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La supremacía del Padre

Por Marcos Velásquez.


WHISKY

No hay nada que marque más en la realidad psíquica de un sujeto, que su relación con el Padre. No se necesita que el Padre esté vivo, o que esté muerto, o que haya sido un Padre ausente, o un Padre demasiado estricto y riguroso, o un Padre inmoderado en sus afectos, o un Padre mujeriego y borrachín, o un Padre fiel y un poco pendejo porque se dejaba mandar por mamá a toda hora, o un Padre que solo pasaba trabajando o por el contrario, era un vago que no hacía nada, o un Padre desmesurado en su honestidad y en su vida laboral, o un Padre pícaro, ladrón, que solo pensaba en cómo tumbar al otro.

Un Padre que tuvo hijos por la calle, o un Padre que se dedico a dar ejemplo y fue un hombre de su casa. En fin. Todos tenemos un Padre, y este marca nuestra realidad psíquica.

Incluso, la mujer que estima que con una fertilización resuelve el problema del espermatozoide, porque no quiere saber nada de los hombres y no desea repetir la historia de su madre, quien recibía golpes e insultos a cada instante por parte de su padre, o porque es una mujer que goza del amor de otra mujer (Karmy) y no quiere saber nada de hombres, pero con su pareja quieren tener un hijo, tampoco se salva del significante paterno, dado que en el imaginario de su historia ya habita el padre y de modo inconsciente ese Padre que se niega siempre está presente en sus palabras.

El Padre es para cada sujeto la edificación de una construcción psíquica que marca su existencia a pesar de todo, y según como lo tome o lo resuelva, dicha significación permitirá que la vida sea más llevadera.

Negar al padre es negarse a sí mismo, por tanto, la única solución a las paradojas que deja el Padre en la realidad psíquica de cada quien es superarlo, y eso se hace, a lo sumo, enfrentando sus fantasmas, es decir, hablando de él.

Como todos tenemos un Padre y de modo inconsciente este siempre está presente, espiritualmente estamos llamados a buscar nuestro equilibrio, a hacer las paces con él, lo que es igual a aceptar la lección que la vida nos entrega con su representación para, una vez comprendida y asumida, poder hacer las paces con nosotros mismos a través del perdón que emana de dicha reconciliación.

Por exceso o por defecto, por presencia o por ausencia, siempre estaremos a merced de la supremacía del Padre, así, lo más oportuno antes de morir, es dar las gracias de la lección que vino a entregarnos, para poner en acción nuestra inédita representación.

Twitter:
@MARCOS_V_M



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