La tarea central en este momento: volver al campo

Por: Juan Sebastián Quintero Mendoza


Opinión. En un momento tan delicado como el que vive la humanidad, Colombia está reconociendo, más que nunca, el papel primordial que juega el campesino, en nuestra sociedad; desde luego, cumplen una labor digna de gratitud y de los más justos reconocimientos.

Es un momento histórico que tiene que servir, no solo para hacerle un reconocimiento, agradecerle por el esfuerzo diario –por lo general en condiciones difíciles– para lograr cosechar sus productos, sino para mirar a conciencia la situación de este sector clave de economía nacional.

El campesinado es un eslabón vital en la sociedad. Ahora, desde el encierro al que nos tiene sometidos esta feroz pandemia del covid-19, tal vez hayamos valorado mejor el trabajo de estos aguerridos seres que producen los alimentos que nos llegan a la mesa cada día.

De hecho, si algo ha dejado claro el confinamiento, es el aporte crucial del agro en la respuesta social y económica a la crisis. Precisamente, el de agricultura y ganadería registró un positivo crecimiento de 6,8 por ciento en el PIB del país en el primer semestre de este año.

Es hora de mirar con detenimiento las condiciones actuales del sector agropecuario en todos sus aspectos. Desde las políticas gubernamentales, no apenas en aspectos de productividad, sino en lo social, en salud, en educación, en comunicaciones, oportunidades, en programas de protección a la mujer y a la infancia, etc. Es decir, lo que debe ser la presencia general de Estado, a la cual tiene derecho la sociedad.

Es innegable que hay más conciencia sobre el campo. Se ha venido avanzando en mejorar algunos aspectos. Es importante la titulación de las propiedades. La Agencia Nacional de Tierras, ha informado que en lo que va de este gobierno se han regularizado y entregado más de 17.000 títulos de propiedad. Este es un paso esencial. Lo mismo el programa ‘Coseche, venda a la fija’, que busca que los labriegos tengan, de antemano, un comprador formal para vender a precios más justos sus productos. En esto hay que proseguir para combatir la intermediación, que ha sido un clamor de los labriegos.

Pero hay aún muchas falencias que llevan a que el campo no sea atractivo para la juventud, que prefiere emigrar a las ciudades, donde tiene mejores oportunidades educativas, por ejemplo, aunque muchas veces termina engrosando las filas del llamado rebusque. Y eso es grave. Según el DANE, de los 48 millones largos de colombianos, 11 millones viven en el sector rural. Y se habla de que un gran porcentaje tiene más de 50 años.

El hecho es que se necesita un agro fortalecido, rentable, atractivo, con campesinos orgullosos, con mejores vías de acceso para sacar sus productos; programas más cercanos de asistencia técnica sobre el terreno; en muchas zonas, mayor seguridad, pues las economías ilegales son un verdadero azote y motivo de desplazamiento.

El camino es cuesta arriba, pero el campo colombiano, por lo que se ve desde el confinamiento, va a ser el aire fresco y la esperanza para este país y para nuestro departamento bendecido por tierras fértiles.



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