Las emociones de la Sindemia

Por: José J Vergara Díaz


Recientemente la encuesta Pulso Social del DANE, la cual busca información sobre la confianza de los consumidores; el bienestar subjetivo; sobre las redes de apoyo de los hogares y el conocimiento y acceso a las políticas nacionales y locales de apoyo a los hogares, arrojó unos resultados parciales sobre algunas emociones que pudieran relacionarse con el desempeño individual de la salud mental.

El mismo DANE hace la salvedad que NO son diagnósticos de enfermedad alguna sino apreciaciones de bienestar subjetivo de los encuestados. Dicha encuesta tuvo la participación de 20.452 colombianos en 23 ciudades y se hizo en dos fases, durante los meses de julio y agosto (justamente durante el primer pico de casos y muertes por Covid-19) buscando diversa información en cada fase.

Llamó la atención que en Montería, Santa Marta y Pasto los jefes de hogar encuestados reportaron sentimientos de preocupación y nerviosismo, muy por encima del promedio con las 20 ciudades restantes, que se estableció en 38.6%.

Se evidenció una relación directamente proporcional entre el reporte de preocupación y nerviosismo y el porcentaje de desempleados, desocupados o sin ingresos, asimismo se nota en el reporte que esas personas gestionan su propia situación emocional al hablar con su familia y amigos, enfocarse en actividades que les dieran algo que hacer y realizar actividades físicas de ejercicio, y sólo el 1.2% reportó búsqueda de ayuda profesional.

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Las condiciones indagadas fueron: preocupación o nerviosismo, cansancio, irritabilidad, soledad, tristeza, dolor de cabeza o estomacal, dificultad para dormir, sentir latidos del corazón sin haber realizado esfuerzo físico e imposibilidad de sentimientos positivos. Hay que resaltar que la aparición de estos sentimientos no es exclusiva de trastornos mentales y pueden presentarse por otras patologías e incluso en ausencia total de enfermedad.

El 39.3% no sintió ningún síntoma o emoción considerada en los últimos 7 días antes de la encuesta. Los resultados evidenciaron que a mayor nivel educativo, mayor reporte de cansancio o irritabilidad, y que en hogares unipersonales hubo más reportes del sentimiento de soledad, algo a todas luces obvio y que afecta la percepción del resultado por el total de las cifras.

Aquí es donde empiezo a cuestionar el papel de las EPS e IPS, encargadas del aseguramiento individual de salud, ¿dónde está la demanda inducida?, ¿dónde está el seguimiento y complemento de los planes de protección específicos? Los entes territoriales protegen la salud pública comunitaria, o social si se quiere, también están en mora de disponer de intervenciones más específicas; y el Estado está en la obligación de ser claro y preciso en la manera cómo se pueden aplicar hoy por hoy las políticas públicas de salud, toda vez que la falta de conciliación entre la Ley Estatutaria del 2015, la Ley 1955 del 2019 y la resolución 205 de este año provocan una confusión nunca antes vista para la operatividad del sistema de salud, incluso se evidencia una desconexión total con el Proyecto de Ley 010 que pretende reformar el sistema de Salud, que al ser una ley ordinaria no puede cambiar las definiciones establecidas ni el fondo de una Ley Estatutaria.

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Volviendo a Pulso Social, es claro que estos resultados no son el indicador principal, ni tratan de ser guías científicas para intervenciones, sin embargo, el 53.8% de los encuestados reportaron que su estado de salud es bueno, y el 10.8% considera que es muy bueno a pesar de haber reportado algún sentimiento de connotación negativa. Ahora bien, no se trata de patologizar sentimientos, ya que son la respuesta natural a diversas situaciones de la vida, y en circunstancias particulares como las de una pandemia, su aparición obedece a múltiples factores, sin embargo, en la gestión individual de enfermedad por todas las causas, el 40% reportó haber dejado de asistir a citas médicas especializadas u otros controles, el 9.9% interrumpió terapias médicas y 12.8% tratamientos médicos, el 6.3% incumplió cirugías programadas, el 11.1% dejó de hacerse estudios y análisis clínicos, el 22% incumplió citas odontológicas, el 3.4% incumplió esquemas de vacunación y el 13% dejó de reclamar medicamentos. Esto sin duda es un componente que incidirá en la aparición de condiciones estresantes que pueden tener influencia en la salud mental y que son de responsabilidad compartida entre asegurados y aseguradores.

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La revista médica internacional The Lancet publicó en las últimas semanas un estudio sobre la incertidumbre asociada a la pandemia y el incremento del riesgo de problemas mentales, esto puso en evidencia círculo vicioso entre vulnerabilidad socioeconómica y el deterioro de la salud mental y todo lo que la salud mental puede volver vulnerable a las personas. Aquí es donde es relevante el concepto de SINDEMIA: problemas de salud sinérgicos que afectan la salud de una población en sus contextos sociales y económicos.

La Oficina de Desarrollo Humano del PNUD y la encuesta IPSOS para el Foro Económico Mundial reportó que alrededor de 88% de colombianos quieren que su vida cambie a algo diferente a lo que era antes de la pandemia, algo que tendría que ver más con inequidad, bajos índices de desarrollo humano y PIB por debajo del promedio en países de la OCDE, que con los problemas de salud que pudiera originar el coronavirus.



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