Las corralejas ¿Folclor o negocio?

Por Róbinson Nájera Galvis


El presidente Gustavo Petro, es un reconocido opositor de las fiestas en corralejas, sin embargo, parece que le están aplicando aquello de que “Quien no quiere caldo le dan dos tazas”, porque a solo un mes de posesionado se ha desatado una ola de corralejas por varios pueblos de la Costa.

La idea de acabar las corralejas no es nueva, esto viene desde 1980 cuando un 20 de enero en Sincelejo, la alegría desbordante en la Plaza Hermógenes Cumplido se convirtió en tragedia al caerse gran parte de los palcos en plena faena y los hospitales de la región fueron insuficientes para recibir centenares de muertos y heridos.

La polémica se revivió hace poco con el desplome de otros palcos en Espinal- Tolima en junio del presente año, pero un negocio tan brillante como este, liderado por políticos y ganaderos poderosos, no se puede acabar porque se mueran unas cuantas personas del pueblo que “nadie los obligó a ir” como afirman algunos insensibles.

Muchos pensábamos que el Dr. Petro iba a arrasar de una con las corralejas, pero el asunto no es tan fácil, la Ley 1272 de 2009 las convirtió en Patrimonio Cultural y es una tradición que forma parte de nuestra identidad, aunque lo cierto es que las fiestas de hoy, son muy diferentes a las de antaño que iniciaban el día del santo patrono de cada pueblo.

Lo folclórico estaba en la forma como se llenaban los caminos de colorido con la gente del campo, quienes escogían el mejor marrano para los pasteles “de la fiesta” y se vestían de nuevo para venir a ver “El día de toro” de don Fulano que lo ofrecía en honor al santo de su devoción, y por la noche, se quedaban donde algún pariente a disfrutar del “morrocotudo fandango”.

Los palcos los construían personas del mismo pueblo que ofrecían las entradas a bajo costo o dejaban espacios para que los que no podían pagar también apreciaran el espectáculo que brindaban los toreros aficionados, quienes lo hacían por demostrar sus habilidades y valentía o defender el prestigio de la hacienda a la que pertenecían.

La cantidad de dinero que ronda las corralejas de hoy, considero que las hace perder ese tinte folclórico y de identidad. El ganadero, por ejemplo, por prestar por 4 horas 30 toros se gana unos $40.000.000. Los palqueros son empresarios que cobran exageradas sumas por la entrada, y el pueblo después de fiesta, queda triste y saqueado ¿Será esto folclor o negocio?



Join the Conversation

Join the Conversation