La pandemia de la “insuficiencia”

Por: Boris Zapata Romero


Opinión. ¡La emergencia sanitaria acabó!, ojo, la decretada. La real, la del virus enfermando aún sigue. Al irse cerrando el Estado de Emergencia decretado, se hace necesario reflexionar en el cómo las autoridades locales aprovecharon los decretos de emergencia para reaccionar, tanto frente al COVID-19, cómo a las debilidades estructurales que en lo social y lo económico develó a lo largo y ancho del país.

En cuanto al tema de salud, el uso de los decretos fue el mejor atendido. Vimos a la mayoría de los mandatarios con la bata puesta, comprando camas hospitalarias, dotando centros de salud, y en sus voces, disonantes entre cifras, instituciones y egos, anunciando día a día cifras epidemiológicas.

Es así como, a algunos gobernantes, por la eficacia de las estrategias aplicadas de control y contención al mecanismo de propagación del virulento bicho, les son reconocidos sus esfuerzos por propios y extraños.

Sin embargo, sobre lo otro, sobre lo de mediano y largo plazo, muy poco para resaltar a pesar de que tuvieron todas las posibilidades, ya que el pasado 17 de marzo a través del Decreto 417, el Presidente Duque declaró la emergencia económica y social en el país.

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Lo que se avizora en el panorama no es nada alentador. Laurence Boone, economista Jefe de la OCDE, anunció que la pérdida de ingresos superará todas las recesiones anteriores de los últimos cien años”, lo que es consistente con los augurios de todos los organismos multilaterales y voces autorizadas, y que establecen que era necesario desde el momento mismo de la pandemia, plantear acciones para también mitigar y controlar el daño en la economía, y evitar lo que dice el dicho popular: “después que está el ojo afuera, no hay Santa Lucía que valga”.

Hay una economista de la Universidad de Columbia, Claude Forthomme, que escribió un documento cuyo título en español es “Por qué la democracia produce líderes incompetentes y cómo solucionarlo”, que encaja perfectamente ante la “falta de ingenio” de nuestros gobernantes, de “insuficiencia” diría un viejo conocido profesor de administración pública, para poner a punto acciones de mediano y largo plazo.

Tuvieron a su disposición todo un entramado jurídico para poder reaccionar, y aún así no lograron sembrar oportunidades. En lo particular, antes de escribir este artículo, converse con ocho mandatarios de elección popular para sondear qué habían planteado en cuanto a la generación y fortalecimiento de ingresos de sus poblaciones, o planes de seguridad alimentaria, o planes de fomento de la formalidad y la inclusión laboral, o planes de apoyo directo al microempresario, y sin excepción, todos prefirieron tomar los recursos de los saldos de regalías, que era lo que tenían a la mano, para respaldar proyectos de cemento que ya venían tramitando; y respecto a planes futuros, solo uno mencionó que estaba tramitando un proyecto en el nivel nacional, ya para el próximo año.

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Forthomme plantea al final de su escrito sobre la incompetencia de los líderes, que mientras se transforma el sistema, ya que es algo más complejo, debe irse transformando a los políticos, estableciendo mecanismos que permitan que lleguen a los cargos personas con probadas capacidades y que hayan desarrollado lo que denomina “sense of the State” (sentido de Estado).

Sentido de Estado, buen término para señalar lo que la mayoría de los nuestros no tienen. No fueron, ni cerca, capaces de estar a la altura de lo que está ocurriendo, muy a pesar que el gobierno nacional en cabeza del presidente Duque, se la jugó a fondo por facilitárselas, sin entrar al debate de la certeza de las decisiones, tanto que ahora que pase todo este tema de la emergencia el gobierno nacional tiene alertas por responder como las del informe de la Universidad Javeriana, “La transparencia en el uso de los recursos para atender la emergencia”,en el que en sus conclusiones se anota:

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“Hay una gran diferencia entre los recursos que el gobierno dice en declaraciones públicas haber destinado a la crisis y los que pueden verificarse, ya sea en traslados a las entidades a cargo de la respuesta a la emergencia o en contratos firmados con este fin”.

Tal vez las diferencias de las que habla el Observatorio Fiscal en su informe están en eso: los mandatarios locales, se la jugaron en corto.



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