La tragedia se repite

Por: Jairo Torres Oviedo


Opinión. ¡La tragedia se repite! Esa es una expresión utilizada en el lenguaje cotidiano; con la cual hacemos referencia a hechos o situaciones repetitivas. Lo anterior se puede evidenciar con hechos como las inundaciones que año tras año son recurrentes.

Este problema natural es abordado con la lógica asistencial que mitiga de manera paliativa y cíclica; es decir, cuando ocurre. Pero las causas de esta tragedia natural, tiene respuestas diversas, entre las que podemos mencionar: la deforestación incontrolada y sistemática de las cuencas de los ríos que afecta los suelos, dejándolos sin protección alguna. Lo cual genera por escurrimiento de agua lluvia, el transporte de sedimentos a las fuentes hídricas; con ello, los ríos y ciénagas pierden su capacidad de almacenamiento de agua; debido a las cantidades de sedimentos vertidos.

De igual manera, la minería aurífera a mediana y gran escala como actividad que remueve grandes cantidades de tierra que, luego terminan como sedimento en los ríos por causa de las inundaciones, este, es transportado a otras áreas; tal como sucede con los ríos: Magdalena, Atrato, Cauca, caños y ciénagas de la Mojana. En ese mismo orden, el mal uso del suelo para la agricultura; ya que, a través del arado se remueve la tierra y, a causa de las escorrentías, las precipitaciones van a terminar su recorrido en las áreas mencionadas.

Esta situación, se evidencia en el Río Sinú y ciénagas cordobesas. Estos fenómenos naturales tienen en común, la remoción de la capa vegetal que desprotege los suelos, ocasionando una erosión permanente que mueve grandes cantidades de sedimentos con dirección a las cuencas hídricas y áreas cenagosas; lo anterior, colma las fuentes hídricas impidiendo su capacidad de almacenamiento y flujo; por ello, en épocas de invierno la tragedia es inevitable.

Otras razones que permiten comprender el impacto de las inundaciones tienen que ver con la ocupación del territorio. En Córdoba, no se planificó el poblamiento del territorio, lo que ocasionó, que, la población se asentara en zonas de alto riesgo como son: riberas de los ríos, ciénagas y montañas; lugares que los humanos invaden y, en épocas de invierno, la naturaleza reclama para ocupar su espacio de origen. Cuando esto acontece, los efectos de las poblaciones afectadas son incalculables en términos de pérdidas económicas, representadas en cosechas, proyectos productivos, bienes materiales; es decir, una tragedia humana y social.

Las acciones gubernamentales son las estrategias de siempre: el llamado a la solidaridad, apoyo con mercados, frazadas, colchonetas, albergues y, si es época de elecciones, los candidatos ofrecen lo humano y lo divino. Frente a esta realidad, se requiere de políticas públicas en materia ambiental y social, no se plantean salidas; simplemente, se mitiga la tragedia y se responsabiliza el río, causante de la desdicha; algo parecido a una maldición. Esta es la forma, como históricamente hemos evadido el problema. Desconociendo que es necesario que el hombre se integre con la naturaleza y puedan convivir sin violentarla ni dañarla.



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