la forma en que se ha ido lentificando nuestra economía. Por eso, al volver a la sala de espera y encontrarme con que mi turno número 141 había expirado y la misma niña que me había atendido a las 2:10 PM de la tarde me entregara serenamente a las 3:29 PM otro, el 731, y me preguntara antes de dármelo si llevaba la foto de la lectura del medidor, no tuve otra opción que resignarme y prudentemente chatearle a mi jefe para decirle que la diligencia que iba a hacer de treinta minutos, me iba a tomar toda la tarde, que me entendiera por favor, que no era un asunto del avispado que miente para no ir al trabajo, sino un asunto de dinero porque si no hacia el reclamo, me iban a seguir cobrando unos kWh que nunca he consumido. Como el jefe es jefe y aunque diga que es amigo de uno nunca deja de ser jefe, él en su bondad, al ver que eso también le podía pasar a él y al igual que yo, también sería él quien tendría que ir a hacer el reclamo, me dijo: “Tranquilo, yo te entiendo”.

Con un peso menos encima, llegué a las 4:46 PM al modulo doce, donde una señorita no tan gentil como la primera y retornando de una pequeña licencia de reposo, la cual no dudo que sea por estrés laboral, dado que solo atiende casos de inconformidades de parte de los clientes hacia la empresa en la que trabaja, me pregunta cuál era mi reclamo y me dice: ¿Trajo la foto? Mientras ella está concentrada en su monitor haciendo las correcciones pertinentes a mi reclamo, con cara de enfado y cansancio, estimo que por la hora del día y de estar gestionando la misma solicitud de los consumidores de energía, le pregunto que qué piensa ella de una empresa en la que hay tantos inconformes con el servicio. Ella plantea que es igual que la salud en Colombia: “Todos se quejan y seguimos votando por los mismos”.

Y cuando indago por ella en sí misma frente a un trabajo como el que desempeña y la carga emocional negativa que recibe a diario, apunta que a ella nunca le ha tocado hacerle un reclamo a su empresa, que ella está bien porque allí trabaja hace cinco años, que da gracias porque cuenta con su trabajo y que es el contratista el que hace las cosas mal, o a quien se le dificulta el acceso y que no está autorizada para hablar de las razones por las cuales se presentan ese tipo de cosas.

Es decir, mientras no exista una identificación con la tragedia del otro, a mí solo me importa cobrar mi sueldo. La lectura actual en nuestro medio es la falta de reconocimiento del prójimo. Sálvese quien pueda que al parecer ya estamos estrechándonos y quien no se espabile será estimado como uno más que sobra, dado que otro podrá pagar la factura por uno. Sin embargo, perder toda una tarde en una reclamación de este tipo, hizo que mi factura disminuyera un 75%, lo cual justifica el tiempo invertido, en relación a permitir que me siguiera llegando la factura estimada.

Twitter: @MARCOS_V_M



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