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La Verdad: El camino hacia el perdón

Opinión/ Por Juan Manuel Galán A Colombia le ha costado mucha sangre construir Estado. Su institucionalidad se ha levantado a través de los años, sacrificando generaciones enteras y en medio de la violencia más cruda que podamos recordar. Hoy, esa institucionalidad es lo suficientemente sólida...


Opinión/ Por Juan Manuel Galán

A Colombia le ha costado mucha sangre construir Estado. Su institucionalidad se ha levantado a través de los años, sacrificando generaciones enteras y en medio de la violencia más cruda que podamos recordar.

Hoy, esa institucionalidad es lo suficientemente sólida para soportar el estado excepcionalísimo de un proceso de paz que nos va a permitir ponerle fin a un conflicto que lleva más de seis décadas y que ha dejado, muchos muertos en el camino. Entre ellos a mi padre. Digo esto como víctima, pero no en representación de mi familia, ni mucho menos de las más de siete millones de víctimas que ha dejado el conflicto armado en este país.

Yo, estaría dispuesto a renunciar a cualquier acción judicial contra los asesinos de mi padre, a cambio de conocer la verdad de lo que sucedió, las razones sobre por qué lo asesinaron y los detalles de la participación de  narcotraficantes del cartel de Medellín y Cali; de los paramilitares del Magdalena Medio; de políticos colombianos cómplices y coautores, incluso de los organismos de seguridad del Estado, DAS, Policía y Ejército quienes tuvieron participación en su muerte.

Estamos entrando en uno de los debates más importantes de este proceso de paz: la definición de justicia. Por eso, necesitamos preguntarnos cuál es el grado de justicia que estamos dispuestos a sacrificar para acometer la paz y luego, debemos ponernos de acuerdo como pueblo colombiano en esa definición. Llegarán algunos que solo entiendan la justicia como pena tras una prisión, otros buscarán castigos en forma de penas alternativas a la cárcel y otros más, apelarán a encontrar sanciones que incluyan aportes a la verdad, la reparación y a la garantía de no repetición.

Yo creo que las experiencias de procesos de paz en otros países, muestran nociones de justicia amplias como la justicia restaurativa. Esta, aunque es dolorosa para las víctimas porque las obliga a revivir la experiencia de dolor y de trauma que sufrieron en medio del conflicto, es liberadora porque permite alcanzar la reconciliación, que debe ser el propósito final de este proceso.

Busquemos la manera de resolver los problemas históricos de este país, más allá de esconderlos tras la puerta. Que un victimario esté tras una cárcel realmente no sana las heridas de una víctima, lo que en realidad las cura, es conocer y alcanzar la verdad, que tanto hemos esperado.



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