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La solidaridad

Opinión/ Por Marta Sáenz Correa Siento una gran alegría al escribir esta columna en razón a que me permite expresar la solidaridad de los cordobeses con los muchachos de la selección infantil de béisbol de nuestro departamento, que con su propio esfuerzo se ganaron el...


Opinión/ Por Marta Sáenz Correa

Siento una gran alegría al escribir esta columna en razón a que me permite expresar la solidaridad de los cordobeses con los muchachos de la selección infantil de béisbol de nuestro departamento, que con su propio esfuerzo se ganaron el derecho a representar a Colombia en Nicaragua.

Hoy es especialmente difícil conseguir apoyo financiero para el Deporte, y por experiencia puedo decirles que las limitaciones legales y económicas superan las buenas intenciones de los gobernantes de turno, por lo cual aprovecho para agradecer al periodista Antonio Sánchez Jr, también columnista de este diario, quien con su entusiasmo y compromiso con el deporte invitó al empresario Mauricio Vergara Franco a liderar la jornada de Solidaridad que hoy logró cristalizar los recursos para que el sueño de estos muchachos se hiciera realidad.

Y que mejor ocasión para escribir sobre el valor de la Solidaridad; una virtud contraria al individualismo y al egoísmo, que se refleja en el servicio y en la búsqueda del bien común, requiere discernimiento y empatía, y es un sentimiento que supone ver las cosas y a los otros con los ojos del corazón, para sentir empatía por el dolor de los demás.

El Papa Francisco en una reunión de jóvenes en la Habana se refirió al tema como:

“La fuerza que ayuda a superar cualquier obstáculo. Efectivamente si no hay Solidaridad no hay futuro para ningún país. Por encima de cualquier otra consideración o interés tiene que estar la preocupación concreta y real por el ser humano, que puede ser mi amigo, mi compañero o también alguien que piensa distinto, que tiene sus ideas, pero que es tan ser humano, como yo mismo. No tengan miedo a la solidaridad, al servicio, al dar la mano al otro para que nadie se quede fuera del camino”.

La solidaridad transciende todas las fronteras políticas, religiosas, territoriales y culturales e implica afecto, la fidelidad del amigo, la comprensión del maltratado, el apoyo al perseguido, y la apuesta por causas impopulares o perdida; todo eso puede no constituir propiamente un deber de justicia, pero si es un deber de solidaridad.

Un pequeño gesto cada día puede de cambiar nuestro entorno. Si queremos crear un mundo mejor podemos empezar por dar ejemplo y enseñarle a nuestros niños el valor de la solidaridad. La clave esta en propender porque aprendan a preocuparse por los otros, ayudar a un amigo con problemas y aprender a compartir los juguetes, son acciones que ayudan a nuestros hijos a sentir empatía por los demás, dejando de lado comportamientos negativos como la intolerancia, el egoísmo, y el desinterés por el bienestar del otro.

 

 

 

 

 



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