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Las oportunidades de La Mojana

Por: Mario Ruiz Soto


Opinión. Algo tiene La Mojana que fue uno de los centros de inspiración de Gabriel García Márquez. En el municipio de Sucre (Sucre), donde Gabo se hospedó, se cocinaron historias del realismo mágico. En su libro, ‘Crónica de una muerte anunciada’, sus letras enfatizaban algo muy característico de la región: “la fatalidad nos hace invisibles”.

En medio de estas letras, se encuentra La Mojana. Ha sido una región llena de fatalidades en donde deben superar permanentes obstáculos de inundaciones. Desde la antigüedad, los Zenúes crearon sistemas para controlar las inundaciones en la región de la denominada Depresión Momposina.

Uno de los mayores efectos lo hizo el fenómeno de La Niña entre 2010 y 2011. Para ser sinceros, La Mojana ha sido famosa por sus constantes tragedias. Al menos hasta ahora. Pero los reflectores han cambiado. Desde hace un par de años, los ojos del mundo están en esta región. Con recursos del Fondo de Adaptación del Protocolo de Kioto (1997) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático se ha implementado un proyecto en tres municipios: Ayapel, San Marcos y San Benito Abad.

He tenido un eco hasta el momento que ha recuperado más de 80 especies nativas y se han restaurado 600 hectáreas de humedales, a través de un modelo participativo con la sociedad civil. Es más, permítanme decirles esto: gracias al proyecto se creó el primer Centro Servicios Climáticos a nivel local en Colombia. ¿Qué significa eso? Es la oportunidad de contar con alertas e incluso pronósticos para que los habitantes de estos municipios no queden con el agua en el cuello. Al menos puedan saberlo antes de una tragedia. Lo que más destacó de este Centro es que los liderazgos comunitarios son vitales para su funcionamiento. Esto para mi es digno de atención porque salva vidas y ahorra millones en pérdidas materiales.

De hecho, hay ejemplos de este sistema de alertas tempranas en el mundo. Se destacan en la Cuenca del río Awash (Etiopía); la cuenca del río Mushim (Corea) y el Sistema Global de Predicción de Caudales y de Alertas Tempranas. Y ahora lo construye La Mojana. Qué orgullo. Todos estos referentes están documentados en un estudio realizado por un sincelejano, Aníbal Pérez, a quien respeto mucho.

La historia se pone más interesante aún. Los ojos del mundo siguen en La Mojana. Recientemente fue aprobado un proyecto para ocho años que asciende a $117 millones de dólares: 38,4 del Fondo Verde del Clima; 61,8 del Fondo de Adaptación y 16,9 millones de otras entidades tanto nacionales como locales. Esta es quizás una de las pocas oportunidades que tiene Colombia para recibir recursos del dicho fondo, que proviene también de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

El objetivo es reducir los riesgos y la vulnerabilidad por el cambio climático en La Mojana para una región que comprende 11 municipios en 4 departamentos: Sucre (San Marcos, San Benito Abad, Sucre, Caimito, Guaranda, Majagual); Córdoba (Ayapel); Bolívar (Achí, Magangué, San Jacinto del Cauca) y Antioquia (Nechí).

Pero ¿qué quiere decir reducir riesgos por el cambio climático? Primero, que los habitantes de las zonas rurales de siete municipios tengan acceso al agua potable por medio de tanques de recolección de aguas. En segundo lugar, fortalecer acueductos para casi 50 mil personas. En tercer lugar, proteger 40 mil hectáreas de humedales. 40 mil ¿se imaginan? En cuarto lugar, en este proceso hay una clara intención de fortalecer el rol de las organizaciones comunitarias. De hecho, se espera que más de 8.500 mujeres sean protagonistas de este cambio.

La apuesta es clara: hacer frente a las constantes inundaciones de La Mojana. Pero el debate no es sólo esto. De gestionarse las inundaciones y el cambio climático, se abren varias ventanas de oportunidad. Se reducirían los niveles de pobreza de la población, se mejoraría el acceso de educación y salud, se podría fortalecer la vocación productiva de esta despensa agrícola en: arroz -otorga una cuota muy importante para el país-, maíz, yuca, ñame y patilla. También se impulsaría y beneficiaría la ganadería.

Si esto se cumple -y esperemos que así sea-, valdría la pena todos los esfuerzos para mejorar a esta región. Es el momento de cambiar la fatalidad en fortuna, y la invisibilidad en las mejores noticias para esta región del Caribe y del país. Con estas noticias el Estado debe venir con todas sus baterías a apoyar. Si a La Mojana le va bien, al país le va bien.



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